Feed me!

Tenemos la suerte de que muchas floristerías y viveros incluyen en su oferta muchas especies populares de plantas carnívoras. Esto hace posible que podamos tener en casa macetas con dioneas, nepentes o droseras y comprobar de primera mano cómo funcionan sus adaptaciones destinadas a digerir animales y desmitificar el aspecto intimidatorio que se nos ha transmitido de estas plantas tan interesantes. A pesar de lo familiares que nos puedan resultar, hay que acordarse de que el origen de estas plantas está, obviamente, en la naturaleza, así que observarlas en su hábitat tiene un interés añadido.

Si os interesan las plantas carnívoras, quizá el este de Norteamérica sea el lugar del mundo más interesante, pues es aquí (sobre todo en latitudes relativamente bajas) donde se dan cita una gran mayoría de géneros carismáticos de carnívoras: es el hogar de Dionaea, el centro de radiación de Sarracenia, y se dan especies de Utricularia y Drosera, y en algunos lugares también se da Pinguicula. Tan sólo se echaría en falta el género Nepenthes (distribuido sobre todo en el sureste asiático) para tener agrupado, digamos, el elenco  de las carnívoras más famosas (faltarían algunas más, pero creo que estas son las más famosas).

La mayor parte de esta fiesta botánica me pilla un poco lejos, pero este año sí que quería sacarme una espinita y visitar a una de las especies más espectaculares de planta carnívora en su hábitat natural que sí que es autóctona en Connecticut. Se trata de Sarracenia purpurea, o como la llaman aquí, “pitcher plant” (la planta jarra). Las sarracenias son endémicas, como decía, de Norteamérica (sobre todo de su parte oriental), y esta especie en concreto es la más ampliamente distribuida y la única que se extiende por climas fríos, estando presente incluso en gran parte de Canadá, sin embargo, hasta la fecha sólo la había visto en jardines botánicos e invernaderos, ¡un error imperdonable teniéndolas tan accesibles!

Este fin de semana estuve en una turbera en el pueblo de Willington. La mayor parte de esta turbera estaba ya cubierta por arbustos, pero aún quedaba una zona despejada, recubierta por los musgos de turbera y matorrales bajos de ericáceas. Visitar una turbera como es debido normalmente implica descalzarse (o quedarse en sandalias) y prepararse para el agua, el barro y los mosquitos, pero siempre es garantía de pasar un buen rato.

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Aunque ya había estado en varias turberas por la zona sin encontrar la sarracenia, no esperaba el éxito de esta visita, pues esos enormes floripondios colgantes que veis son todos justamente de esta planta carnívora.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEspectacular paisaje

Sobre la flor volveremos luego, que tiene su miga, pero lo primero que quería ver eran las hojas de la planta, y me llamó mucho la atención así de entrada lo discretas que son comparadas con las flores. Acostumbrado a verlas en rosetas en los invernaderos, a primera vista costaba localizarlas, escondidas entre los esfagnos y dispersas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATrampa de Sarracenia purpurea, abriéndose entre el musgo de turbera

Esto me hizo pensar que si visité alguna turbera con sarracenias fuera de la época de floración quizá me pasaran desapercibidas, y también me hizo especialmente consciente de todo lo que nos perdemos cuando no vemos una planta “exótica” en su hábitat natural. En este caso porque las trampas de sarracenia viven rodeadas de musgos y otros arbustos y a menudo parecen asomarse entre la turbera más que estar sobre ellas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUna hoja de sarracenia, al completo

Pero vayamos a lo intereseante: pongamos en contexto por qué estas plantas habitan específicamente aquí y entendamos por qué hacen lo que hacen.

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Lo primero es lo básico: ¿Por qué necesitan algunas plantas algo de proteína animal en su dieta? La respuesta general a esta pregunta es que las plantas carnívoras han desarrollado estas adaptaciones como una respuesta a la vida en hábitats pobres en nitrógeno. En el caso particular de las turberas esto es así porque la presencia de los musgos de turbera acidifica el pH del agua hasta el punto de impedir la función de las bacterias descomponedoras. En resumen: la materia orgánica que cae en una turbera no se descompone con normalidad (de hecho, por eso es posible encontrar en las turberas restos vegetales con miles de años de antigüedad) y el nitrógeno no se libera como ocurre en la mayoría de los ambientes. Las plantas obtienen el carbono del aire, pero el nitrógeno deben absorberlo del suelo a través de las raíces, por eso las plantas de turbera tienen un déficit de nitrógeno, y por eso tiene sentido que muchas de las plantas carnívoras de todo el mundo vivan en turberas.

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¿Cómo consigue “alimentarse” la sarracenia en particular? El sistema recuerda un poco al de las nepentes asiáticas, aunque con variantes: básicamente las hojas de la sarracenia son huecas y se abren al exterior por una abertura superior coronada por un labio. Esta región suele ser atractiva para los insectos por un patrón reticulado de colores y por producir néctar. Además, está recubierto de un vello muy fino de pelillos rígidos orientados hacia la abertura (dificultando, por lo tanto, caminar hacia el borde exterior y facilitando que el insecto caiga).

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En esta hoja joven se ven los pelillos del borde de la trampa

La parte inmediatamente inferior, que corresponde con el borde de la abertura, es totalmente lisa, y al parecer las paredes celulares se disponen imbricadas, a modo de tejas, facilitando que los insectos se resbalen. El interior de la trampa está lleno de líquido, lo que en botánica se conoce como fitotelma (una palabra preciosa, por cierto), y es ahí donde cae el bicho en cuestión.

La capacidad del fitotelma para digerir las presas de la sarracenia hay que matizarla. Es especialmente cierto en hojas jóvenes, ya que las paredes de la hoja segregan enzimas digestivas y además son capaces de acidificar el fitotelma más allá de la ya de por sí ácida agua de la turbera (aunque tengo que decir que llevé unos papelillos indicadores de pH al campo para comprobar si esto era verdad y no pude percibir mucha diferencia, si bien es cierto que este no es el mejor método para comprobarlo). En general sí que está aceptado que en estas hojas jóvenes hay una digestión activa de la materia orgánica y, por supuesto, una absorción del nitrógeno así obtenido. Sin embargo, aún más interesante es lo que pasa con el fitotelma en su segundo y último año de vida.

Las condiciones del fitotelma añejo no son tan ácidas como las del primer año, y de hecho en él se desarrolla toda una biota propia que consiste en bacterias y protozoos que viven en él. Es muy probable que el nitrógeno que la planta obtiene en sus hojas viejas proceda de los residuos que este microcosmos genera más que de una digestión propiamente dicha, aunque para el caso, viene a dar lo mismo. Un fitotelma más neutro que el agua de la turbera, de hecho, permitiría vivir a las bacterias descomponedoras en él y dar cuenta de los cuerpos de los insectos ahogados, algo que no ocurre fuera de la hoja.

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Aún más fascinante es que existe una especie de mosquito (Wyeomia smithii) cuya larva sólo se desarrolla en el fitotelma de la sarracenia purpúrea. La larva es el superpredador de este minúsculo ecosistema, y su presencia determina la composición bitótica del mismo. ¿Queréis más? La larva de la polilla Exyra fax usa las hojas de sarracenia para construirse un refugio en el que alimentarse y completar su metamorfosis.

Por si esto fuera poco, las flores de sarracenia también merecen un poco de atención.

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Son muy grandes y llamativas y, es de suponer, requieren un gran gasto de energía para la planta. Se sabe que durante la floración, las sarracenias son especialmente activas en la producción de ácidos y enzimas en sus hojas, como intentando maximizar la absorción de nitrógeno necesario para su crecimiento.

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Las flores, además de sus pétalos y sépalos, tienen una estructura a modo de paraguas que cierra la flor en su extremo apical. Esto impide el acceso a los insectos excepto por los huecos laterales que dejan las piezas florales, convirtiendo la flor en una cámara cerrada, un tanto laberíntica, en la que dichos insectos pasan más timpo del debido buscando la salida y, por lo tanto, optimizando su función polinizadora.

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Una de las cinco entradas al interior de la flor de sarracenia

Y como despedida, ¡Bonus track! Además de las sarracenias, también estaba presente en la misma turbera Drosera rotundifolia, una carnívora, eso sí, mucho menos exclusiva que la sarracenia (presente en gran parte del hemisferio norte) y que ya tuve ocasión de ver en otras turberas, por ejemplo, en el norte de Burgos.

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Las turberas de Nueva Inglaterra además son el hogar de algunas orquídeas bastante chulas. En mi visita no vi ninguna, pero creo que la mayoría florecen más adelante, así que me he hecho el propósito de volver en unas semanas a ver si tengo suerte. De momento espero que esta dosis de botánica os deje satisfechos por un tiempo.

6 thoughts on “Feed me!

  1. Dr. Litos 1 junio 2015 / 10:19

    Qué chulada tío. Si es que no hay nada como ver las cosas en su contexto.

    Eso sí,entre lo de que fitotelma es una palabra preciosa y lo de llevarse papelitos de pH al campo para ver si es verdad lo que dicen los libros… en fin, que está muy bien, pero el término “empollón” se empieza a quedar corto. Luego los alumnos me llaman “nerd” porque les explico los peligros de la moto frente a la bici en términos de energía potencial y cinética.

    Muy guapo el video de introducción, una elección perfecta my friend (imaginaba lo que era ya solo al ver el título del post y de qué iba el tema jeje…)

  2. Copépodo 2 junio 2015 / 1:46

    Estas cosas antes me las callaba, pero ya estoy muy mayor para disimular. Y “fitotelma” es un palabro bien bonito, de verdad.

  3. Grupo de Biología Alicantina 4 junio 2015 / 8:58

    Estupendo aporte, me ha encantado de principio a fin. Muy ilustrativo y educativo. No sabía que dentro de las hojas de estas especies pudiera desarrollarse vida. Si sabía de la existencia de algunas arañas capaces de bajar para capturar alguna presa y salir, pero lo que nos cuentas es nuevo para mi.

    Ya se que no es comparable, pero algunos no tenemos la suerte que tu tienes, así que desde aquí aprovecho para recomendar una visita a los Jardines Botánicos de nuestras ciudades (yo hablo por el de Valencia) para aprovechar el momento de floración de estas especies. Un verdadero espectáculo.

    Saludos!!

  4. practicoeco 10 junio 2015 / 20:33

    Completamente de acuerdo con que es una chulada y la información junto a las imágenes, todo un hallazgo para mí… y ¡arriba los fitotelmas del mundo!

  5. sicutapes 15 junio 2015 / 1:01

    Reblogueó esto en sicutapesy comentado:
    No es un cuento de Youtube, es una información de primera mano e interesante por demás.

  6. Ana 7 julio 2015 / 20:27

    ¡Qué pradera más espectacular! Las flores son estupendas y ¡¡qué grande la película de Roger Corman!!

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