Reflexión cínica: el networking

Estoy hasta las narices de la gente que no responde los correos. Así os lo digo. Hasta los huevos. No voy a llegar yo aquí ahora de superhéroe cibernético: seguro que a mí se me han pasado correos por responder muchas veces, seguro que a veces debería haberme dado vergüenza y seguro que hay gente que podría recordarme alguna vez en la que haya pasado de responderle. Seguro. Mil latigazos que merezco. Pero en general mi percepción es que atiendo los correos razonablemente bien tanto los personales como los profesionales. Muy a menudo incluso los de perfectos desconocidos.

Vale que en muchos aspectos puedo ser la excepción: yo de hecho aún mando (raramente) correos como si fuesen cartas para ponerme al día con alguien. No tan a menudo como me gustaría, porque lleva su tiempo, pero me gusta eso más que andar con el guasap. Pero en fin, yo a la gente no les pido una epístola, pero sí unas mínimas normas de cortesía: responder a lo que se te pregunta (o al menos informar de que el correo se ha recibido y de que no tienes intención de responderlo. No sé, ALGO).

En las últimas semanas se me han acumulado varios casos de gente que no me responde ni confirma la recepción de correos de asuntos que a mí me importan. Creo que es algo muy de los estadounidenses, me pasa más a menudo con ellos, y en particular con los del mundo académico (es decir, en un ámbito más o menos profesional). Cuando surge la oportunidad de confrontar lo sucedido, cuando mando un segundo o un tercer correo la respuesta es siempre la misma: “perdona, es que estoy muy ocupado”. Vamos a ver si desterramos algunas excusas de una vez por todas: estar ocupado no es una excusa válida para no responder. La respuesta correcta a un email que te pilla mal de tiempo es dedicar 20 segundos a decir “ahora mismo estoy muy liado, recuérdamelo en X”, pero no el silencio administrativo. Decidir deliberadamente ignorar un correo electrónico por falta de tiempo es una falta de respeto, un gesto presuntuoso que asume que el tiempo propio es más importante que el de los demás; que la persona que se pone en contacto contigo está ociosa o no es lo suficientemente importante. En serio, me repatea que me digan “estoy ocupado” como si fuese una frase realmente informativa: yo también estoy ocupado, siempre, constantemente, igual que cada una de las personas con las que trato en el trabajo. Estar ocupado no es un estado excepcional, ¡es lo normal!

¿Por qué me sienta especialmente mal? Porque sé cómo reacciono cuando estoy en la situación contraria y de repente me llega un correo por sorpresa de alguna de esas mismas personas pidiéndome algo. Aaaaaamigo, ¡cómo cambia todo! Como yo debo ser un poco tonto, hago dos cosas: la primera, responder en un plazo razonable incluyendo una expectativa de cuándo voy a poder ayudar (porque estoy ocupado. Por sistema) y la segunda, intentar hacer un hueco (no buscar un hueco: hacerlo) para atender a lo que se me pide. Y bueno, yo también le he fallado a gente seguro, pero noto una diferencia de actitud. Esta diferencia me toca especialmente las narices con algunas personas con las que creo tener una relación personal además de la profesional, o superpuesta a ella. Más de una vez, la misma persona con la que he intentado de vez en cuando mantener un contacto (“¿Cómo te va todo?” “¿Qué es de tu vida?” etc, intentos fútiles y humillantemente ignorados por el destinatario) me ha escrito tiempo después para pedirme algo.

Y esto, amigos, es el networking

Este palabro que algunos definen como “el uso de conexiones formales e informales entre grupos de colaboradores para desarrollar tu carrera” parece ser que viene con fuerza para afianzarse en nuestra rutina diaria tras toda la mierda esa del entrepreneurship. Me gusta esta definición, fusilada al azar de una página con consejos para mejorar tu networking académico porque refleja con honestidad cuál es el objetivo de todo: tu carrera. Nada de cultivar relaciones como fin en sí mismo o de trabajar en grupo. No. El networking del bueno, el americano, el genuino, es básicamente ignorar los emails de los demás o dar excusas porque estás muy ocupado y sanear las relaciones personales que has hecho con colegas y colaboradores en congresos. Todo lo que pueda parecer genuino interés personal o una buena y saludable relación que va más allá del trabajo puro y duro queda rápidamente descarnada y mostrada en su más sobrecogedora y esquelética realidad: el alcohol y las risas fueron sólo un lubricante social accesorio y prescindible de lo que realmente importa a los campeones del networking a la hora de la verdad: su carrera.

Quizá aquí me estoy dando de bruces otra vez con el salto cultural. Quizá debería rendirme y asistir a uno de esos talleres de networking que me anuncian constantemente (algunos dirigidos específicamente a extranjeros, cosa que me hace sospechar que sí: debe ser cultural). Quizá deba aprender a no responder a los emails que me parecen una pérdida de tiempo porque no contribuyen al desarrollo de mi carrera, a dejar de incluir detalles personales en mis interacciones por correo electrónico e interesarme sinceramente por cómo le va la vida a mi colaborador de turno. Quizá deba aprender de una vez que cultivar un contacto tiene como verdadero objetivo poder utilizarlo en mi futuro para beneficio de mi carrera, y que en el fondo el paripé de la cortesía y la amabilidad es fácilmente prescindible porque tácitamente todos estamos de acuerdo en que no nos interesamos lo más mínimo como personas. Quizá entonces pueda ser por fin un auténtico networker. Y un gilipollas también, pero gilipollas networker, al menos.

 

 

16 thoughts on “Reflexión cínica: el networking

  1. Banchsinger 15 febrero 2016 / 7:55

    Jajajajas, amigo. Yo que me pasó bastante en neguorking por los ribosomas de las células de las plantas de los pies, te puedo decir que lo de lo correros no va inevitablemente ligado a tu manera de ser. Al menos no siempre. A mí me pasa constantemente incluso abordando temas profesionales exclusivamane. Me ha llegado pasar que me ignoren e-mails para responder a preguntas que atañen al receptor pero que también le pueden resultar un poco incómodas. Ignorancia selectiva de cobardes toca huevos. Y luego cuando ya me cansado, le vuelto enviar otro e-mail añadiendo la misma pregunta y otra más relacionada con si necesita algo que yo tengo y ya tal…. Y me contesta que sí, que le envie lo que yo tengo y lo demás…cricricricri… Grillos. Todo genuinamente europeo vaya… En fin, sea como sea, un asco, búscate la paciencia donde la puedas encontrar, amigo.

  2. jmongil 15 febrero 2016 / 8:50

    En mi experiencia me consta que el 99% de los correos llegan en un plazo razonable. El 1% restante se pierden o llegan varios días después por razones que ignoro. Así que no estaría de más una mejora: poder recibir confirmación de la recepción del correo por parte del destinatario. Algunos sistemas lo dan, pero no todos. Eso permitiría saber si estoy siendo ninguneado o no.
    Y otra cosa que me está empezando a preocupar. En el último año estoy viendo que el uso del email decae alarmantemente en favor del guasap. Me ha pasado de gente que no se ha enterado de mis correos en un plazo razonable porque ya lo ha dejado de ver o lo hace de pascuas en ramos. No tengo nada en contra del guasap salvo por un detalle: debido a su inmediatez favorece la improvisación, algo que detesto.

  3. practicoeco 15 febrero 2016 / 8:50

    Veo el reflejo de tus palabras en tantos momentos “perdidos” frente a la bandeja de correo reflexionando sobre lo mismo…. y ahora que te leo; me doy cuenta de que no se han desperdiciado.
    Simplemente he de aceptar que sólo aspiraba y aspiro, a mejorar mi experiencia vital (conectarme a las personas, no sólo a la máquina proveedora de recursos) pero los “otros” mejoran su propia experiencia pasando de la mía (valga la redundancia).
    Conclusión: estoy contigo colega… por el momento sigo perteneciendo al grupo de los que practican el “paripé de la cortesía y la amabilidad”… a pesar de, que de vez en cuando “la cosa me huela muy mal…” por el momento no me he vuelto tan gilipollas, aunque algunos días tengo muchas ganas.

  4. elGolem 15 febrero 2016 / 8:51

    Variante del caso: un alumno me escribe un correo preguntándome algo (en vez de venir a tutorías, venga, vale). Inmediatamente, le dedico un rato a contestarle dándole referencias etc. etc. Tiene mi respuesta en menos de 15 minutos. Le pido de paso que me diga si es suficiente o si necesita algo más. No contesta. Al cabo de dos semanas me vuelve a preguntar otra cosa diciéndome que es muy urgente, que a ver si le puedo contestar rápido… Le contesto inmediatamente diciéndole que el asunto es demasiado complejo como para escribirlo, que pase a verme. No contesta, no viene. Y así…

  5. Multivac42 15 febrero 2016 / 10:38

    Aplaudo de pie, de verdad. Ya era hora que alguien lo dijera alto y claro. Y es que yo también estoy hasta los huevos. No sé en qué momento se empezó a considerar aceptable “pasar” de responder un correo, pero veo con preocupación que la costumbre se está extendiendo. Y en el terreno personal, mal, pero en el curro es totalmente inaceptable el silencio administrativo. No cuesta nada un “ando liado, si no te he contestado en X días por favor recuérdamelo”.

    Yo creo que tiene mucho que ver con la gente que se agobia con lo que tiene por hacer. Hay gente que se llega a bloquear, y pasa más tiempo quejándose de que no tiene tiempo que lo que llevaría haber contestado el puñetero email. Por eso hace tiempo que aplico la máxima aquella de “los correos que te cueste menos de 3 minutos contestarlos, hazlo en el momento”, como traté de explicar en este post: http://ecoforestalia.blogspot.com.es/2014/12/como-gestionar-el-correo-electronico-y.html Hay algunas herramientas que tratan el correo como gestor de tareas, como Inbox de Gmail o el difunto Mailbox de Dropbox. Yo las uso, y ayudan bastante, creo. Pero claro, es que yo ya contestaba los emails antes.

    Respecto al tema cultural, creo que hay algo de eso, pero no todo. Ignoradores de emails los hay en todas partes. Lo que sí detecté yo en Canada es un caso concreto de “ignorador”: el que pasa de contestarte no porque no tenga tiempo, si no porque lo que le planteas le resulta incómodo o difícil de contestar. Quizá tenga que ver con la actitud de los canadienses, que hacen lo impensable por evitar la confrontación. Pero me pasó varias veces, intercambiar un par de correos con alguien, y cuando le planteaba una pregunta “delicada” o que requería hacer algo, se oían los grillos “cri cri cri”…

  6. Multivac42 15 febrero 2016 / 10:45

    Veo ahora que mi experiencia es parecida a lo que ya cuenta Banchsinger. No deben tener la exclusiva los canadienses, pues.

    Otro último apunte: me he fijado que hay una corriente de “orgullo” en no contestar que es más frecuente entre la gente joven que entre los “senior”. Al menos en mi campo, hay una cierta actitud de “espíritu libre” entre algunos estudiantes que me repatea. Yo he llegado a escuchar, mientras comía, como un chaval chuleaba de “no ser esclavo del correo, tengo mejores cosas que hacer que mirarlo cada día”. Eso sí, cada vez que entras en Facebook, allí está, en el chat…

  7. eulez 15 febrero 2016 / 11:20

    Los yanquis no contestan a los emails. Esto es así. Yo ya no escribo más a gente del otro lado del charcho para preguntarles nada, no sirve.

  8. Marian 15 febrero 2016 / 21:47

    ¡Que viva la diferencia!…

    Y a mucha honra, vamos.

  9. Copépodo 16 febrero 2016 / 1:58

    Banchsinger: bueno, pues quizá sea algo más del gremio académico que del país, porque veo patrones comunes, incluyendo lo de la pregunta incómoda. Menuda manera de esconder la cabeza, se creerán que quedan mejor por no contestar.

    Jmongil: Un 1% de correos perdidos me parece una exageración. Aclaro de todas formas que no me refiero a responder los correos tarde (según el contexto los correos no tienen por qué responderse inmediatamente), o a olvidos que nos pueden pasar a cualquiera, me refiero a deliberadamente ignorar un correo.

    Practicoeco: muy gráfico lo de las diferentes formas de mejorar tu experiencia vital. ¿Tú también escribes epístolas electrónicas? No voy a ser tan raro

    ElGolem: anécdotas de esas supongo que podré contar más el año que viene, pero ya vengo notando que ser accesible por correo electrónico a los estudiantes puede llevar a algunos a entender que eres un poco como la ciberchacha esa de la página del IKEA.

    Multivac: Me parece preocupante eso que dices de estar orgulloso de pasar de los emails. Es cierto que hay que saber controlarlo: hay quien recomienda que sólo mires el correo un par de veces al día para que no te interrumpa, y eso me parece bien, pero lo de ignorar a propósito un correo (y luego encima escribir tú otros cuando sí te interesa) es de caraduras.

    Eulez: nunca serás un buen networker, está claro.

  10. Moriarty 17 febrero 2016 / 20:30

    Pues, por lo que cuentas, el netguorquer viene a ser una versión anglosajonizada del trepa de toda la vida.

  11. Dr. Litos (@DrLitos) 17 febrero 2016 / 23:47

    Pues qué ascazo, la verdad. Yo debo de ser igual de tontaina que tú, porque cuando me doy cuenta de que he dejado algún mail por responder, corro raudo a pedir disculpas. Es algo con lo que no puedo, y mira que aquí (o en mi entorno por lo menos) no está tan institucionalizado como tú cuentas, aunque algún caso si se encuentra uno.

    Yo no veo excusa válida, estamos en la era de la información y la rapidez, no hay razón para ser mal educados, cuesta bien poco.

    En fin, perdona no haber comentado antes, pero estaba MUY OCUPADO XDDD

  12. Copépodo 22 febrero 2016 / 18:54

    Moriarty: todos los trepas son netguorquers, pero no todos los netguosquers son trepas. Creo

    DR Litos: Bueno, lo de la espera depende mucho de los mails, algunos no pasa nada si se responden tarde, pero que al menos se respondan. Ahora, si esa respuesta es epistolar, se perdona todo, ejem

  13. jmederos 24 febrero 2016 / 17:10

    Dr. Litos me ha quitado la excusa para comentar tan tarde.
    También soy del gremio de los de correr raudo a responder correos, y no solo los atrasados. Y soy tendiente (siempre) a la disculpa si me retraso, y de extenderme lo necesario que necesite cada correo.
    No hay excusa para no responder, pero por lo que veo sí para ignorar.
    Otro fenómeno que veo extendiéndose, ya que sacáis el tema guasap, es el de usar esta herramienta (en lugar de la llamada telefónica de las de toda la vida) hasta en momentos delicados, momentos que requieren contestación urgente pues de ella depende la toma de decisiones importantes e inmediatas. Y te viene un cenutrio y te suelta que han presentado un dato erróneo en la memoria anual ayer a la tarde pues “…te envié un guasap ayer por la mañana para que me lo confirmaras y no me contestaste en todo el día y al final lo tuve que presentar así…”.
    Qué? Cómo se te queda el cuerpo? Menos mal que es del equipo, si no…

  14. juananruiz 27 febrero 2016 / 12:40

    Uf yo me veo reflejado en el papel de malo de esta película así que entono un ‘mea culpa’ y esta misma tarde me pongo a contestar correos atrasados. ¡Cuanta razón llevas!

  15. Cesar 24 marzo 2016 / 4:10

    Dios, como te entiendo, como siempre que te leo, una sensacion de alivio me recorre el alma porque me siento un poco menos solo. Y mas desde que estoy en Estados Unidos. Tienen esa mala e irrespetuosa costumbre que me pone de los nervios y que en España, como suele se habitual copiar lo malo dejando lo bueno, pues está bastante de moda también, en especial en el mundo de la “industria”. Yo a quien no me responde le pongo en la lista negra automáticamente. Y comparto todo acerca del netguorkin.

  16. Biónica 16 abril 2016 / 0:39

    Para mí, el correo electrónico, como si fuera un teléfono. Pobre del que no conteste sistemáticamente. :/

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