¿Para qué sirve?


200px-Leo_Lesquereux_1864Estos días estoy disfrutando de la biografía de Charles Léo Lesquereux (1806-1889), briólogo y paleobotánico suizo del siglo XIX, refugiado científico en EE.UU. durante la mayor parte de su vida y uno de mis héroes personales, especialmente tras conocer la historia de la flora maldita que os relaté en su momento. Hay varios motivos por los que este señor me tiene desde hace un tiempo bastante enganchado, algunos profesionales (por compartir gremio briológico y por haber tenido el privilegio de examinar especímenes de su colección), otros por pura curiosidad histórica (su vida es toda una fuente de inspiración y reflejo de un momento irrepetible y fascinante de la historia de la biología) y alguno que otro meramente anecdótico (en general me cae bastante simpático el buen hombre). Siempre que he tenido oportunidad me he agenciado separatas suyas, incluyendo esas microbiografías que se publican tras la muerte de un científico por las distintas sociedades de turno (bonito detalle). Más recientemente, por simple curiosidad (pero también con la débil esperanza de atar algún que otro cabo suelto que quedó pendiente en uno de los artículos que resultaron de mi tesis) también husmeo en las cartas personales que se conservan en archivos como el del jardín botánico de Nueva York y el herbario de la universidad de Harvard, con lo que quizá pueda hacer algo chulo en algún momento. Vamos que soy un poco como un groupie, pero siglo y pico después. Un mal groupie en todo caso, pues si bien pensaba que sería estupendo que alguien escribiese una biografía de tan ínclito briólogo, tardé bastante en enterarme de que, en realidad, esa biografía llevaba publicada ya unos cuantos años. El libro en cuestión (titulado “Letters from America”), incluye una biografía breve propiamente dicha, una introducción histórica y, finalmente, la transcripción del francés original de una serie de cartas que Léo escribió desde Ohio para lectores suizos contándoles cómo era la sociedad y la naturaleza americana y que constituyen el grueso del libro. Mi firme promesa de no adquirir libros en papel durante mi vida precaria en América tuvo que hacer una concesión inmediata.

Como ocurre a menudo con grandes personajes históricos, lo que hace enormemente atractiva la vida de Lesquereux no es sólo que consiguió convertirse en una eminencia del estudio de los briófitos (musgos y plantas afines) y fósiles vegetales norteamericanos, sino que lo consiguió sobreponiéndose a dificultades de toda índole: nunca le sobró el dinero y pasó frecuentes apuros económicos en sus inicios, se quedó totalmente sordo a los 26 años (aprendió a leer los labios en tres idiomas distintos), acabó su vida casi ciego y recordará siempre el cruce del Atlántico en un barco con su mujer y sus hijos (junto a otros doscientos y pico emigrantes apiñados) como la peor de sus vivencias.

Las cartas de Lesquereux describiendo a sus lectores suizos los paisajes americanos e intentando diseccionar el ethos estadounidense me hacen mucha gracia: es curioso cómo a los europeos siempre nos ha gustado poner a parir a nuestros vecinos del otro lado del Atlántico Norte en cuanto nos quedamos a solas, pero hace poco, leyendo la primera de estas cartas, hubo un párrafo que me llamó mucho la atención. Lesquereux explica que la mayoría de los estadounidenses tienen un sentido muy pragmático de entender la vida y pone como ejemplo algo que le ocurrió en un viaje en barco a través del lago Erie. Por culpa del mal tiempo, el capitán tuvo que refugiarse junto a una isla y atracar, una isla, al parecer, cubierta por un bosque primario, intacto. Al bueno de Léo le hicieron los ojos chiribitas y ni corto ni perezoso, se bajó a la isla y se tiró recolectando musgos hasta las tres de la tarde. Él mismo nos cuenta las reacciones del resto de los pasajeros cuando volvió.

[a mi regreso] todo el barco estaba intrigado. Un pasajero que se va por la mañana, pasa el día en el bosque, se olvida del almuerzo, y regresa con una especie de caja de una forma raísima a la espalda… ¿Quién narices puede ser este individuo? El más inteligente me tomó por por un experto agrimensor, pero en opinión de la mayoría, no era más que un pobre lunático. Sin embago, la curiosidad y sorpresa de la multitud aún no había llegado a su apogeo. Cuando abrí la caja y tomé mis paquetes de papel y empecé, con toda seriedad y sin reírme, a limpiar ramitas de musgos y líquenes y, con todo el cuidado, colocarlos como si fueran muestras de encaje, todos los pasajeros, hombres, mujeres y niños, se apiñaron a mi alrededor con tal aire de grotesca estupefación que no me atreví a levantar la mirada con miedo a no poder contener la carcajada delante de tanta gente refinada, lo que habría sido una falta de educación, cuando menos. Nadie me dirigió la palabra. Durante los tres días anteriores fui conocido entre el pasaje como un extranjero sordo, que sólo hablaba y entendía usando un lápiz, pero las observaciones siguieron su curso, y pronto el más atrevido me escribió una nota que esperaba y cuyo contenido conocía de antemano: “¿Para qué sirve?” Mis explicaciones científicas: “museos, colecciones, estudio de la naturaleza“, se recibieron con deferencia sin ser comprendidas lo más mínimo, pues tras un nuevo parlamento entre las partes interesadas, una nueva anotación, “¿Para qué sirve?” apareció en mi papel. Y entre esto y aquello, después de todas las aclaraciones mediante las que traté de defender mi ciencia contra su incredulidad, me cansé y empecé a hablar de farmacología, de plantas usadas como medicinas, y entonces todo el mundo pareció entenderme, se dieron la vuelta y se marcharon. […] En este caso, fui tomado por un comerciante de hierbas, recolector de té suizo. ¡Bien! Esa es una profesión respetable; pero botánico, geólogo, naturalista: alguien que trabaja en algo y no obtiene beneficio económico por ello, es alguien que no existe.

Esta anécdota me ha traído recuerdos, como seguramente le habrá pasado a mucha otra gente que tenga que hacer trabajo de campo (y sobre todo si no se dedican al pelo o la pluma). Cuando algún curioso pregunta para qué estamos haciendo un muestreo o recolección, muchas veces se cuentan mentiras piadosas, o explicaciones que no tienen por qué ser falsas, pero que hacen más fácil de entender nuestra presencia. En algunas ocasiones yo he contado cosas sobre el uso de los briófitos como bioindicadores de contaminación, o la posibilidad de hacer estudios sobre acumulación de metales pesados o el avance del cambio climático. Todas esas aplicaciones son reales y posibles, pero no eran el motivo que me llevaban a hacerlo y la verdad es que ni siquiera me interesaría hacerlo.

A raíz de esto iba a hablar sobre la justificación de la investigación básica en general y la exploración de la biodiversidad (florística/faunística y taxonomía) en particular, pero voy a simplificar un poco, porque seguro que casi todos los lectores más o menos están al tanto de las cuestiones generales: justificar la investigación aplicada es algo casi evidente por sí mismo: curas de enfermedades, desarrollo de un nuevo proceso industrial, de un nuevo dispositivo o programa, o lo que sea. Justificar la investigación básica no es tan evidente para una parte de la población, pero es mucha la gente que se ha dedicado ya a explicar por qué es necesaria. El argumento más recurrente es que sin ciencia básica nunca hay investigación aplicada: como a priori no es posible saber qué línea va a ser fructífera en el futuro, lo mejor es avanzar por todos los frentes que sea posible. Sin embargo, este argumento para justificar la investigación básica, aunque totalmente cierto, también es un poco tramposo, porque se elude la cuestión fundamental sobre este tipo de investigación y se la trata como un simple medio para llegar, una vez más, al fin supremo de la investigación aplicada.

La verdadera justificación de la investigación básica es mucho más simple: investigamos porque nos gusta. Investigamos porque queremos saber el qué y el cómo de lo que nos rodea. El astrofísico que descubre un nuevo exoplaneta no lo hace para poder colonizarlo luego, de la misma forma que el zoólogo que describe un escarabajo desconocido para la ciencia no lo hace para buscar en él propiedades curativas. Como mucho eso serían afortunadas consecuencias laterales de su estudio, y a buen seguro ellos no serían protagonistas. En ambos casos, cada uno en una escala distinta, son exploradores que realizan su trabajo con el propósito de cartografiar la terra incognita, de iluminar lo que antes estaba a oscuras. Así dicho puede resultar algo muy ostentoso, pero debería parecernos lo más natural del mundo, algo totalmente arraigado en nosotros mismos. En palabras de Pablo Domínguez en Patriotas que no entienden la ciencia, “Al igual que el hombre tiene necesidad de arte, de cultura y de conocer su pasado; tiene la vocación de entender el mundo que le rodea. La diferencia entre esto último (ámbito no exclusivo de la ciencia) y los otros puntos no es tan grande como muchos creen“. (Hay que recordar aquí también la cita de Feynmann sobre la física y el sexo) Sin embargo, no todo el mundo parece compartir o entender esta necesidad, y por ello justificar la investigación básica (lógicamente mucho más dependiente de la financiación pública) sigue siendo una tarea compleja.

Siempre me ha fastidiado la pregunta del “para qué”. Como para mí siempre fue evidente que nos mueve la curiosidad por conocer el porqué de las cosas, me quedaba fuera de juego cuando incluso gente cercana, empezando por algunos amigos y pasando por mis padres, no entendían por qué alguien querría dedicarse estudiar “el musgo”. Las respuestas trampa, (que como he descubierto son recurrentes desde hace algún que otro siglo) son un truco fácil de aprender y efectivo para satisfacer a los “no iniciados”, sobre todo cuando la explicación más sincera no parece encajar en determinadas escalas de valores. Sin embargo, cuantas más vueltas le doy más pienso que la justificación de la investigación básica en general, y muy particularmente la de la exploración de la biodiversidad, quizá no se esté enfocando de forma adecuada. Muchos profesionales que disfrutan de este trabajo han dado por imposible hacer a la gente partícipe de su pasión, de su ciencia, como decía Lesquereux, y se han encerrado en ella sin creer que deban justificarla, simplemente porque ellos saben que es importante y la disfrutan. En el caso de la taxonomía y de la sistemática sospecho que esto se ha hecho particularmente mal. El objetivo debería ser hacer a la gente partícipe de la satisfacción y el interés de conocer y de aprender el cómo y el porqué de los organismos por sí mismos, y esto debería ser entendido como un fin, y no sólo (que también) un medio para acceder a la biología de la conservación, la ecología y la biología aplicada. Preguntarse para qué sirve  descubrir especies nuevas debería ser tan absurdo como preguntar para qué sirve la música o para qué sirve saber cuál es la montaña más alta del mundo. Tan cierto como que parece haber cierta discriminación (¡incluso por parte de otros científicos!) hacia las disciplinas científicas más descriptivas (como si la exploración fuese un demérito como concepto), lo es que nadie sino sus protagonistas van a realizar la necesaria labor de explicar correctamente en qué consiste, de justificar su imperiosa necesidad y de inspirar a las siguientes generaciones que garanticen su futuro.

Ando rumiando varias ideas en relación con este tema, así que de momento lo dejaremos aquí, pero antes de cerrar quiero preguntar al respetable. Siempre he pensado que en el tuiterío y blogocosa divulgadora científica española (por otra parte tan trepidante) hay una clamorosa ausencia de blogueros que se dediquen a taxonomía/sistemática y que escriban sobre ello, en contraste, por ejemplo, con una muy activa comunidad angloparlante (especialmente entomólogos). ¿Estoy en lo cierto? ¿Hay alguien ahí? Si es así, levantad la pezuña en público o en privado, que me interesa saberlo.

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22 thoughts on “¿Para qué sirve?

  1. Pueblerino 13 diciembre 2013 / 10:08

    Este es el pan nuestro de cada día en las humanidades. Si mucha gente no entiende que alguien se dedique a clasificar tipos de musgo, imagínate cuando les hablas de investigación histórica. Ahí pasan directamente del “¿para qué?” al “eso no sirve de nada”. A mí me han llegado a preguntar que de qué hablamos en los congresos, si la historia ya ha pasado y no hay nada nuevo. También se me han quejado porque la apertura del Corte Inglés de Toledo no pudiera hacerse encima de un yacimiento visigodo. En fin, ¿para qué, si eso no es útil? Pues por lo que tú dices: porque es mejor saber que no saber, porque somos curiosos y porque nos gusta. No se puede reducir la ciencia al utilitarismo.

    De todas formas, creo que estas críticas o incomprensiones son útiles, porque nos obligan a reflexionar sobre lo que hacemos, sobre nuestro papel en la sociedad (la sociedad que, en muchos casos, es la que nos financia) y hacer que la gente sienta como suyo el avance en la investigación, sea de la rama que sea. A veces nos encerramos demasiado en las universidades, hablamos solo con nuestros colegas y olvidamos la sociedad a la que nos debemos. Por seguir con el ejemplo que conozco, muchos historiadores se quejan de que los libros de historia más vendidos sean los que escriben periodistas o propagandistas cuyo nombre no me atrevo a pronunciar en esta santa casa. Pero ¿nos hemos preocupado nosotros de llegar a la gente? ¿No será que no salimos de la espiral de congresos, jornadas y artículos necesarios para hacer currículum y olvidamos la divulgación? Sin ese último paso, la ciencia pierde gran parte de su razón de ser y queda reducida a un círculo de iniciados.

  2. Pancho 13 diciembre 2013 / 10:17

    Qué interesante personaje y muy interesante artículo también, Cope.
    Me llama mucho la atención lo de “refugiado científico”. Tuvo problemas en Suiza por culpa de la briología?

    Y me encanta tu reflexión: No debería ser tan complicado entender que alguien quiera entender el mundo que lo rodea, así sea de a un musgo por vez. Se me ocurren dos respuestas posibles y para nada satisfactorias a las preguntas de por qué un investigador hace lo que hace:
    1- Porque puedo
    2- Es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo.

  3. AK 13 diciembre 2013 / 11:00

    Esa situación me ha pasado hasta con amigos que son biólogos también… “taxonomía… pffff… como te vas a especializar en eso”.
    Y creo que la respuesta tendría que ser un simple “porque me da la gana” (que para algo me pago yo mis estudios).

  4. Ofelia 13 diciembre 2013 / 12:24

    El problema de decir claramente que estas cosas las hacemos por gusto (pasión generalmente) es que la conclusión inmediata de muchos interlocutores es que no es justo que el dinero público nos financie los caprichos. ¿Quién lo ha oido alguna vez eso de “y encima querrás que te paguen”? La aventura del conocimiento es claramente el motor del desarrollo del hombre, pero no todos los individuos participan de ella. En general suele caer bien hasta que tocamos la cuestión económica. Creo que el trabajo es hacer entender que es bueno para todos que nos dejen seguir jugando.

  5. Pancho 13 diciembre 2013 / 13:21

    Ofelia, eso tiene una buena respuesta y que además es verdad: A los políticos también les pagan, y hasta tienen asistentes!

  6. Anónimo 13 diciembre 2013 / 17:00

    Curioso, hace poco he leido otro blog con una entrada similar, de hecho tiene la misma cita de Feynmann:
    http://www.historiasdelaciencia.com/?p=1638
    Se la recomiendo, señor Copépodo.

  7. Marcelo 13 diciembre 2013 / 20:41

    Cuando una persona adulta pregunta “¿para qué?” solo esta demostrando su ignorancia y su escasa cultura, pero si la pregunta la hace un niño de cuatro años hay que darle una respuesta adecuada.
    Conocer el mundo en que vivimos siempre es útil. Para mi diferenciar entre ciencia básica y ciencia aplicada no tiene sentido.

  8. AM 13 diciembre 2013 / 23:51

    Bueno, ya me enteré que Lesquereux acabo investigando sobre el origen el carbón, ahí está la parte aplicada! Estoy bastante de acuerdo en que diferenciar entre ciencia básica y ciencia aplicada no tiene mucho sentido, pero nadie negara que hay dos tipos de personas (o personalidades): las que preguntan ¿cómo es? o ¿cómo funciona? y las que preguntan ¿para qué sirve?

    La primera es una pregunta tipo 1, básica, responde a la curiosidad natural, a aquella que satisface nuestra necesidad de conocimiento. La segunda es una pregunta tipo 2, práctica, más acorde a las necesidades del momento. Tal vez gracias a ellas hemos sobrevivido como especie, de hecho es la pregunta más frecuente….

    Tal vez en el mundo anglosajón, que andan mas sobrados de bienes y dineros se pueden dedicar más a preguntas tipo 1; pero en estos lares, y no hace falta remontarse al lazarillo y coetáneos, por desgracia tendemos a conformarnos con preguntas tipo 2.

  9. aphanius 14 diciembre 2013 / 0:48

    Respecto a lo que expones en el último párrafo, seguramente te sorprenderá saber que hacer una búsqueda en Google con los términos “blog musgos” ofrece casi un millón de entradas. El resultado es drásticamente distinto si utilizamos los términos “blog briófitos”, que ofrece “solo” unas 14.000 entradas. Moraleja: la culpa es de los botánicos, que las visten como orquídeas….

    Obviamente sólo unas pocas entradas versarán sobre taxonomía o sistemática, aunque hay una luz al final de túnel: la macrofotografía. Cada día aparecen nuevos modelos de cámaras digitales más baratas y con mejores objetivos macro que acercan al gran público a lo diminuto, y al igual que ha pasado con otros taxones (los insectos, sin ir más lejos) puedes encontrar a un taxista jubilado o a un estudiante de secundaria identificando sin titubeos a una Pararge aegeria o a una Formica subrufa. Sólo es cuestión de tiempo que se fijen en el musgo que crece en el patio de su casa (el famoso backyard, oh yeah…) para que en unos cuantos se despierte la fascinación por sus esporangios, filidios y demás, y sin preguntarse “para qué”.

  10. tomaquina 14 diciembre 2013 / 17:10

    En mis muestreos por el bosque nublado empecé contando lo que hacía, pero después de varios intentos infructuosos en los que mi interlocutor quedaba con la sensación de que le estaba engañando, opté por decir que buscaba oro. Todo el mundo lo entendía a la primera y daba igual que llevara una podadora de 3 metros de largo siempre a cuestas. Incluso como buscador de oro disipaba la incredulidad que creaba como botánico y la gente me hablaba más abiertamente de las plantas que conocía. Tal cual.

  11. Copépodo 14 diciembre 2013 / 18:08

    Pueblerino: sí, me consta lo de las humanidades, el problema de fondo es el mismo, que es mal momento (si es que hubo alguno bueno) para valorar el conocimiento y el estudio. También estoy de acuerdo en que es mucho mejor si somos conscientes del conflicto que si simplemente pasamos de él. Hay algo, sin embargo, en lo que creo que las humanidades han conseguido cierto impacto en la sociedad: el concepto de patrimonio cultural. Convencer de que no se debe construir una autopista porque en la zona hay un ecosistema o unas especies vulnerables no se entiende como una potencial pérdida de patrimonio natural en la misma medida en la que la mayoría de la población entendería que no se puede derruir la Alhambra para construir un parque de atracciones, por mucho dinero que diese.

    Pancho: Lesquereux tuvo que irse de Suiza porque la institución para la que trabajaba (la academia de ciencias del cantón de Neuchâtel) se disolvió cuando el cantón decidió independizarse de Prusia y unirse al resto de cantones suizos durante la revolución de 1848.Su amigo Agassiz, el geólogo, se había instalado con éxito en Harvard y le animó a hacer las Américas.

    AK: Alguna que otra vez yo también he respondido al “¿para qué sirve?” con un “para ganarme la vida” o algo así.

    Ofelia: La justificación pragmática siempre estará ahí, y quizá sea la única válida para ciertos sectores de la población, como última línea de defensa, pero ¿cuántas veces nos anticipamos a la incomprensión de los demás sin dar una oportunidad a que la gente entienda las satisfacciones que da comprender la complejidad y riqueza de la biodiversidad? Las nuevas generaciones son víctimas de planes de estudio cada vez más alejados del campo y del contacto con los organismos. De hecho es sorprendente que el interés por el nivel organismo esté siendo arrinconado frente a los niveles inferiores (celular y molecular) y superiores (ecosistemas). Quizá sea mi sesgo personal pero, no me lo explico. ¿Cómo es posible que los organismos en sí no sean ya lo más atractivo e inmediato de la biología? ¡Lo tienen todo para fascinar y dejar boquiabierto! ¿Qué está pasando? Convencer a todo el mundo de la importancia de estas disciplinas quizá no sea posible, pero sería fructífero intentar hacer partícipes a cuanta más gente mejor, por la cuenta que nos trae. A la vista está que en otras culturas hay mucha afición por ello, y hace poco salió un artículo en el que se mencionaba que la participación de los “amateurs” en los avances de la taxonomía europea ha sido muy significativa en los últimos años. Mis escasas experiencias con público tanto en España como en EE.UU. fueron muy satisfactorias. Sin prejuicio de seguir justificándolo desde el punto de vista de sus aplicaciones, creo que nada hay que perder y mucho que ganar si se intenta cultivar el interés más sincero.

    Anónimo: gracias por la recomendación. Tengo la suerte de conocer a Fernando y su pasión es contagiosa. Es curioso que el artículo trate sobre astrofísica porque siempre he sentido un vínculo entre el inventario de los organismos y el de los astros en tanto que comparten mucho de pasión exploradora y que sufren los mismos problemas a la hora de justificar “para qué sirven”.

    Marcelo: estoy de acuerdo en que es crítico el papel de la educación. Como le comentaba a Ofelia, es tristísimo comprobar que incluso a nivel universitario, los estudios de biología cada vez incluyen menos contacto con el campo.

    AM: Lesquereux también tuvo que enfrentarse a que alguien le pagara por investigar, claro, y de hecho su interés por la turba fue un intento desesperado por responder a un llamamiento que se hizo para entender el origen de este tipo de carbón (ganó un premio por ello), pero sospecho que siempre le interesaron más las preguntas de tipo 1.

    Aphanius: creo que no me has entendido bien, no es que busque otras personas que se dediquen a los musgos (es una comunidad pequeña y ya nos conocemos casi todos), sino si hay entre los blogueros de ciencia gente que le dé a la taxonomía, con los organismos que sean. Hay muchos blogs naturalistas en español, muchos de ellos excelentes, y también de biólogos más o menos profesionales de distintos campos, pero que yo sepa, pocos de ellos han manifestado que se dediquen a la taxonomía. Me encantaría ver entradas con fotos de especímenes de museos, de salidas de campo y recolecciones de anfibios, insectos, plantas acuáticas, de todo un poco, reflejo de una ciencia que muy al contrario de lo que percibe el público e incluso otros colegas científicos, está lejos de estar agotada y avanza día a día con nuevas herramientas (desde filogenia molecular a bases de datos georreferenciadas o colecciones enteras de millones de especímenesaccesibles por internet). Todo esto, que veo en los centros de investigación y en los congresos, está ausente de la blogosfera hispana (aunque sí que lo veo en la sajona). Por cierto que el blog que mencionas es excelente, y uno de sus autores es lector y comentarista ocasional de esta santa casa.

    Tomaquina: Jajaja, qué bueno, me ha encantado. Algunos compañeros que han trabajado en bosques similares comentaban además que a veces la población local les miraba con desconfianza, como pensando que no tramaban nada bueno y que todo lo que se llevaban (especímenes de plantas) era para venderlo luego en España y hacerse ricos. Curioso ¿eh? La asunción de que todo lo que se hace debe ser por un beneficio material se hace incuestionable.

  12. Antonio 15 diciembre 2013 / 1:17

    No sé que era más complicado. Que el señor Lesquereux explicara lo que hacía en +-1850 con los musgos o explicarle a un guardia civil que hacías herborizando y fotografiando plantas en una playa (donde a veces había desembarcos de sustancias …) en 1985. Si algo distingue al Homo sapiens del resto de animales es el “conocimiento por el conocimiento”. ¿Puede haber algo más satisfactorio?. Ahora explícaselo a los que financian la investigación y a los que fabrican los índices de impacto de las revistas científicas.
    Desde hace cuatro años participo activamente en biodiversidadvirtual.org, donde disfruto de la botánica y otras displicinas por placer. Enhorabuena por tu blo”j”. Saludos

  13. Dr. Litos (@DrLitos) 16 diciembre 2013 / 14:52

    Qué interesante todo. Lo de la anécdota del señor este es genial, y podría haber sucedido ayer mismo y aquí mismo. No hemos avanzado mucho.

    Mi aportación desde el punto de vista de una de las disciplinas que tienen el privilegio de poder perseguir una aplicación clara y un “para qué” rotundo: biomedicina = curar enfermedades. Pues bien, incluso con esta fácil justificación, me he topado con que se me pregunta y se me exige saber para qué sirve estudiar enfermedades raras; o cuando cuento en concreto los detalles de mi investigación, a nivel básico, molecular, celular, sin mencionar enfermedades (o durante la tesis, que acabé estudiando proteínas propias de plantas, y no de cáncer como se suponía que era el tema del laboratorio). Incluso entre colegas de profesión he tenido que discutir si el estudiar la enfermedad de Lafora, que la sufren una decena de personas en todo el mundo, es una pérdida de tiempo, o no.

    Vamos, que mi aportación no es muy halagüeña: incluso cuando se puede justificar de forma tan clara que la investigación tiene aplicación… aun así, se cuestiona su relevancia si se considera algo muy básico. Es decir, que el tema es complejo y le veo difícil solución. Muchos no paramos de explicar lo mismo que tú en tu post, pero siempre tenemos que vovler a los “paraqués” y la verdad no sé si terminamos dando vueltas en círculos.

    Un último apunte: un típico temor cuando enviamos un manuscrito para su publicación, es que los resultados que mostramos hagan parecer al artículo “muy descriptivo”; y no es un temor infundado, es una muy frecuente crítica y motivo de rechazo por parte de las revistas molonas. “Sus resultados son meramente descriptivos” o alegar que aunque describas eficientemente una propiedad de cierta molécula, te falte desentrañar la FUNCIÓN en la célula. Eso nos ha pasado mucho.

  14. pipistrellum 17 diciembre 2013 / 11:07

    dr Litos me has recordado el caso de un padre que se sorprendia de que hubiese muchas laboratorios estudiando terapia genica para la enfermedad de su hija. Aunque solo fuesen cuatro, eran mas que otra enfermedades raras mas comunes.
    Los motivos bastantes practicos eran curiosos.
    Era una enfermedad hereditaria del ojo. Era muy buena para estudiar la terapia genica.
    1) El ojo es un entorno bastante cerrado y es mas dificil que la terapia afecte donde no se quiere.
    2)No es un organo vital, aunque es una faena se puede vivir si uno o dos ojos.
    3)Hay dos si uno falla, esta el otro y si la terapia no va mal sirve de control sin tratamiento.
    4)Puede que hubiese alguna ventaja mas, pero no la recuerdo.

    luego comento más.

  15. pipistrellum 17 diciembre 2013 / 20:56

    Cope cuando comentas que cada vez se da menos actividad de campo me das pie a otra queja mia:Cada vez ( o tal vez desde hace mucho tiempo) hay menos conocimiento de “calle”. Aprendemos cosas en la escuela y los medios, pero desconocemos muchas cosas de nuestro entorno. No sabemos que arboles son los que nos rodea, no conocemos el clima local a fondo, que es un hidrante o donde estan las bocas de agua para los bomberos, donde se corta el agua o el gas del edificio donde vivimos, como se desbloquea la puerta del garaje si se va la luz.
    Conocemos mucho de personas que salen en los medios y seguro que hay gente muy interesante a poca distancia de la que no sabemos nada.

    Necesitamos una guia turistica de nuestra propia ciudad.

    Yo me pregunto muchas veces el ¿Para que sirve?. En la ciencia no tanto, pero algunas investigaciones no se podrán realizar, hay que priorizar.
    Seguramente con un mundo bien organizado daria para lo que se investiga hoy y mas.
    Seguro que a todos se nos ocurren recursos gastados absurdamente.

    No se si es politicamente correcto pero los cientificos deben (yo solo soy aficionado :P) hacer autocritica. Algunas investigaciones como el SETI, mandando mensajes al los marciano o calcular los decimales de PI hasta calcular el diametro del SSolar con 1 metro de precision; tal vez gastan recursos que estarian mejor en otro lado.
    Pero doy la razon a cualquiera diga que hay dinero empleado mas absurdamente.

    A mi tambien me gusta el saber por saber y aprender sin necesidad de encontrar una utilidad practica. Muy pocas investigaciones me parecen inutiles aunque muchas no se para que sirven. Seguramente por falta de capacidad para entenderlas.

    Yo le tengo bastante tirria a la asignatura de Historia. No tengo nada encontra del guste, a veces he oido cosas muy interesantes de expertos. Sin embargo, que me obligasen no me gustaba nada. De todo hay que aprender pero yo creo que otras cosas mas prioritarias quedan por enseñar. Tambien esta bien tener unos conocimientos introductorios por si le abre un via de interés en el alumno, pero normalmente se los quitan aunque el chaval tenga mucho potencial en ese tema.

    Por otra parte, no se hasta que punto las historia que se enseña es lo mejor para entender el mundo.
    Hace poco estuve oyendo en la tele (creo que historiadores) como empezo la guerra en los balcanes y comentaba que la poblacion no se veia venir la guerra y la gente no sabia si sus amigos eran musulmanes o de que etnia eran.
    La sociedad no era muy diferente de la nuestra y contaban como se fabricaba al enemigo y se enfrentaba a la población.
    Yo creo que son tecnicas que se usan con menores consecuencias ahora en nuestro entorno.
    Iran en los Años sesenta parece era un pais mas avanzado que España. Parece que una vez conseguido el desarrollo ya no se va para atras, en el peor de los casos se estancaria el progreso. Pero nada esta asegurado. Y seria conveniente tenerlo presente.

    En la historia del cole, parece que una vez se aplican las guillotinas ya esta todo arreglado, pero construir luego una democracia no es tan facil. Eso lo he aprendido más de la revolucion arabe que de las clases de historia.

    Tal vez la historia que se da en los colegios esta un poco obsoleta.

    Corto y sigo.

  16. pipistrellum 17 diciembre 2013 / 21:04

    El ¿Para que sirve eso?, me recuerda al ¿para qué haces eso? y la frase ¿Como se aburre la gente? y añado “que decide qué hacer con su tiempo en lugar de ver la tele”
    El mayor ejemplo de lo que hace la gente cuando se aburre es ver la tele y no lo critican como cuando hace cosas poco habituales.

    Hace un par de dias en “El Hormiguero” salio una maquina que hace aviones de papel y los lanza. Pues seguro que ese ocio constructivo le ha aportado mucho.

  17. Boca Rana 20 diciembre 2013 / 0:50

    A ver, creo que tienes un importante error de concepto, cuando alguien te pregunta ¿para qué? en realidad no te está preguntando para qué lo haces, en realidad te pregunta ¿por qué te estoy pagando?

    A nadie se le ocurre preguntarle a un AFICIONADO a los recortables, al aeromodelismo o a lo que sea para qué lo hace, saben perfectamente que es porqué les gusta. Es como al que le gusta ver la tele, entiende perfectamente que a otros les guste ver la tele, pero cuando se encuentran a alguien a quien pagan por ver la tele (que los hay), la pregunta es la misma, ¿para qué?

    Lo siento, investigar porqué te gusta es más o menos entendible por la mayoría de la gente, no es eso lo que debes explicar, lo que debes explicar es porqué ha de pagarte por hacer algo que te gusta.

    Ya no estamos en el siglo XIX en que algunos ricos se dedicaban a la investigación, otros se dedicaban a “coleccionar” científicos y algún científico se dedicaba a recolectar especímenes y vendérselos a los museos para satisfacer su afán de conocimiento. Ahora vuestros sueldos se pagan con cargo al erario público que es sufragado por todos (sí, esto es una verdad a medias en muchos sentidos) y parte de vuestro trabajo debe ser el justificar en qué beneficia a la sociedad vuestro trabajo.

    Ojo, yo, personalmente, no necesito esa explicación porqué conozco la respuesta, pero no me considero representativo, más bien al contrario.

  18. Copépodo 21 diciembre 2013 / 0:31

    Antonio: los “encuentros” con la Benemérita merecerían un libro recopilatorio escrito por los biólogos de España, desde luego. Recuerdo una vez acompañando a un compañero en un muestreo que anduvimos haciendo vivac y nos despertaron de madrugada y no sé cómo acabaron hablando de mapas topográficos…gracias por tu comentario. Conozco BV, gran iniciativa.

    Dr. Litos: Me llama mucho la atención que un campo como el tuyo resulte difícil de justificar, de verdad. En fin, mil gracias por tu aportación, poco halagüeña, sí, pero interesante. Y coincido contigo en que me toca las narices que lo descriptivo se vea como sinónimo de irrelevante, cuando es el fundamento de todo conocimiento.

    Pipistrellum: Perdona si no me extiendo en la respuesta tanto como tú en el comentario, pero no quería dejar pasar la oportunidad de matizar que, obviamente, los recursos deben repartirse en función de diversos factores (y así se hace). Yo no abogo por un chorro ilimitado de recursos para la investigación básica, sino que se entienda y se asuma que incluso el conocimiento descriptivo, la expansión de nuestras fronteras intelectuales, merece su porción del pastel por su valor intrínseco, independientemente de sus aplicaciones contingentes.

    Boca Rana: No, no; no es eso. La cuestión no es un “por qué” individual, sino un “para qué” colectivo. Yo no pretendo que la investigación básica se justifique sólo por el placer que le provoque al investigador, no van por ahí los tiros, sino que creo que debería asumirse de forma general que es necesario que la el conocimiento avance incluso en sus aspectos más exploratorios o descriptivos porque la búsqueda del conocimiento es intrínseco al ser humano, como objetivo en sí mismo, y no como un simple medio para llegar a una aplicación. Al igual que le digo a Pipistrellum, nadie está diciendo que se deban dedicar recursos infinitos a la investigación básica, pero sí que creo que la sociedad en su conjunto debería entender y compartir (quizá con la ayuda de los profesionales, cogiendo el toro por los cuernos y no a través de “excusas”) que la exploración del cosmos o la descripción de la biodiversidad merecen recursos independientemente de que produzcan aplicaciones o no.

  19. pipistrellum 24 diciembre 2013 / 10:50

    Yo creo que la gente entiende o por lo menos critica menos que se gasten recursos en artes y lo que se suele llamar cultura que en ciencia.

    Y el ocio tipo deportes, espectaculos aunque socialmente sea menos util se justifica por el retorno economico, que es otro debate interesante. “Si lo que da más dinero deberia darlo o esta justificado y como se puede ajusta.”

  20. pipistrellum 24 diciembre 2013 / 11:18

    Aclaro que yo tambien estoy de acuerdo que esta justificado dar recursos para ampliar el conocimiento aunque no haya otro retorno tangible.

    Tambien pienso que ultimamente la gente tiene mas en consideracion la ciencia y aparte de util, la gente empieza a verla interesante y cercano al ciudadano.

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