Mi epifanía molecular


A veces he dicho, sobre todo entre gente de saraos divulgativos, que la ciencia es un rollo. ¿Por provocar? Un poco sí, pero también ganas de transmitir que a todos nos gusta mucho leer a Carl Sagan o Stephen Jay Gould, que nos lo dan todo mascadito y acabado, y que una cosa muy distinta es la parte más tediosa y repetitiva del oficio que consiste en acumular más y más datos durante años, a menudo superando muchas dificultades. Esta parte intrínseca de la ciencia casi parece más adecuada para personalidades obsesivo-compulsivas que para visionarios iluminados, pero pocas veces se tiene en cuenta cuando vemos los toros desde la barrera. En resumen, no es lo mismo disfrutar la ciencia que hacerla, como no es lo mismo comerse un cocido que estar toda la mañana cocinándolo.

Bgy5“Las operaciones y mediciones que realiza un científico en un laboratorio no son ‘lo dado’ por la experiencia, sino más bien ‘lo reunido con dificultad” (frase de Kuhn que se la he leído a Eulez en más de una ocasión)

La imagen romántica del científico en su laboratorio descubriendo el condensador de fluzo al caerse en el cuarto de baño es, por ser suaves, poco realista. Los momentos “eureka” no existen, o mejor, son muy escasos. Si analizamos la historia de la ciencia quizá concluyamos que las revoluciones o los descubrimientos asombrosos sólo lo son en retrospectiva: puede que en el momento crucial de un experimento, el científico no supiese muy bien qué se traía entre manos, qué significaba un resultado concreto, o que las implicaciones del mismo sólo se fuesen desarrollando con el tiempo, según se fueron asimilando por la comunidad.

Lo que creo que sí existe son otro tipo de revelaciones, más valiosas a nivel personal. Ser científico puede ser una experiencia altamente frustrante. Sospecho que el científico medio, la mayor parte del tiempo, tiene la sensación de ser un profundo idiota, de estar dándose de cabezazos con un proceso que no llega a entender totalmente, la sensación del puzzle a medio hacer. Quizá por eso son tan valiosos los pequeños momentos en los que algo sale rodado: las piezas del puzzle encajan de forma armoniosa, bonita, la respuesta que todos querríamos. Cuando esos momentos han estado precedidos de muchos palos de ciego y dificultades, la sensación que puede producir (me atreveré a decir que casi mística), no tiene nada que envidiar a las mayores satisfacciones que una persona puede experimentar.

Hoy os voy a contar cómo esta imagen cambió mi vida:

gel2

Se trata de la fotografía de un gel de agarosa tomada el 24 de octubre de 2008 y pegada en el cuaderno de laboratorio que usé en mi primera estancia en EE.UU. Básicamente un gel de agarosa es un bloquecillo gelatinoso en el que se depositan muestras, en este caso de ADN, en unos orificios (dos filas de doce rectangulillos negros) y se somete a una corriente eléctrica para que las muestras de ADN atraviesen el susodicho bloquecillo (de arriba a abajo en esa imagen). Después se fotografía bajo luz ultravioleta para poder ver el resultado. Cada rayita blanca es un fragmento de ADN amplificado de una región del genoma concreta, extraída de distintos especímenes, en mi caso, de musgos de California.

Esta imagen por sí misma no dice nada sacada de contexto y se parece a cualquier otro gel de agarosa (un poco guarro, como se puede ver por la cantidad de polvo y partículas que hay en el gel). Incluso en el contexto de lo que andaba haciendo por aquellos años, este gel podría haber salido mal, y habría sido sustituido, o si las muestras elegidas hubiesen estado combinadas de otra forma, el resultado del proyecto hubiese sido el mismo a la larga y el momento “revelación” habría ocurrido en otro momento. O no. A muchos nos gusta dar estructura a nuestra memoria, y a mí me gusta pensar que fue ese día y esa imagen cuando aprendí algo importante (vale que quizá exagero diciendo que cambió mi vida, es una forma de hablar).

La cuestión es que por aquel entonces mi experiencia se centraba en trabajar con la delimitación de especies de musgos haciendo taxonomía de toda la vida, esa que aquí se ha reivindicado muchas veces. Ya estaba algo familiarizado con el grupo que me ocuparía los años siguientes, y de hecho ya habíamos descrito una especie nueva para la ciencia a la que habíamos llamado Orthotrichum norrisii. Este musgo era parecido, pero suficientemente distinto, a otro muy común en California, descubierto por nuestro amigo Lesquereux a mediados del siglo XIX (pero publicado por un briólogo británico, esta es otra historia que debería ser contada alguna vez aquí): Orthotrichum coulteri. A su vez a O. coulteri lo estaban confundiendo con una especie europea, originando lo que en argot botánico llamamos “un cristo  de dos pares de narices” (término técnico), pero eso no viene al caso ahora (como tampoco viene al caso que el interés por esta especie derivó originalmente del estudio de una especie también europea). Lo importante es que después de mirar algunos cientos de especímenes de distintos herbarios americanos, y a pesar de que ambas especies son muy comunes en los troncos de los árboles californianos, incluso hasta el punto de crecer juntas con frecuencia (compartiendo nicho ecológico), a pesar de ello, decía, ambas normalmente presentaban combinaciones exclusivas de caracteres morfológicos que justificaban la segregación de dos especies.

coulteri norrisii

Los dos protagonistas: Orthotrichum coulteri y Orthotrichum norrisii

La segregación de estas dos especies puede parecer, como sé que os parece a muchos, ¡malajes! ¡mamonazos!, una frivolidad subjetiva que dependía únicamente del capricho arbitrario de los especialistas de turno (no lo es), ya que las especies sólo existen en nuestra imaginación (no) y la naturaleza es un continuo (no lo es). ¡No se ha inventado el emoticono que refleje la frustración que me producen esas simplificaciones reduccionistas! Estas decisiones son muy, muy complicadas de tomar, y hay que hacerlo con esponsabilidad. Que algo sea complicado no significa que sea arbitrario.

A toro pasado, yo tengo que reconocer que me inquietaba mucho haber tomado una decisión errónea. Quiero decir, los materiales se habían estudiado correctamente y la combinación de caracteres era todo lo clara que podía ser. Aún más interesante: cada vez que examinaba uno de estos musgos al microscopio, o a menudo antes, a la lupa binocular, yo me veía capaz de identificarlo claramente como una de las dos especies, a veces no por los caracteres “de clave”, sino por la sensación o la pinta que tenía al verlo (un post sobre esto próximamente). El motivo por el que esto me inquietaba, además de por mi inseguridad crónica y poca experiencia, era la existencia de especímenes excepcionales en los que los caracteres clave (tan sutiles como un par de filas de células de más o de menos) a veces se mostraban ambiguos, y llegué a pensar incluso en la existencia de híbridos. En resumen: aunque yo veía las diferencias y creía que se trataba de dos especies distintas, los casos intermedios me hacían temer que podía no estar en lo cierto.

Para mí, nadie ha reflejado mejor estas dudas que el amigo Carlos Roberto en una carta personal de 1853 a Joseph Dalton Hooker:

(…) Después de describir un conjunto de formas como especies distintas, romper mi borrador y unirlas en una sola, romper ese y hacerlas separadas, y después volver a a unirlas, lo que me ha pasado a mí, he rechinado los dientes, maldecido a las especies y me he preguntado qué pecado había cometido para ser castigado de esa forma. (…)

Charles Darwin, 25 de septiembre de 1853

Por cierto, Darwin hablaba en esas líneas de cirrípedos: percebes, bellotas de mar y crustáceos afines, unos bichos bastante aburridos y relativamente poco molones (especialmente si los comparamos con los copépodos o los estomatópodos) que jamás protagonizarán un documental del Discovery Channel. De los trabajos extra-evolutivos de Darwin siempre nos acordamos de las orquídeas y los arrecifes de coral, pero Darwin se tiró cerca de una década, ¡una década! poco menos que mirando bellotas de mar exclusivamente, cientos y miles de ellas, familiarizándose con las relaciones de homología de su caparazón y delimitando taxones mediante anatomía comparada: desarrollando ese criterio experto taxonómico para reconocer linajes con un ancestro común. Poco se dice la importancia que pudo tener esta etapa en el desarrollo de la teoría de la evolución por selección natural, y se debería insistir en ella; para hablar con propiedad del origen de las especies, ciertamente hay que darse muchos cabezazos con cómo varían las especies y cual es la naturaleza de esa variación y el fundamento de una clasificación científica basada en la descendencia con modificación. Es muy fácil opinar sobre lo que son las especies y reducir un desafío intelectual de cientos de años a dos frases capciosas sobre querer dedicarle un ácaro a tu cuñado, ojo con eso. Además, es mentira que los cirrípedos no molen: para empezar tienen, proporcionalmente, los penes más largos de toda la biosfera.

Pero volvamos a los musgos. Decía que aunque la decisión de considerar O. norrisii una especie distinta de O. coulteri (y de las europeas parecidas) se había tomado con responsabilidad, pero que yo seguía preocupado en mis adentros sobre poder estar metiendo la pata, de estar contaminando la decisión con prejuicios o limitaciones de la percepción humana (la crítica habitual).

La filogenia molecular podría venir al rescate en situaciones como esta. El fundamento del llamado “reloj molecular” nos dice que si comparas la misma secuencia del genoma entre estos musgos, dichas secuencias serán tanto más distintas cuanto más alejado esté su ancestro común y por lo tanto, las secuencias de la misma especie se parecerán entre sí más que a las de cualquier otro espécimen. Por desgracia yo ya había empleado dos estacias breves en otra universidad intentando extraer ADN de mis muestras con éxito más bien escasos. Seis meses bastante frustrantes que me hicieron desconfiar un poco de todo el rollo molecular y su utilidad. Es fácil desanimarse cuando pasan cosas así, pero de esa época tengo que agradecer un primer contacto con el trabajo en ese tipo de laboratorio y algunos truquitos como equilibrar a la perfección una centrífuga de 24 espacios con 7 tubos, con el que he impresionado a algún estudiante gringo más que si hubiese hecho levitar una pipeta.

Cuando llegué a Connecticut aquella primera vez (al mismo laboratorio en el que estoy ahora) era por lo tanto la tercera intentona de conseguir un buen chorro de datos moleculares que sirvieran de “segunda opinión” a la delimitación taxonómica en curso. El trabajo de laboratorio en sí me gustaba mucho, y no se me escapaba la magia que hay en el hecho de que conviertes tu espécimen en 100 microlitros de extracto de ADN transparente y anodino a la percepción humana: no hay sesgo intencionado posible en el trato de un tubo de líquido en función de una determinación que ya no recuerdas. Las etiquetas de determinación acaban siendo números, se te olvida a qué muestra pertenece, no puedes darle ningún tratamiento distinto según la especie que crees que es. Cualquiera que fuese el supuesto sesgo involuntario que puedas estar aplicando a un estudio morfológico, éste desaparece en el laboratorio.

Tras algunos días dando más palos de ciego, de repente las cosas empezaron a marchar sobre ruedas, y el ADN se amplificaba para todas mis muestras con facilidad. Los geles como el de arriba nos servían para saber si la amplificación había ocurrido (si había rayita blanca, vía libre), y podíamos poner esa muestra a la cola para secuenciar, en grupos de 96. Con esto lo que quiero decir es que el gel no sirve para “leer” la secuencia, sólo para confirmar que la amplificación ha salido bien. Estos geles son poco informativos pues, aunque una de las cosas que sí que nos puede decir es el tamaño de los fragmentos.

El 24 de octubre de 2008 fue uno de esos días que acabas trabajando hasta tarde y te quedas solo en el laboratorio (esto le da un puntito extra de epicidad a la narración, pero resulta ser cierto). En la foto del ínclito gel os habréis dado cuenta, como me pasó a mí inmediatamente, que tres de las rayitas de la fila superior (6, 7 y 8) están menos desplazadas que el resto. Eso quiere decir que esos tres fragmentos concretos de ADN son más largos que los otros (que aparecen perfectamente alineados). Esto es algo totalmente inesperado cuando se está secuenciando exactamente la misma región del genoma para un puñado de muestras que pertenecen a especies próximas: todas ellas deberían tener la misma longitud… a no ser que no estén tan estrechamente emparentadas, por ejemplo. Como decía, ni en ese momento ni durante la realización de la amplificación tenía en mente qué espécimen se había usado para cada tubito, no había sesgo alguno en el tratamiento de las muestras: había hecho exactamente lo mismo para todas, y sin embargo, antes incluso de secuenciarlas, simplemente con un grosero gel de agarosa, era evidente que tres de ellas eran radicalmente distintas, ¡incluso en tamaño!

Rápidamente fui a comprobar a qué muestras correspondían esas posiciones: las tres eran de O. norrisii

gel

No sé muy bien cómo explicar con palabras la sensación de este descubrimiento, pero fue una auténtica sacudida, una revelación: todo lo que yo había percibido con el estudio morfológico encajaba con lo que tenía delante a pesar de mis temores: las muestras de esa región del genoma de Orthotrichum norrisii y O. coulteri eran claramente diferentes en tamaño (más aún en secuencia, como descubriría después), sugiriendo que su ancestro común era más remoto de lo que hubiese pensado al principio. Eran, todo parecía indicar, dos especies diferentes, a pesar de lo similares o no que pudiesen parecer al profano, de que compartiesen nicho ecológico y de que a veces los caracteres clave fuesen un poco plásticos. La posibilidad de que esas tres muestras, y sólo esas (que mi “subjetiva percepción” atribuía a una especie distinta a O. coulteri) mostraran una inserción en su genoma, obviamente no podía ser una casualidad. Había estado buscando una prueba “no contaminada por mi percepción” de que O. coulteri y O. norrisi eran dos especies diferentes, y allí la tenía.

Sin embargo, lo realmente acojonante de aquella situación, lo que me puso la piel de gallina y me dio vértigo, fue pensar en lo remotamente improbable y maravilloso que había sido todo el proceso: dos linajes de plantas que divergieron de un ancestro común, que continuaron reproduciéndose y evolucionando de forma paralela durante generaciones: siglos, milenios, millones de años de mitosis, meiosis, recombinaciones y mutaciones, cada una de sus células portando el historial indeleble de un origen común, pero también la cicatriz de una inserción de varios cientos de pares de bases que sólo afectó a uno de estos linajes y no al otro. Guiado por las sutiles variaciones en la morfología que provocan esas también sutiles variaciones en el genoma, selecciono unas muestras y examino ese historial molecular, y soy capaz de entender que estas dos plantas, aunque puedan parecerse mucho, tienen una historia evolutiva independiente, tienen dos historias distintas que contar. Al final de  toda esa cadena de acontecimientos, desde la divergencia del ancestro común de Orthotrichum norrisii y O. coulteri hace más de 20 millones de años hasta que a Homo sapiens le da por preguntarse por ello, estoy yo con este gel de agarosa en mis manos. Soy el primer ser consciente de esa realidad en todo el mundo, en toda la historia (y durante algunas horas, el único); el primero en empujar hasta ese punto, si bien infinitesimalmente, el límite de lo conocido: dos especies distintas. Dos historias paralelas. Guau. Esto, amigos, es una sensación que mola bastante, para qué nos vamos a engañar.

Insisto en que un gel de agarosa no es resultado de nada: hay que secuenciar las muestras y analizar con programas estadísticos las secuencias para obtener una reconstrucción de la evolución. Después de ese gel hubo muchos más meses de trabajo, con más muestras, repeticiones, verificaciones, frustraciones, alegrías y miserias, que felizmente confirmaron esa y otras hipótesis de forma adecuada. Nada del resultado de aquel estudio puede atribuirse a ese gel en concreto, totalmente prescindible, replicable y sustituible: no fue un momento “eureka”. La casualidad quiso que la colocación de las muestras de una determinada forma y mi contexto de aquel día se combinaran adecuadamente para recibir ese subidón de endorfinas y colocar esa pieza del rompecabezas que te hace ver una imagen que hasta entonces desconocías. Ese día y esa imagen son para mí el inicio de muchas de mis ideas actuales sobre la naturaleza de las especies, su estudio y su proyección en la clasificación.

Curiosamente, ese día no sólo aprecié sinceramente el valor inmenso de contar con un conjunto de datos rico y abundante, independiente de las observaciones morfológicas, sino que además reforzó positivamente mi valoración del trabajo taxonómico de toda la vida. Las percepciones del especialista, a pesar de lo laxas que pueden ser, y de lo sensibles que resultan a la crítica al argumento de autoridad, parecían tener mucho sentido. Ese “nosequé”, ese regusto inexplicable que dejan a veces los especímenes que identificas como de cierta especie aunque algunos caracteres clave parecen ser difusos, parecía tener cierto sentido. ¿Por qué? Hasta hace pocas semanas no era capaz de explicarlo racionalmente, ahora tengo algunas ideas. Lo dejaremos para otro post.

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34 thoughts on “Mi epifanía molecular

  1. anxova 20 marzo 2014 / 12:10

    Me llama la atención la primera parte del artículo (justo hasta “Hoy os voy a contar cómo esta imagen cambió mi vida”). Yo no soy científico, sino admirador de la ciencia, “amateur” en sentido etimológico. Pero soy artista (dibujante, pintor…) y profesor de arte. Y me vi identificado desde la primera línea. La de veces que les habré dicho cosas parecidas a eso a mis alumnos, despertando todo tipo de curiosidades, enemistades, polémicas…

    Lo malo del arte es que como el “método artístico” no se ha fijado ni goza de prestigio alguno, el amateurismo no es ya que confunda todo -esa es su función- sino que invade y hasta suplanta la profesión, arrinconando incluso a quienes nos lo tomamos como algo serio. Exactamente es como cuentas, pero aplicado al arte. Yo siempre les decía a mis alumnos que la tarea del artista a veces es muy frustrante, que no es ni mucho menos relajante como para el aficionado. Y hasta he sentido alguna vez esa sensación de encontrar el camino correcto y que todo encajaba, o por el contrario, que el cuadro estaba destinado a fallar desde el principio y acabo repintando. Y otras veces, sólo tras repetir el boceto muchas veces acabo pillando justo el punto en el que eso puede quedar bien.

    En arte también -y existen multitud de citas famosas al respecto- la excelencia llega tras el trabajo constante y hasta repetitivo. Y la famosa “inspiración” ha sido negada una y mil veces por los más famosos artistas. Supongo que es lógico que en profesiones que pueden dar lugar a “genios” de la humanidad, como la ciencia, las artes plásticas, la literatura o la música, en el fondo la manera de funcionar será muy parecida.

    Lógicamente, en cuanto al detalle en sí de tu profesión en concreto y de la ciencia en general el arte no se parece. En cuanto empiezas a explicar el proceso para diferenciar y confirmar la nueva especie ya nos metemos en algo específicamente científico. En arte no hay un paralelismo muy claro con eso, porque aunque haya dudas o el camino seguido sea un callejón sin salida (por ejemplo, para mí, la pintura abstracta) siempre se saca algo en limpio, aunque sólo sea “la mano” que ejercitas con mil retratitos de encargo aburridos y feos.

    Pero me ha gustado ver ese paralelismo de la primera parte del artículo. Estoy enviciado con este blog, lo confieso.

  2. Pancho 20 marzo 2014 / 14:21

    Ahora ya sé qué quiero ser en mi próxima vida: cirrípedo.

    La foto del gel parece una versión previa de Space Invaders, oiga.

    Pero, bromas aparte, me resulta fascinante el proceso que describes, y la sutileza que allí hay encerrada. Y también me llama poderosamente la atención el extremo al que hay que llegar, molecular, para poder diferenciar dos organismos que en todo lo demás, parecen iguales. Es fantástico. Gracias por compartirlo y felicitaciones por el descubrimiento, aunque sea con 6 años de atraso :)

  3. Dr. Litos (@DrLitos) 20 marzo 2014 / 15:06

    No te sorprenderá que te diga que me ha encantado el post y que me he sentido identificado. Me ha recordado mi historia con los dímeros de laforina y el “error”, que también conoces. Es lo típico que sólo echando la vista atrás con tiempo aprecias que de haber actuado de manera diferente frente a una observación sin aparentemente nada de especial, las cosas no hubiesen salido tan bien.

    El caso tuyo es más emocionante, y es un ejemplo buenísimo de “buena ciencia”, de cómo reconocer el sesgo personal por un lado, cómo conseguir librarse de él, pero por otro lado también dejar constancia de que el ojo experto y la intuición del profesional habituado no deben menospreciarse tan a la ligera, que a veces nos pasamos cuatro pueblos con el rigor científico y deshumanizando la ciencia y su método hasta extremos no sé si más correctos, pero en cualquier caso poco prácticos para el día a día. Pero parece que decir esto abiertamente es como declararse fan de Punset o algo así, y eso hoy en día se considera peor que pegarle a un padre.

    Y qué bien que nombres los cirrípedos hombre, en el primer Celebrities de Darwin hicimos mención expresa a dichos trabajos pero por la calidad del sonido creo que ni se nota.

    Genial que cuentes anécdotas de trabajo “personales”, veo que al final te has lanzado a la piscina y me alegro muchísimo. Tengo en borradores el post de mi cumpletesis donde cuento el tema, pero me pilló tarde y me dio un arrebato de “a quién le importa”, ya sabes a qué me refiero, y lo dejé en un cajón. Me has motivado para desempolvarlo…

  4. Álvaro Luna 20 marzo 2014 / 20:19

    La verdad es que la ciencia tiene una parte tediosa. A veces he notado que los investigadores se libran de esta parte contando con alumnos voluntarios, con becarios, con chicos que hacen proyecto fin de grado,etc. Yo he tenido suerte y he podido participar en más que eso, pero lo veo casi que a diario.

    Has descrito muy bien lo que suele pasar, la gente tiene una idea de la labor científica muy apasionante, pero a decir verdad en muchas ocasiones lo divertido es ir a muestrear, y eso pueden ser dos semanas, a partir de las cuales te pasas los siguientes 9 meses encerrado manejando programas estadísticos xd.

  5. Banchsinger 20 marzo 2014 / 21:52

    Querido Cope, ese es el Bob Marley de los geles… Te mostró el camino, la luz, compañero. La verdad es que ya sólo con unos pocos años dedicados a la ciencia vas acumulando algunas historias como ésta, cojonudas, pequeños momentos, pequeños detalles que cuentas y pervives como si fuesen aventuras del más digno de los cuentos épicos. Yo aquí también partiré mi lanza en apoyo a tus palabras y el arte Dr. Litos, la verdad es que la intuición muchas veces ayuda más que el mejor de los análisis estadeisticos. Como suelo decir, nadie conoce tus células mejor que tú. Me refiero a células de laboratorio, de las que se utilizan para hacer cultivos celulares. Cuando llevas trabajando años con ellas, nada más ponerlas debajo de un simple microscopio, en el primer vistazo ya sabes cuándo se van a portar bien y cuando te la van a meter doblada. No es ciencia, es intuición, pero de ello depende que tus experimentos salgan mejor. Y cuando digo mejor me refiero a que salgan antes, positivos o negativos pero definitorios.

    En fin, magnífico post compañero. Hacía años que no veía unos geles tan cochambrosos…XD ;)

  6. Rufo 21 marzo 2014 / 0:46

    Respecto a los párrafos introductorios, captado el mensaje; soy de esos a los que le gustan Carl Sagan y toda la parte de la divulgación mascadita, al tiempo que comprendo lo farragoso de, por poner un ejemplo distinto, acompañar durante solitarias noches un telescopio para calcular la dispersión y velocidad radial de las partículas que componen la llamada ‘luz zodiacal’, y eso que estar junto al telescopio es la parte ‘chula’. Lo que me gusta de la ciencia es sus métodos como filosofía vital: humildad ante los hechos, sin entrar en juicios de valor. Aunque ese es otro debate. Pero también hay otro punto de la ciencia: apreciar la belleza del mundo natural, y es de lo que va este post. Nene, ya lo sabes a estas alturas -y es que llevas camino de 9 años escribiendo en el blog-, que los posts que surgen de nuestras más profundas y desatadas pasiones (juntada con la demostrada capacidad que tienes para expresar y hacer comprender y compartir eso que te maravilla) son los mejores. Esta entrada para mi sin duda se encuentra entre ellas.
    Precisamente esto es divulgación: no es solo expones los hechos de forma accesible sino también atractiva y consiguiendo despertar pasiones. Que crack eres, leche! xD

  7. Rufo 21 marzo 2014 / 1:30

    Ay, y también decirte que el momento ‘Aha!’ si se da algo más a menudo en ingeniería, y cualquier otra disciplina que consista básicamente en resolver problemas. No sin mucho trabajo, exploración de caminos muertos e ideas que no van a ninguna parte, noches sin sueño, y vueltas en círculo. Como la molécula de benceno ;)

    De todas formas, en cierto momento pareces sugerir en tu artículo que todo el proceso de la ciencia es muy mecánico, muy repetitivo, si no que pudiera hacerlo un robot, si al menos una persona adiestrada de no muchas dotes intelectuales. Al final, lo que merece la pena es ese momento de iluminación, tanto intelectual, como de criterio, como puramente artístico y lleno de sensibilidad y apreciación de la belleza. Bueno, a estas alturas empiezo a mezclar churros con merinas, pero me leía este artículo hace un ratillo, y me ha recordado de nuevo todo esto que mencionabas, de ahí mi retorno ;)
    http://esmateria.com/2013/06/10/la-capacidad-de-estar-alerta-ante-lo-inesperado-nos-permite-apreciar-la-belleza/

  8. Copépodo 21 marzo 2014 / 5:43

    anxova: no se me había ocurrido a mí tampoco, pero tienes razón. Recuerdo la primera vez que conocí a un estudiante de bellas artes y yo también caí en la “trampa” de hacer algún comentario idealizado de esa carrera que me valió una merecida mirada de condescendencia. La verdad es que hay más semejanzas de lo que imaginaba: cuando no hay un camino dado, cuando se trata de ser original y de hacer algo distinto, el tipo de dificultades pueden ser parecidas, con las diferencias obvias, claro.

    Pancho: no sé si es que el prejuicio de que “lo molecular es el único camino” es indestructible o es que no me explico bien, pero hay mucho que matizar en eso. La revelación vino porque “lo molecular” confirmó los resultados que ya teníamos sobre la mesa. A mí me dejaron mucho más tranquilo y me enseñaron muchas cosas, pero no son la condición indispensable para resolver un problema taxonómico, y de hecho “lo molecular” lleva asociados sus propios problemas, que a menudo se obvian.

    Dr. Litos: Muy cierto que el celebrities “celebra” (juas) la experiencia cirripédica de Carlos Roberto, gracias por recordarlo. Lo de qué es la intuición y por qué tiene valor como generador de hipótesis científicas con enjundia tiene que ver, como he aprendido recientemente, con los atajos heurísticos que utiliza el cerebro humano en su percepción. Más sobre eso pronto. ME alegro además de que te vayas a animar a sacar del cajón eso que tienes por ahí (ya lo has dicho, así que tienes que cumplirlo).

    Álvaro: la ciencia puede verse como una estafa piramidal también, pero no lo digas muy alto. La dinámica de pasar cada vez más del campo es lamentable. Yo llevo sin salir al campo “pagado” ni se sabe ya.

    Banchsinger: un comentario acerca del gel: yo venía de un laboratorio con muy pocos medios, donde cada gel de agarosa se fundía y refundía hasta la saciedad. De ahí la guarrada. Cuando empecé a ver que la gente nunca refundía los geles, me pasé a los geles limpios. Antes de que nadie me lo diga: no, en aquella época tampoco usaba controles negativos, motivo por el que ahora cuelgo de los pulgares a los estudiantes si no los emplean. Como también te interesa lo de la intuición, atento al próximo post.

    Rufo: a todos nos gusta Carl Sagan. Volviendo al ejemplo del cocido: a todos nos gusta comérnoslo, ¡incluso los que lo cocinan! ¿no? Eso que dices al final es muy interesante, porque de hecho, sí, hay una parte tediosa y repetitiva (que nosmalmente no es la de estar con el telescopio de noche, sino probablemente los meses que lleva procesar los datos obtenidos) que podría hacer un mono adiestrado. Es bonito ver cómo al avanzar en esta carrera vas cogiendo perspectiva y aprendiendo que en el fondo, lo realmente valioso, es tener ideas. Por eso, aunque he dicho antes lo de la estafa piramidal, tiene mucho sentido que las personas más experimentadas empleen su tiempo en lo más difícil de todo y a lo que sólo se llega con mucha experiencia: las ideas, las vueltas de tuerca, las interpretaciones, etc, mientras que si acabas de llegar, pues obviamente te toca empezar desde cero (incluyendo fregar mucho). Hace poco, al principio de llegar a la postdoc, mi jefe me “pilló” un día fregando cacharros en el laboratorio, y me dijo que yo no tenía que hacer eso, que eso lo tenía que hacer el estudiante. Puede parecer clasismo, pero en el fondo una hora mía sale mucho más cara que una hora del estudiante, y lógicamente me quiere ver haciendo cosas que sólo yo puedo hacer.

  9. Raven 21 marzo 2014 / 17:20

    Ains… sólo diré ains, y pondré una sonrisa en la cara. Gracias por escribir, cada día te admiro más

  10. anxova 22 marzo 2014 / 6:51

    Hola, Copépodo. Pues en realidad yo ni siquiera creo que la originalidad sea algo importante en arte.

    Creo que los paralelismos entre ciencia y arte también se encuentran en esta cuestión. Lo que hace grande a Einstein como físico no es la originalidad de sus teorías, sino que sus matemáticas estaban bien fundamentadas y sus predicciones se siguen cumpliendo. Su trabajo exhaustivo es el que convierte su física en “buena ciencia”. También me parece importante con Einstein o cualquier otra gran figura de la ciencia el hecho de que ha sido (y sigue siendo) un punto de partida sólido para los científicos que han venido después. Me da la impresión eso es precisamente lo que sigue haciéndolo una gran figura. La novedad, la fama, científicamente hablando, no es importante. Evidentemente no digo que no sean importantes para el científico (vivirá mucho mejor), sino que la fama de un científico no hace sus teorías más correctas. La originalidad de las teorías de Einstein se valora históricamente, pero simplemente es un efecto colateral de su búsqueda científica.

    Aquí el paralelismo con el arte es absoluto. Un artista como Giotto, que se ha tenido siempre como “el novedoso” “original” y hasta “revolucionario” por antonomasia, no es grande por eso. Giotto tenía una manera de pintar que bebía directamente de la escuela de Florencia. Las primeras obras de Giotto son muy semejantes a las de Cimabue, su maestro. Cuando fue a Roma a trabajar, aprendió el estilo romano, mucho menos “bizantino” y más suelto. Si nos ponemos muy tontos podríamos decir que la originalidad de Giotto en cuanto a estilo se limita a llevar el fresco romano a Florencia, Asís, etc.

    Lo que hizo grande a Giotto fue que su técnica, tanto en dibujo como en pintura, estaba bien fundamentada. Su trabajo exhaustivo es el que convirtió su pintura en “buen arte”. Fue el punto de partida para muchísimos pintores que vinieron después. Incluso ahora, y a lo largo de todos estos siglos, se siguieron copiando los frescos del Maestro Giotto como parte del aprendizaje. Siguen una referencia importante para muchos artistas que hemos venido después.
    La novedad, la fama, artísticamente hablando, no es importante. Evidentemente no digo que no sean importantes para el artista, sino que la novedad o la fama de un artista no hace a sus obras mejores.

    Pero entonces ¿por qué el arte tiene ese sambenito de que busca la originalidad? Se podría hablar mucho de ese tema, de hecho en el Hartismo (http://www.hartismo.com) es un tema habitual de debate. Pero para entenderlo mejor podríamos hablar de la imagen popular de la ciencia entre la gente que tiene menos cultura. Para un desinformado la pseudociencia y la ciencia se tocan y no diferencia ambas disciplinas. No les hables de método científico ni falsabilidad, ni zarandajas. Si uno mira el feisbu cualquier día se encuentra artículos de dudoso origen en los que se habla de “conciencia cuántica” o de “diseño inteligente” como una teoría científica más. Lo llamativo vende más. Así, cuando un chalao recupera una teoría viejuna de algún científico, le da dos vueltas mal dadas -sin el mínimo rigor- y le da un nombre llamativo, mucha de esta gente con poca cultura científica y/o puede que con pocas luces, se agarra a lo sorprendente, llamativo… original.
    Si encima tenemos en cuenta que los medios suelen aumentar el nivel de confusión más que aclararlo, tenemos ahí el caldo de cultivo para las mayores mentiras, que un científico será el primero en refutar. Pero el marketing sigue haciendo que Boiron, por ejemplo, se forre, o que cada vez encontremos más vídeos en yutú con chaladuras como la “Tierra hueca” o la mecánica cuántica mencionada en los folletos de coaching vital.

    Pues en el mundo del arte no es ya que el arte en sí sea un perfecto desconocido. Es que se desprecia, y se intenta destruir por todos los medios. Basta leer las tristes noticias sobre la destrucción del patrimonio artístico, los saqueos y bombardeos de ciudades y museos en la cuna de la Civilización -que continúan a buen ritmo- y la omnipresente ola de chapucerismo que representa muy bien el Cristo que armaron en Borja.

    En arte, el pseudo-arte no sólo ya es indiferenciable del arte, sino que prácticamente le ha ganado la partida. Algunos tenemos la esperanza de que la moda sea pasajera, pero el urinario de Duchamp va a cumplir 100 años ya. Cualquier sistema económico tiene su arte oficial. Y desgraciadamente, el Capitalismo, con su “¡Nuevo!” para vendernos cualquier cosa, ha tergiversado el papel de la novedad en el arte. NO es importante, ni siquiera es un punto a tener en cuenta. ¿Es que el arte egipcio no era arte? Pues se repetía más que el ajo. El capitalismo avanzado, el sistema neoliberal ha impuesto un arte puramente especulatorio que encandila con la fama y el dinero a los artistas emergentes, que visto lo que ofrece el “lado oscuro” ni de coña se disciplinan como los Jedi. El típico alumno de Bellas Artes que siempre quiso dibujar pero que -en fin, admitámoslo- no es precisamente un genio, llega a la facultad con ganas de aprender técnica. Pero en seguida los cantos de sirena lo llevan a creerse que las pocas horas de modelo vivo que practicó en primero de carrera son más que suficientes. No ahonda más, porque los profesores les hacen convencerse de que la idea, el concepto, es lo importante. Que despreciando la forma, y por tanto la técnica, la representación, etc, y simplemente aprendiendo a vender sus ocurrencias pueden llegar al “buen arte”.

    En fin, me ha salido un tocho de cuidado. Supongo que estar sin dormir y con fiebre por esta mierda de gripe que he pillado me provoca esta escritorralgia.

    En mi blog zombi “Lérias Várias” trato la cuestión de la originalidad en varios artículos, como el enlace del principio:
    ¿La originalidad como motor del arte?

    En esta búsqueda hay algunos artículos más sobre el tema.

  11. divulgadorherbivoro 22 marzo 2014 / 23:02

    Muy bueno el post. Y muy bueno el matizar como puede ser de tedioso el proceso de recogida de datos.

    Solo hay una cosa que comentar: considero que actualmente se está abusando excesivamente de la filogenia molecular. En tu caso, confirmaste mediante el análisis de la secuencia de dna que eran distintas, algo que ya creías aunque tenías tus dudas por las formas intermedias. Pero hay casos en que se diferencian especie solamente por el análisis genético, aunque sean morfológicamente iguales, y con el tiempo se encuentran híbridos, resultando ser subespecies. Lo digo, porque el hecho de diferenciar entre especies no suele ser arbitrario, pero considero que sí lo es decidir el % de diferencia genética que indica cuando son especies distintas. Es posible que entre distintos grupos de seres vivos, el porcentaje necesario sea distinto.

    No sé si se entiende donde quiero llegar: quiero decir que no se puede basar la diferenciación de especies solamente en la genética (obviamente importa), sino en otras características que ayuden al aislamiento genético de las especies. Si hay hibridación, no deberían ser especies distintas.

    Es posible que me haya quedado con una idea de especie que actualmente esté invalidada por el cada vez mayor número de híbridos fértiles, pero si se mantiene la idea de que una especie implica individuos de una población que solo se pueden reproducir entre ellos, habría que tener en cuenta el máximo de factores posibles (morfológico, distribución, etológico, sexual…) y no solo el genético (del que se abusa desde mi humilde punto de vista).

    Dicho esto, felicitarte por el post y por como has transmitido la pasión que sentiste en ese momento. ¡Saludos!

  12. Anónimo 23 marzo 2014 / 12:43

    Me he sentido totalmente identificada con el proceso, a mí que estoy acabando la tesis todavía no me ha llegado mi gel inspirador. Nadamos en aguas procelosas confundidios por resultados de los que no estamos muy seguros.
    Ultimamente he leído “Cause and Correlation in Biology” de Bill Shipley y estoy fascinada con una metáfora sobre las causas y las relaciones que observamos.
    Los procesos que causan las observaciones que medimos son meras sombras, sombras parecidas a las del teatro de sombras de Malasia. En el teatro lo que los espectadores ven no son los actores, ni siquiera son las marionetas manejadas por los actores, son las sombras que proyectan las marionetas en una sábana blanca.
    Cuando observamos la naturaleza vemos sombras e intuimos los procesos que las causan, sabemos que los procesos están ahí, pero muchas veces nos sentimos impotentes frente a sombras borrosas cuyo origen no es claro. En el teatro de sombras de Malasia los titiriteros se encargan de que las sombras sean nítidas, de que estén enmarcadas en un contexto que clarifique el significado de cada una de ellas. Nosotros somos muchas veces espectadores atónitos enfrentamos a sombras que poco esclarecedoras. Por eso es tan emocionante tener una señal clara, una que nos de una pista, que marque un camino hacia el que dirigir la siguiente pregunta.

  13. Copépodo 23 marzo 2014 / 22:55

    Anxova: ¡Pedazo de comentario que te has marcado! Muchas gracias, me ha encantado. Creo que formulé mal lo que quería decir antes con “originalidad”, al menos estoy de acuerdo, como creo que he reflejado, en que ninguno de los dos trabajos consiste en llegar por la mañana y pensar “a ver qué se me ocurre hoy”. Trabajo constante, de hormiga, técnica depurada, meticulosa, eso es el día a día. Plantearse el problema de cómo llegar del punto A al B cuando no hay receta previa, sospecho que pasa de vez en cuando en ambos ambientes, pero no es la norma. ¿Podríamos decir que la originalidad está sobrevalorada? Tu comentario me ha hecho pensar en lo que me irrita por ejemplo que ciertas convocatorias de proyectos valoren cómo de “transformadora” es la idea de una propuesta. Cómo ésta puede cambiar la ciencia en sí, expandir horizontes y blablabla. Me irrita por varias razones. La primera porque impide la normalización de ser científico como un oficio “normal”. Se te empuja a ser un revolucionario constante (cosa que obviamente no se puede aplicar a todos a la vez, ni podemos estar inventando la rueda cada año). Es más, es que pongo en duda que sea deseable ser una “superestrella” de la ciencia, pero es que aquí nos topamos con otro de los problemas, que es el de la valoración de las revistas y sus índices de impacto. Curiosamente vuelve a haber un paralelislo con el arte, porque este sería el equivalente de lo “famoso” que eres. Sin embargo, porque algo esté publicado en Nature, Science o PNAS, no necesariamente su “técnica” tiene por qué ser más depurada o de mejor calidad. Podríamos hacer correr ríos de tinta sobre este tema, pero me ha gustado ver un nuevo paralelismo con el arte aquí, porque de hecho el problema con el impacto de las revistas es de tipo burbujil-capitalista también (la fe en el crecimiento perpetuo).
    Muchas gracias, y visitaré esos enlaces.

    Divulgadorherbivoro: Sí, sé dónde quieres llegar y tienes toda la razón. Lo mismo en el texto no ha quedado claro (aunque tampoco va de eso), pero de ninguna manera el “criterio molecular” si es que existiese algo así, es la respuesta absoluta a la hora de delimitar especies. Tiene muchísimas limitaciones y se aplica con frecuencia muy mal. En esto también podría extenderme mucho, quizá en el próximo post pueda, pero decidir que un tanto % de diferencia delimita especies es una tontería. Muchos defensores de los “códigos de barras” tienen esa forma reduccionista de ver el dilema de las especies, incapaces de asumirlo en profundidad. Una revisión taxonómica normal puede incluir cientos de especímenes para cada taxón, raro es el estudio filogenético en el que meten más de diez. ¿Así cómo narices vas a abarcar toda la variabilidad? Eso por no hablar de las propias limitaciones del método en sí. La Máxima Verosimilitud y la Inferencia Bayesiana son estimaciones probabilísticas con unas asunciones previas muy potentes que no tienen por qué cumplirse, pero la gente ve un árbol basado en una porción mínima del genoma y se cree que está viendo “EL árbol”, etc etc. Habría mucho de qué hablar, como digo y estoy de acuerdo contigo.

    Anónimo: ¡Muy platónico te ha quedado eso de las sombras! Pero sí, claro, al final lo que buscas son pruebas indirectas. En el caso de reconstruir la evolución puedes incluso tener la certeza de que nunca estarás seguro de tener larzón (certeza de incertidumbre, o algo así, si es que tiene sentido), porque nunca podrás comprobar directamente un hecho contingente del pasado del que solo quedan, como bien dices, proyecciones, sombras, efectos secundarios.

  14. pvaldes 24 marzo 2014 / 14:06

    Desde el profundo desconocimiento, pero con muchas ganas de fastidiar. O al menos ampliar el punto de vista de otros organismos pluricelulares, porque soy asín de majo

    ¿Como valoras o descartas la posibilidad de que ese musgo con un genoma más grande no sea simplemente un musgo normal que haya incluido genoma de un virus que haya pillado en plan catarrín? El ser humano está incluyendo virus de tipo herpes en su código genético constantemente. Se acantonan en varias ceĺulas. ¿porque tu musgo nuevo no puede ser un caso similar ¿einnnn?

    ahí queda eso

    Síp, ya me han dicho antes que como “refery” soy un gran grano en el culete. Ya ni se atreven a llamarme XDDD

  15. pvaldes 24 marzo 2014 / 14:09

    Y donde digo “virus” puedes leer “plasmido” perfectamente

    en garde monsieur Copepod!

  16. Copépodo 24 marzo 2014 / 15:07

    Ay, Pvaldes, ¡Ojalá todos los revisores hicieran preguntas tan fáciles! Acepto el desafío. Pasaré por alto algunas expresiones con poco significado como “musgo normal” y vayamos al problema central, que es que planteas mal la pregunta. La hipótesis que queremos comprobar es si esos dos conjuntos de poblaciones pertenecen a especies distintas, (no que tal inserción sea o no un trasposón). Eso lo que quiere decir es que queremos comprobar si ambos conjuntos son linajes que tienen historias evolutivas independientes. Es imposible la comprobación directa porque no existen las máquinas del tiempo que nos permitan ir al pasado a ser testigos de lo que ocurrió, así que nos basamos en posibles efectos de esa historia independiente, a saber: la acumulación de rasgos, mutaciones, “huellas” del paso del tiempo que hayan afectado de forma diferencial a uno y otro linaje, bien sean conjuntos de caracteres morfológicos coherentes y estables, bien mutaciones de cualquier tipo (inserciones incluidas, independientemente del origen).

    En otras palabras: no importa que la inserción de esa región del genoma sea vírica o mediopensionista, lo importante es que es que con toda probabilidad ocurrió en algún antepasado de O. norrisii no compartido por O. coulteri, y a efectos de la hipótesis que nos ocupa, eso es lo relevante. Los caracteres (morfológicos o moleculares) no son lo que define una especie, son los indicios que la atestiguan: O. norrisii y O. coulteri no son dos especies distintas porque muestren tales o cuales caracteres, sino que muestran tales o cuales caracteres porque son especies distintas, que no es exactamente lo mismo.

    De todas formas, tengo que insistir una vez más en que este gel no demuestra ni demostró nada, en primer lugar porque la descripción de O. norrisii ya se había hecho y publicado tras una adecuada revisión taxonómica de cientos de especímenes, y en segundo lugar, porque la ratificación molecular vino dada por resultados consistentes del estudio de las secuencias (no los geles) cuatro regiones del genoma del cloroplasto y dos del núcleo que apuntaban inequívocamente hacia la misma dirección (dos especies), usando más especímenes de los que salen en este gel.

  17. felix moronta 24 marzo 2014 / 17:05

    He quedado MARAVILLADO con esta entrada, copépodo. D hecho, mientras leía pensaba: “he sentido eso; lo entiendo; sé cómo se debe haber sentido…” incluso sería genial hacer un compendio de epifanías científicas. Es tremendamente interesante concer el contexto en el que se dan los descubrimientos. Confieso que trabajaré en la mía.

    Saludos.

  18. pvaldes 25 marzo 2014 / 10:48

    Ese último párrafo ya me gusta más. Lo digo porque la genética está bien, pero no puede ser la nueva religión, debe de ser interpretada y hay mucho que interpretar.

    Dices que ambas especies ocurren en el mismo lugar, a la vez, en poblaciones mezcladas y que una tiene una pequeña cantidad de ADN mayor que la otras. Bien, eso en principio puede sugerir que son dos especies distintas, pero cuidado. De entrada debería tratar de examinarse si esos musgos son fértiles y no un callejón evolutivo sin salida (o con una salida de emergencia meramente vegetativa).

    La cantidad de ADN puede variar dentro de la misma especie, y bastante.

    Ejemplo: Las personas con síndrome de Down tienen mucha más cantidad de ADN que el digamos “humano tipo” y rasgos morfológicos claramente identificativos e identitarios. Todos pertenecemos a la misma especie, de eso no cabe duda. ¿Es posible que algo similar ocurra en una planta al reproducirse sexualmente?

    No solo es posible sino que está ocurriendo “todo el tiempo”. La gente debería tener en mente que hay que estudiar el cariotipo con más detalle, mirar muchas cosas y hacer un trabajo bastante exhaustivo (como el que comentas), antes de llegar a estas conclusiones.

    Sino pasa lo que pasa, que proliferan los sinónimos y luego los botánicos no paran de cambiar los nombres a las cosas.

  19. pvaldes 25 marzo 2014 / 10:56

    La persona A y la persona B no son dos especies distintas porque muestren tales o cuales caracteres, sino que muestran tales o cuales caracteres porque son especies distintas

    Y esa frase (modificada con el ejemplo que indico) es un ejemplo de lo que comento de tener cuidado con las nuevas religiones. El argumento simplemente pasa por alto (bordeando el asunto) que A y B no tienen porqué ser especies distintas.

  20. Copépodo 25 marzo 2014 / 21:28

    Pvaldes: Está muy bien lo que puntualizas, pero puedes comprobar en el texto del post que en ningún momento caigo en ninguna de las insinuaciones que mencionas y me cuido de dejarlo claro. El valor del dato de la inserción que se aprecia en O. norrisii en este gel fue a nivel personal: la primera confirmación de que la revisión taxonómica se veía reflejada en datos independientes de observaciones al microscopio. De ahí la “epifanía”. Creo que he insistido bastante en el texto y en los comentarios (lee por ejemplo el tercer párrafo después de la última foto) en que no fue un momento “eureka”, y en que la especie ya estaba incluso publicada sin necesidad de datos moleculares. Eso sí: me dejaron muy tranquilo y me hicieron ver los beneficios de combinar datos de distintas procedencias. Esa era la cuestión a tratar.

    Sobre lo demás: nadie ha dicho que tener más o menos ADN demuestre ningún estatus taxonómico distinto por sí, obviamente es mucho más complejo, y ambos podemos pensar en casos en los que es así y casos en los que no (como contraejemplo, una poliploidización puede implicar un suceso de especiación inmediata que, incluso a igualdad de “secuencias”, sólo se diferenciaría genéticamente en la “cantidad” de ADN).

    También tengo un “pero” que poner a eso de que haya que comprobar la fertilidad (sexual, entiendo) de los organismos que se estudian, lo primero porque esto es algo que se puede inferir de forma indirecta (no siempre es materialmente posible hacer ese tipo de experimentos), y lo segundo, porque tengo que repetir por milésima vez que el concepto biológico de especie no es la panacea que la gente se cree, ni un criterio claro, pero me repito demasiado con ese tema:
    http://mappingignorance.org/2013/06/13/speciation-beyond-sexuality-critiques-to-the-biological-species-concept/
    En resumen: el aislamiento reproductivo no es una prueba indiscutible de nada

    Sobre las limitaciones de la filogenia molecular, ya lo empecé a comentar en otros posts:
    https://copepodo.wordpress.com/2010/09/21/cuento-de-taxonomia-tolkiana/
    https://copepodo.wordpress.com/2013/02/04/desmintiendo-mitos-y-leyendas-de-la-taxonomia-version-beta/
    Aunque espero escribir más sobre ello pronto.

  21. Boca Rana 29 marzo 2014 / 3:45

    Respecto de Darwin y los cirrípedos, hace mucho que pienso que Darwin descubrió la evolución en las Galápagos o poco antes (me decanto más por poco antes) y que la mayor parte de su trayectoria posterior la dedicó a forjarse un nombre suficientemente respetable (a nivel científico) como para que nadie se burlara de él como de su abuelo Erasmus.

  22. orab 2 abril 2014 / 6:48

    y después de esta revelación, explícanos como conseguiste tener novia.

  23. pipistrellum 15 abril 2014 / 9:37

    No puede aportar mucho en estos comentarios pero algo si poco relacionado con el tema

    Anxova dijo:
    y la omnipresente ola de chapucerismo que representa muy bien el Cristo que armaron en Borja.

    No sé muy bien a que te refierese si a como quedo la pintura o el despliegue informativo que hicieron.

    Se ha hablado muchisimas horas del tema no se ha aclarado el tema a pesar de que la señora lo aclaro en minuto y medio en una entrevista en la tele.

    Ella mostrado cuadros de ella en la tele y son una maravilla.

    Segun cuenta, el muro donde se hizo la pintura al fresco no se preparó bien y con el tiempo se chupaba la pintura. Tal vez el pintor no tenia pensado hacerla durar 100 años.
    El caso es que para reducir ese problema saturo la pintura con mucho pigmento y la dejo esperar para que fuese chupando. Como no tenia prisa y le salio un viaje, lo aprovechó.
    Cuando volvio el Cristo informativo ya se habia formado.
    Segun recuerdo, ya habia restaurado el mismo Cristo 2 o 3 veces, yo creo que si no lo hiciese bien alguien se habria dado cuenta.

    Un poquillo explica este video:
    Please allow to Cecilia Giménez to complete her picture of Jesus!

  24. anxova 17 abril 2014 / 3:10

    Gracias, pipistrellum por el enlace, pero francamente lo veo muy cogido por los pelos. Yo soy pintor, y además he estudiado restauración como especialidad en Bellas Artes, y lo de Cecilia, por muy bienintencionado que fuese por su parte no deja de ser la típica chapuza que suele hacerse con el beneplácito del cura de turno.
    En el vídeo que pones en el enlace se ve que el hábil photoshopeador hace lo imposible por conseguir un resultado decente sobre la base del monstrum eccehomensis pero desde el principio se ve que la “base desplaza el rostro hacia abajo y hacia la izquierda de forma ostensible. La imagen final adapta los rasgos de la imagen original al contorno deforme de la imagen de la señora Cecilia como puede y resulta patética la deformación obtenida.

    Por otra parte en el trabajo de photoshop es evidente que el artista trabaja sobre un modelo del Ecce Homo original, probablemente teniéndolo presente todo el rato. Pero Cecilia simplemente repintó sobre el rostro original -como suele hacerse, sólo que con mejores resultados y otro tipo de materiales- pero “se le fue la mano” y perdió la guía de los trazos originales.

    Restaurar un rostro como el del Ecce Homo a base de repintar -y no sólo reintegrar lo perdido- es sumamente difícil. Lo podría hacer con cierta soltura el pintor original o bien un pintor de calidad equivalente. Pero francamente, no he visto ninguna obra de Cecilia que indique tal maestría.

    De hecho, una pintura que está bastante decente y se suele atribuir a Cecilia es en realidad la ganadora del concurso de pintura “Cecilia Jiménez” (!): Ernest Descals: http://ernestdescals.blogspot.com.es/2013/05/concurso-pintura-cecilia-gimenez.html

    Lo que pinta Cecilia, aún con su mejor intención, no pasa de naïf. Tampoco se le pide más:
    http://www.clarin.com/sociedad/restauradora-Borja-vuelve-pintar_0_962303839.html

    Lo de que la pintura original estaba deteriorada ya lo dijo hasta la saciedad la prensa. Y que había intervenido un par de veces anteriormente también, pero nunca en el conjunto, sino en partes pequeñas.

    ——-

    En todo caso lo que a mí me parece escandaloso de todo esto es que se le dé tanta importancia a esto, hasta el punto de que esta señora sea ya toda una celebridad internacional. En cambio, los buenos pintores y los buenos restauradores mueren de asco.

  25. pipistrellum 22 abril 2014 / 15:45

    Gracias, por tu opinion Anxova.
    He visto otro post en tu blog y me han interesado mucho. Lo seguire mirando.

    Perdona por la tardanza en contestar.

  26. anxova 22 abril 2014 / 23:56

    De nada, y gracias también. Un placer poder charlar de estas cosas.

  27. Almendruquen 1 septiembre 2014 / 12:51

    Siempre es un verdadero placer leerte Copépodo. Interesantísimos post y grandes discusiones en los comentarios, sí señor.

    Te leo a menudo pero no suelo comentar, principalmente porque a pesar de ser biólogo leerte me hace sentir muy ignorante y con falta de perspectiva, cosa que esperemos, vaya adquiriendo con el tiempo.

    A lo que voy que me pongo romántico, ¿podrías explicar ese equilibrado mágico de 7 tubos en una centrífuga de 24?, me ha sorprendido y no termino de verlo. Si no lo pregunto reviento.

    Besos y abrazos.

  28. Copépodo 2 septiembre 2014 / 22:27

    Almendruquen: siempre me alegro mucho de que lectores añejos pero de incógnito se animen a comentar, así que muchas gracias por participar. Agradeceremos al asunto de los siete tubos que te haya picado la curiosidad hasta ese punto. Tú simplemente ten en cuenta que las fuerzas centrífugas en la ídem son vectores, y mientras al final todos ellos estén anulados, la centrífuga estará equilibrada. Lo que yo hago si quiero poner 7 tubos: primero equilibro tres (en ángulos de 120º, lo que en rotores de 24 espacios significa dejar 7 vacíos entre tubo y tubo) y luego voy poniendo el resto en pares enfrentados que estén libres. Siempre puedes tirar de chuleta:
    http://openwetware.org/images/thumb/4/46/Centrifuge_Rotor_Schema.png/400px-Centrifuge_Rotor_Schema.png pero puedes improvisarlo en cada momento. ¡Y vuelve cuando quieras!

  29. Almendruquen 5 septiembre 2014 / 12:53

    ¡Muchas gracias por la respuesta! Hice intento de dibujarlo pero no estaba muy seguro de estar en lo correcto, muy didáctico el link, un colega físico me invitó a hallar el centro de masas de los dibujos, lo cuál desestimé. :3
    Me iré animando poco a poco a ir comentando ;)
    Un saludo

  30. Anónimo 10 septiembre 2015 / 15:52

    Después de leer, siento como deber moral decirlo:
    Qué buen post y comentarios!

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