Divagación sobre el libro electrónico en general y el kindle en particular


En el que se cuentan a destiempo las virtudes y los vicios de un ingenio adquirido hace dos años como si fuera cosa novedosa y merecedora de interés a pesar de tratarse de una cuestión conocida por todos y de debate obsoleto

Lo he dicho varias veces, pero me voy a repetir: echo de menos mis libros. “Sufro” pensando que están metidos en cajas en un garaje en lugar de junto a mí, como les corresponde. Me acuerdo de ellos a menudo, y en muchas ocasiones he echado en falta alguno en concreto que hubiese necesitado consultar. Otras muchas veces simplemente echo de menos tenerlos ahí. Me he dado cuenta de que antes, cuando estaba en casa sin nada en concreto que hacer, matando el tiempo, a veces simplemente me plantaba frente a una estantería y me ponía a navegar por los lomos, a veces incluso acariciándolos con la mano además de con la mirada, o incluso accediendo al segundo (y a veces hasta el tercer) nivel de profundidad de las baldas más pobladas, como quien pasa revista a un batallón, cediendo de vez en cuando al impulso de elegir a uno de ellos sólo por el gusto de releer algún capítulo suelto, alguna frase, comprobar alguna ilustración, algún dato, o lo que fuese. A veces la inspección duraba sólo unos segundos, y otras veces me quedaba con ganas de más, y el libro en cuestión pasaba a la mesilla de noche o al escritorio para una relectura parcial o total. La mayor parte de las veces el gesto se repetía unas cuantas veces hasta dejarme satisfecho o hasta que tuviese que ponerme con otra cosa.

Nunca vi como una actividad productiva estos ataques de vagabundeo literario, sino más bien un resultado de mi indecisión, pero ahora que llevo, literalmente, años sin poder hacerlo me doy cuenta de cómo esos momentos a la deriva tenían un efecto sedante e inspirador. Esta es una de las cosas que estoy aprendiendo con su ausencia: es cierto que una biblioteca es un conjunto de libros (o sea, de textos), pero para mí existe un valor añadido en el hecho de que se trata de una acumulación de objetos físicos.

No es sólo que eche de menos acceder a tal o cuál texto en un momento dado, es la sensación de estar frente a un muro de libros la que ya de por sí tenía un efecto en mí, un efecto quizá de vanidad, porque cada uno de esos libros tiene un origen, una historia y una razón que explica su presencia. Una biblioteca personal es el producto de un proceso interminable y continuado, un legado, un registro y una gran inversión de tiempo (y dinero) para seleccionar los libros que acaban siendo un reflejo de tu vida. Estoy seguro de que muchos entendéis perfectamente lo que digo, y ni siquiera concebís la posibilidad de que yo escogiese un libro de vuestra estantería sin que pudiéseis decir cómo llegó a vosotros, o que intercalara un intruso sin que lo detectarais casi inmediatamente al primer vistazo ¿verdad?

Pero la cuestión es que hubo que cruzar el charco y que no me pude llevar a mis libros conmigo. Movido por la incertidumbre del nomadismo postdoctoril, decidí que lo sabio era no adquirir más libros en papel hasta que no supiera dónde iba a poner el huevo (propósito que, como sabéis, he incumplido en alguna que otra ocasión). Así que la idea de conseguir un libro electrónico que me permitiera seguir leyendo sin necesidad de acumular papel se presentó como la solución natural.

Sin hacer mucha investigación, me agencié un kindle para ir tirando a finales de 2012. El debate sobre libro en papel y el libro electrónico es ya muy añejo y sé que no voy a decir nada nuevo, pero como este es mi bloj y lo sodomizo cuando quiero, hoy voy a hacer balance de lo que opino de este artilugio, aunque sea un post digno de haberse escrito en 2008. Consideradlo un detalle vintage de DDUC.

En general estoy muy satisfecho con la compra. No voy a decir lo que todo el mundo sabe: la pantalla se lee muy bien, puedes acumular más libros de los que puedes leer en toda tu vida sin que te ocupe apenas espacio y los precios de los libros (al menos en EE.UU.) son casi siempre razonables. El libro electrónico además facilita algunos detalles imposibles en el papel (como buscar palabras en el diccionario inmediatamente) y mantiene el tipo en lo que respecta a subrayados y notas. En este sentido, el kindle ha cumplido con su propósito y está ya amortizado aunque espero que siga funcionando por muchos, muchos años más.

Pero.

Sí, hay peros, y no querría que se confundieran con los típicos peros nostálgicos de quienes simplemente prefieren el papel: ya he reconocido que me gusta el papel, pero realmente tenía grandes esperanzas en el libro electrónico, no sólo como una solución a mis problemas transitorios, sino que de verdad veía en él una posible alternativa. Ante todo no quería adoptar actitudes numantinas. No quería ser como el monje de este vídeo.

Pero a pesar de haberme lanzado al mundo kindle con los brazos abiertos, la experiencia ha sido algo decepcionante. Quiero decir que soy totalmente consciente de las ventajas del libro electrónico y de que no tiene sentido resistirse a él. Por supuesto que perderemos algo con la transición, igual que lo perdimos con la fotografía digital, pero en general el potencial es enorme y prometedor. Los peros que le veo son siempre porque no es lo suficientemente bueno (¿aún?), porque de hecho en muchos aspectos el libro electrónico me parece más volver al rollo de papiro que el siguiente paso en la evolución de los libros.

Para empezar es frustrante lo torpe que es pasar páginas. El cacharro está pensado sólo para pasarlas de una en una, pero no hay nada equivalente al salto que se dió, precisamente, a la hora de pasar del rollo al libro por páginas. Los menús del índice y los accesos rápidos son insoportablemente penosos de utilizar, a base de teclitas. La clasificación de las obras resulta también un poco encorsetada, creo que se podrían haber hecho cosas mejores que un simple sistema de carpetas. No sé si las pantallas táctiles solucionan estos asuntos, o si los nuevos modelos son más ágiles, pero si me ciño al mío, me da que quedó por resolver.

Lo siguiente, y quizá más importante, es que con demasiada frecuencia, incluso las supuestas versiones hechas (o mejor dicho, adaptadas) expresamente para kindle tienen una edición pésima, con erratas, letras de más o de menos y a veces incluso con cagadas como los pies de página integrados en el texto y cosas por el estilo. Como si nadie le hubiese dedicado ni un momento a comprobar que todo está en su sitio y por el contrario fuese el resultado de un volcado sin ningún tipo de cuidado de un archivo a otro. Por supuesto ya ni siquiera hablamos de la misión imposible de convertir de forma mínimamente decente algo como un pdf o un archivo de texto en algo decentemente legible en kindle o en cualquier otro libro electrónico, algo que sigue siendo la gran asignatura pendiente. De nuevo, esto puede ser sólo una limitación técnica que quizá algún día se arregle y tengamos la versatilidad necesaria para que los libros electrónicos puedan usarse para multitud de formatos.

Otro problema importante es que los kindle y similares están pensados únicamente para libros sólo con texto. En el momento en el que trates con un libro un poco menos convencional (una guía de viajes o un libro que tenga alguna ilustración, por sencilla que sea) el resultado de la edición es casi sin excepción, desastroso. En el viaje a California me llevé en el kindle varias guías de viaje, supuestamente en edición especial para kindle, y resultó un timo manifiesto (mapas inaccesibles, deficiente maquetación y funcionamiento de los enlaces, y la ya comentada torpeza a la hora de moverse rápidamente entre páginas).

Yo le veía bastante potencial, además, en el caso de las guías de campo: en lugar de llevar la mochila a reventar de libros, en un sólo cacharrín puedes llevar floras completas y obras de consulta. Como idea sigue siendo uno de los sueños húmedos naturalistas, pero el kindle y libros electrónicos similares no son en absoluto la solución. Quizá una tableta (ya diréis los que la uséis) sea el dispositivo más adecuado para este tipo de obras (aunque tiene sus propios problemas), pero en lo que respecta al libro electrónico, aún hay mucho, mucho que mejorar en esa dirección.

Y esto me lleva a mi principal preocupación: los libros electrónicos no dejan de ser dispositivos que están sujetos al mismo ciclo de consumo que cualquier otro cacharrín, y mucho me temo que el papel es mucho más perdurable que los bits. Hemos tenido quizá cierta tendencia a creer que los datos están mucho más seguros en discos duros que en otros formatos, y yo cada vez estoy más convencido de que no es así. Si hoy compras un libro en papel, es bastante probable que dentro de 20 años, salvo accidente, ese libro todavía lo tengas y lo puedas leer como el primer día. Francamente, dudo mucho que ninguno de los libros que he comprado con el kindle sigan accesibles para mí en 20 años, a no ser que dedique a ello tiempo y seguramente, dinero. Puedo verme a mí mismo en pocos años actualizando a un nuevo kindle, porque el mío deja de estar “mantenido” por Amazon, teniendo el secular problema que ya vimos con el vídeo (Beta-VHS-CD-DVD-BluRay o lo que sea). Con suerte, el empaquetado de los libros antiguos y la transferencia al nuevo dispositivo será fácil, pero a estas alturas a ninguno nos sorprendería que si de verdad quieres trasladar toda la biblioteca se te exija cierta dedicación en tiempo o dinero. Veo más plausible que se te diga que no tiene mucho sentido almacenar libros electrónicos dado lo accesibles que son en internet antes de que realmente se garantice la permanencia de un libro en formato mobi a medio y largo plazo.

Ya no es sólo por el formato privativo del kindle (propiedad de Amazon), que sería otro asunto a debatir, y no menor, sino más bien la experiencia que todos tenemos acumulada de que los archivos multimedia no están llamados a durar mucho tiempo. Si intentas hacer el mismo ejercicio propuesto con un libro que compraste hace años y abres hoy un archivo de vídeo de hace sólo una década, es probable que no lo consigas porque los códecs son distintos, que sea directamente irreconocible por el software actual. Si buceas por los estratos más profundos de tu disco duro, esos que han ido pasando de un ordenador a otro desde, literalmente, el siglo pasado, no es raro que muchos estén corruptos y no valgan para nada. Eso por no hablar de si tuviste la ideaca de hacer algún coleccionable en CDs, inaccesible desde hace cuatro sistemas operativos, pese a la ilusión con la que lo conseguiste, pensando en que el silicio es la garantía de la eternidad.

Tal y como yo lo veo, el problema de estos dispositivos es cómo están enfocados como objetos de consumo, no como una manera de acceder a una colección hecha para perdurar. De ninguno de ellos se espera que sea un bien permanente, que dure toda una vida. La tecnología avanza tan rápido que el instrumento acaba acaparando el protagonismo frente al contenido, y esto es un problema en el caso de los libros. Los problemas asociados a los cambios de formato no son ninguna novedad, llevamos décadas lidiando con ellos en música o cine, no hay más que pensar en todas las transiciones que hemos vivido, que han sido muchas. Si bien los verdaderos melómanos y cinéfilos se las han apañado siempre para conservar sus colecciones, la gran, la inmensa ventaja de los libros es que lleva, literalmente, siglos, siendo independiente del formato. Eso es valiosísimo, una capacidad a la que es muy difícil de renunciar.

No hay nada que nos impida leer hoy un libro impreso hace siglos. Puedo decir con poco miedo a equivocarme que (de nuevo, salvo trágico accidente), mis libros en papel me sobrevivirán, y seguirán siendo legibles cuando me muera y alguien los done o haga una fogata con ellos. No me atrevo a decir lo mismo de ninguna de las fotografía que tome hoy con la cámara. El papel parece frágil, pero comparado con conjuntos de bits que no sobreviven a una actualización del sistema operativo o a un nuevo modelo de dispositivo, es indestructible, versátil, eterno. Los libros dentro de un libro electrónico no están en última instancia bajo tu control, y no sólo porque mañana a Amazon se le crucen los cables y le dé por cerrar el chiringuito, que también, sino porque a fin de cuentas necesitas que un aparato interprete los bits por ti. Ese intermediario no hace falta con el papel. Quizá la cuestión de fondo es que el contenido de los libros electrónicos está más pensado como un artículo de consumo rápido, fácil de sustituir, y eso es lo que para mí ha sido más decepcionante. ¿Por qué preocuparse en editar en condiciones tal o cuál obra que tiene un mapa fundamental para seguir la trama (pero que ni se ve en el kindle) cuando en tres años este formato estará obsoleto y tendremos el kindle jarepéich capaz de hacerte la cena mientras lees? Hagámoslo rápido y cutre para poder sacarlo a la venta, y ya veremos después.

Esa mi conclusión, de momento, con esta experiencia: el kindle es una buena idea para acceder a muchos libros a precios razonables y librarse de acumulación de papel, o darte más versatilidad en viajes, y especialmente para adquirir libros que anticipas leer sólo una vez. Sin embargo, no compraría en versión electrónica un libro que deseara conservar “para toda la vida”. No es una simple cuestión de nostalgia, en términos de hacer una adquisición perdurable, creo que de momento, es lo más pragmático.

12 thoughts on “Divagación sobre el libro electrónico en general y el kindle en particular

  1. Borja 19 marzo 2015 / 22:20

    Un iPad, por ejemplo, no tiene esas limitaciones para ver imágenes. Los de Collins, de hecho, han sacado la famosa guía de aves de Svensson y además como aplicacion en lugar de libro, con algunas ventajas.

    Y la fundación E.O. Wilson ha publicado un libro estupendo llamado Life on Earth que además incluye vídeos y gráficos interactivos.

    Lo malo de un iPad o tableta en general es: batería, pantalla casi inútil al sol, más frágil, más caro.

  2. Copépodo 19 marzo 2015 / 22:28

    Sí, eso es exactamente a lo que me refería con lo de las guías de campo: piden una tableta, no un libro electrónico, pero entonces no disfrutas de batería duradera y de pantalla mate, y parece mucho mñas delicada que un libro electrónico. Ahí hay un espacio interesante que llenar, y no me cabe duda de que llegará, y estoy deseándolo, va a ser una gozada. Quizá incluso un dispositivo especialmente pensado para este tipo de actividades al aire libre, capaz de almacenar libros con formatos gráficos, usar GPS y mapas, etc. Una versión campera de una tableta.

    Gracias por la pista del Life on Earth, tengo que mirarlo

  3. Multivac42 20 marzo 2015 / 0:44

    Respecto a las limitaciones del kindle: si, es evidente, las hay. Muchas se solucionan con la tableta (el dispositivo que más uso ahora mismo, incluso para leer). Subrayar, tomar notas y pasar páginas es mucho más fácil que en el Kindle. Y los pdf se abren de maravilla, casi mejor que en el ordenador porque lo puedes poner vertical. Ni te digo ya cosas interactivas, con videos, graficos etc. Una gozada. El laboratorio de ornitología de Cornwell tiene una app que te caes de espaldas: con mapas, fotos, videos, el canto de las aves… PERO todos sabemos las limitaciones de la tableta, ya las habéis dicho. Estoy convencido de que el híbrido llegará, en cuanto se avance en las pantallas e-ink en color o cuando a Apple le de la gana hacer una pantalla retina mate que te cagas. No se si el libro electrónico ira a tableta o si la tableta irá hacia la pantalla mate, pero van a converger sin duda.

    Respecto a la fragilidad del bit, pues poco que decir. Estoy de acuerdo. En el caso concreto de Kindle es aún peor, porque en realidad no eres dueño de los libros, solo tienes derecho a leerlos. Amazon es la dueña, y podría borrarlos mañana si quisiera (otra cosa es que les denuncies, pero poder, pueden). Pero es que igual me equivoco, pero todos compramos en papel los libros que REALMENTE queremos conservar, no?

  4. Copépodo 20 marzo 2015 / 1:02

    Bueno, yo al principio no le veía nada malo a ir construyendo una biblioteca digital junto a la de papel, fue con el tiempo cuando me di cuenta de que no puedes confiar en conservar los libros digitales a largo plazo, así que sí, la conclusión es la misma: si lo quieres conservar, en papel.

    Las deficiencias frente a la tableta se dicen mucho, pero lo MALAS, patéticas y lamentables que son muchas de las ediciones en kindle fue una muy desagradable sorpresa. Es ahí donde se ve que el libro electrónico no se cuida nada, se entiende más como un consumible que como un artículo a conservar.

  5. Multivac42 20 marzo 2015 / 1:15

    En la mala calidad de las ediciones tienes toda la razón. A veces son ilegibles. Pero creo (y que alguien me corrija si no es así) que en muchos casos es porque se hacen en epub, y luego se pasan a formato Kindle. Pero no es una justificación, por supuesto

  6. Anónimo 22 marzo 2015 / 13:50

    Coincido con prácticamente todo lo expuesto. El libro en formato electrónico está en pañales. Se podría haber hecho mucho mejor, pero ha prevalecido el vender sí o sí a otro tipo de cosas. Para tomarse en serio el libro electrónico debería crearse un órgano que regulase qué formato usar como estándar, qué programas usar para visualizarlos, y que no te llegue una empresa como Amazon imponiendo lo que ella quiera.

    Otra cosa que para mí debería hacerse, es darle siempre al usuario la opción de poder acceder al libro que ha comprado. Esto no es una solución del todo, porque aunque se haga, si la empresa de turno cierra, adiós muy buenas. Además, estaría el inconveniente de crear algo así para tiendas más pequeñas. Por eso creo que el órgano encargado de los formatos, etcétera, debería hacerse cargo de tener una plataforma en la que tú por ejemplo compras un libro donde quieras, y éste se sincronice a una cuenta personal en la que tener a disposición todos los libros. Sólo con medidas así me inspirarían confianza para pensar, como dice el autor, que los libros electrónicos que compramos hoy estarán accesible dentro de 20 años. Que yo también lo dudo mucho, por cierto.

    Personalmente no compro en formato electrónico. Hoy por hoy, sigo comprando en papel.

  7. Whatever 23 marzo 2015 / 10:57

    Hola:

    He leído varios estudios que parecen confirmar, por el momento, que una lectura llevada a cabo en un soporte físico (en el sentido de papel) se retiene mejor que una en soporte digital, debido a que en el formato físico el texto ocupa siempre la misma posición y las páginas son mucho más accesibles rápidamente, de manera que nos formamos una idea mejor del lugar espaciotemporal que ocupan los elementos del texto (en el caso de libros en papel influyen factores hápticos como ponderar de forma casi inconsciente por qué lugar del libro vamos al tocar las páginas con los dedos).

    Quería preguntarte pues si tú mismo has observado esta diferencia en cuanto a la comprensión lectora en un formato y otro, o si por el contrario a nivel de recordar información y sentido te es indistinto un libro en papel y uno digital.

    Gracias.

  8. GUILLERMO GONZÁLEZ BORNAY 23 marzo 2015 / 10:58

    Yo es que no me acuerdo bien de lo que leo en los libros electrónicos, puedo tener textos en papel por la mesa y retornar a ellos, pero en los libros electrónicos no puedo, se me olvida la trama, pierdo el hilo. El libro de papel me da un contexto, el cachito de tira que señala, marcas, apuntes al margen a lápiz; no lo se, no me acostumbro al libro electrónico

  9. pipistrellum 24 marzo 2015 / 11:26

    Yo creo que hay un nicho muy importante para investigadores que buscan en libros antiguos.
    Me sorprende que alguna Universidad americana o simlar, no haya desarrrollado un lector para buscar en la hemeroteca. Ahorraria bastante en infrasctuctura.
    Ya hay visualizadores tipo microfilm para ver libros que no conviene tocar mucho o las hemeroteca para leer periiodicos pasados que se ven en las pelis. Yo no he visto ninguna, no se si existen en españa.
    Tambien hay servición robotizados de libros que permiten almacenar y traer el libro que pides.
    Un libro sofware se mejoraria la rapidez, la seguridad y los costes de estos servicios.

    Aunque supogo que esa función ya la suple el acceso a la biblio por internet y un lector solo añadiria la portabilidad. Un tablet añadiria bastante mas cosas en trabajo de campo por ejemplo. Recibir una respuesta a consulta por mail. Aceso a internet, Programabilidad total y no uso restrigido a un formato, etc.

    Tambien me sorprende que todavia no haya disponibe textos con ilustraciónes aunque sean en B/N. Una fusion con el movil ya haria un buen apaño. Podrias ver las imagenes en color o videos en el movil que no puedes ver en lector y al ser pequeño es menos fragil y mas ligero que un tablet.

    Esas cosas de arriba me parece que son cosas que son tecnicamente solventables y solo es cuestion de querer añadirlas.

    La Conexion Ojo-mano que nos hace humanos, yo creo que pierde parte de su versatilidad. Además creo que el manejo OJo-mano Mejora la asimilación y el aprendizaje como diche Whatever. Tambien pienso que es parte de la satisfacción que da la lectura de un libro de hojas. El numero de movimientos en un cacharro digital es mucho mas limitado y tal vez no sea algo superfluo.

    De todas formas, pienso en el tema de Las guias de campo los lectores de campo tienen muchas posibilidades, supongo que todavia no aprovechadas (portabilidad, duracion de bateria, volumen de texto e imagenes casi infinito, video y audio para identificar animales, Sistemas interacctivos como los arboles de decisión para guiarte hasta descubir el animal que buscas,…) No se hasta que punto la falta de color es un problema en una guia de campo. Obviamene se identifica mejor con colorines.

    Sobre los formatos en Fort Nox hay una reserva de medios digitales con el sofware para descrifrar los formatos de archivo digitales, por si se pierden en el futuro.
    Pero disquetes y CD grabados, no son nada de fiar para conservar información durante largo tiempo.

  10. Exseminarista ye-ye 25 marzo 2015 / 9:18

    Como estoy completamente de acuerdo pues sólo saludo que hace tiempo que no lo hacía.

    Salud y tal.

  11. Xema Romero 29 marzo 2015 / 10:45

    Joer, hace tiempo que no se nada de ti… pero veo quenos preocupan las mismas cuestiones… será que nos hacemos viejos?
    Un saludo!

  12. Rufo 10 abril 2015 / 23:29

    Hablas de un par de conceptos interesantes. Uno es ‘el aura’ de un objeto, algo que cualquiera de historia del arte, o en mi caso, diseño industrial, hemos estudiado. Es lo mismo por lo que La Mona Lisa original tiene ‘algo’ que no tiene una copia de ella, incluso aunque se tratase de una copia perfecta a nivel atómico. Y la misma razón, bastante en la linea de lo que dices, por la que muchas películas, aún a pesar de tenerlas descargadas (lease, pirateadas) en mi disco duro, fui decidiendo adquirirlas en el formato de turno (en ese caso, el DVD). Algo totalmente perceptual, sentimental, humano. Si, tener un libro *por el hecho de tenerlo*, efectivamente por poder tocarlo, mostrarlo, presumir de él, es algo que no va a pasar con la versión digital, que ojo, posiblemente uses y manipules mucho más a menudo en tu día a día (no pocas veces por no querer gastar, literalmente, la versión física e irremplazable). En fin, que ahí entiendo lo que dices.
    Con lo que me permito disentir, o al menos matizar, es con lo de la obsolescencia de los formatos digitales. Ni duda me cabe que el Kindle que adquiriste en 2012 es, con todas las consecuencias, una versión 1.0 de un producto al que le queda camino por recorrer. Aciertas plenamente en que en el desarrollo de productos la primera versión a la venta no es la completa (como diseñador y desarrollador, ojala fuera así), sino la primera mínimamente funcional y atractiva, por la demoledora realidad de que hay que obtener ingresos lo antes posible, y como bien dices, la idea acaba siendo un “ya sacaremos una versión 1.5, una 2.0, y tal, con más cosas”. Con lo que disiento es que haya una obsolescencia planificada, y no creas que en el mundo de la informática los desarrolladores son ajenos a este problema, pues ellos son los primeros afectados por problemas de retrocompatibildad. Todos sabemos muy bien que el mundo de la informática, aún teniendo décadas a sus espaldas, sigue avanzando una barbaridad, pero creo que también coincidirás, en que a nivel usuario, poco ha evolucionado su uso. Si, ahora tenemos móviles, o tablets, y un portátil para trabajar, pero no hacemos con ellos nada muy distinto de lo que hacíamos con nuestro ordenador de torre hace 15 años. Escuchar música, navegar, chatear, jugar… No tiene sentido no aprovechar los avances que nos da la tecnología (nuevos formatos para la distribución de películas, cada vez con mayor resolución; juegos con gráficos cada vez más realistas y espectaculares), pero por lo demás, ciertos formatos clave han alcanzado cierta madurez, y no hay quien los mueva de su sitio. Y si no, ahí van unos cuantos ejemplos: ¿que me dices del uso del jpg, aún cuando hay formatos de imagen que dan mejor calidad? ¿y la resurrección que ha pegado el glorioso gif en los últimos años? Otro ejemplo: el puerto USB. Apareció en 1996 como intento de solucionar todo el cacao que había de puertos paralelo, de serie, el del ratón… y míralo, ahí sigue acercándose a su versión 4.0, con unas tasas de transferencia bestiales, pero perfectamente compatible con una webcam que te compraste en 1998.
    En fin, que mi esperanza es que ciertas tecnologías alcancen una madurez (no creo que al blu-ray lo sustituya ningún otro formato físico, al menos en unos lustros), y empiecen a dejarnos descansar con tanto cambio de formato. Mientras tanto, copias de seguridad, y nube. Mucha nube.

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