Algunos invertebrados del infralitoral mediterráneo


Durante los últimos años he tenido la oportunidad de bucear en lugares tan extraordinarios como el Caribe o el Mar Rojo. Pese a la conocida espectacularidad de estos mares, puedo decir que personalmente no me parece que nuestro Mediterráneo desmerezca en cuanto a la belleza e interés de su vida submarina. Llevaba ya muchos años sin bucear en el Mare Nostrum y desde luego que esa añoranza sólo podrá saldarse en su momento con unas cuantas inmersiones, pero a falta de pan buenas son tortas y este fin de semana he podido resarcirme un poco con unos remojones en apnea en la costa murciana. Hacer fotos en apnea de animales que se mueven rápido, como los peces, tiene complicaciones insalvables para los patosos como yo, así que me he centrado en las comunidades que vivían en las rocas. De todas formas creo que me gustan más que los susodichos bancos de peces y los bichos grandes (sin despreciar el mero que vi tambíen, “así de grande”, pero del que no queda prueba fotográfica). Aquí cuelgo algunas imágenes para continuar reanimando el bloj. (Este post está dedicado a Trebol_a que me recomendó varios lugares costero de interés, y concretamente las fotos se tomaron en la Azohía).

Para empezar hay que decir que la pared rocosa de esta zona es muy vertical y está en primer lugar dominada por comunidades de algas de diversos tipos, entre las que las rodófitas son muy abundantes incluso a escasa profundidad:

Castañuelas

Comunidad de algas rojas

Enseguida nos encontramos con un extraplomo en el que se resguardan otros organismos distintos, mucho menos fotófilos, lo que nos permite examinar distintos ambientes en muy poco espacio.

Banco de castañuelas

Comunidad de un extraplomo infralitoral

Por último, a unos 5 metros, encontramos por fin el fondo, cubierto por una impresionante pradera de Posidonia oceanica.

Castañuela (Chromis chromis)

Posidonia oceanica

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Buceando en la Palma

Buceando en la Palma

Continuando con el material acumulado durante estos días en la Palma (siento estar tan monotemático), paso a contaros cómo nos fue el asunto del buceo. Efectivamente conseguimos sacar unas horas para bautizarnos en el Atlántico, que estuvo lleno de nuevas experiencias, así que continuando con mi hábito de hacer crónicas de mis inmersiones (::1::, ::2::), aquí tenéis la que toca esta vez.

Acostumbrados al buceo en mares interiores (Mediterráneo, Caribe, Mar Rojo), calentitos y tranquilos, la primera novedad de bucear en Canarias fueron los 18ºC del agua primaveral. Al final de la segunda inmersión ya se empezaba a echar de menos estar sequito y en la costa. Además, el tiempo no estuvo del todo favorable: durante los días anteriores el mar anduvo un tanto picado, y a pesar de que el día en cuestión la cosa se había tranquilizado bastante, había mar de fondo (que para el que bucea se traduce en un molesto vaivén contínuo) y por lo tanto mucho material en suspensión y una visibilidad relativamente mala, de sólo 15-20 metros (esto empeora mucho la calidad de las fotos). Como además, uno es marinero de agua dulce, me mareé bastante en la barca. A pesar de todo la experiencia fue muy interesante y pudimos ver bastantes cosas.

palmabuceoUn primer comentario sobre el área de inmersión, al oeste de la isla, cerca del Puerto de Tazacorte. Se trata de un área muy adecuada para practicar el buceo por varias razones. La primera es que se encuentra al abrigo de los vientos dominantes (los alisios del noreste). Además, las corrientes son menos intensas en esta zona, ya que en los estrechos que se forman entre las distintas islas el flujo del agua es más rápido. Por último, la temperatura del agua del archipiélago tiende a aumentar conforme nos alejamos del continente africano, ya que cerca de esta costa hay una corriente de agua fría.

En cuanto a los fondos, eran rocosos, así que no tuvimos ocasión de ver ninguno de esos sebadales (praderas de la fanerógama marina Cymodocea nodosa) que tanto parecen entorpecer a algunos politicuchos canarios. Estos fondos de roca están normalmente cubiertos por distintas especies de algas, a excepción de las zonas en las que prolifera el erizo de mar Diadema antillarum, un voraz herbívoro que a menudo deja las rocas totalmente peladas de algas dando lugar a los llamados “blanquizales”. Su proliferación es un verdadero problema en algunos lugares del archipiélago y hay voluntarios que se dedican a erradicarlos, pese a todo no he leído en ningún sitio que el erizo en cuestión sea una especie invasora en sentido estricto.

Diadema antillarum

Diadema antillarum

Había bastantes peces: doncellas, roncadores, sargos, lábridos, y las vistosas viejas, pero los que más disfrutamos fueron los jureles, que formaban bancos numerosos a los que te podías acercar mucho.

Cardumen de jureles (Pseudocaranx dentex)Cardumen de jureles (Pseudocaranx dentex)

Cardumen de jureles (Pseudocaranx dentex)

Jureles (Pseudocaranx dentex)

Lo mejor (¿acaso lo dudábais?) son, como siempre, los invertebrados. Aunque la profundidad a la que bajamos no era suficiente como para poder admirar las paredes llenas de coral negro, me quité un poco el gusanillo con la gorgonia roja (Leptogorgia ruberrima) y con alguna liebre de mar (Aplysia dactylomela).

Leptogorgia ruberrimaAplysia dactylomela

Y de regalo, un fascinante poliqueto: Hermodice carunculata, el “gusano de fuego”.

Hermodice carunculata

LA parte más interesante de la segunda inmersión fue el interior de una cueva, o mejor dicho, de un enorme arco de piedra (entrar en cuevas es peligroso y sólo se debe hacer cuando se está debidamente instruido, y no es el caso). La oscuridad de este entorno favorece la presencia de otros organismos, y así, aunque a primera vista el fondo no tenía nada de particular, a la luz del flash se descubrían los colores de un mosaico de esponjas.

Fondo de la cueva de agua dulce

En uno de los rincones de la cueva pudimos ver una cosa curiosísima: una surgencia de agua dulce, que se podía percibir gracias a los borbotones que producía en la arena. Grabé un pequeño video; la calidad es bastante mala porque no me dejaba enfocar bien la arena.

Y básicamente, eso fue todo… bajo el agua, porque mientras nos desplazábamos entre un punto y otro nos topamos con una nueva sorpresa, muy agridulce:

Tortuga boba herida

Tortuga boba herida

Una preciosa tortuga boba (Caretta caretta) que había sufrido una herida con bastante mal aspecto producida por las hélices de alguna barca. La herida estaba llena de crustáceos parásitos y la tortuga apenas podía sumergirse. La recogimos y nos estuvo esperando en la barca mientras hacíamos la segunda inmersión. De regreso al puerto la recogieron y se la llevaron a un centro de recuperación de fauna en Tenerife, así que quizá esta historia tenga un final feliz.

Buceando en el Mar Rojo

Estoy realmente contento de poder ofreceros este post. Se trata de las mejores fotos y videos que he conseguido durante las inmersiones y buceos en los arrecifes de coral del Mar Rojo en Aqaba (Jordania). Eso no quiere decir que sean de una calidad excepcional (lo de usar la cámara bajo el agua no es coser y cantar precisamente, y menos con sujetos que no paran de moverse en condiciones malas de luz), sino que son las mejores que he podido tomar. Sin embargo, pocas veces tengo oportunidad de hacer una aportación de material original que crea tan interesante para aquellos que sean aficionados a la biología marina, pero también para todos aquellos que disfruten con la belleza del mundo natural que no siempre nos es accesible. A quienes no les interesen los detalles pueden pasar directamente a ver las fotos y el video, pero en todo caso espero que de verdad os gusten y que no dejéis de comentar.

Arrecife de coral. Aqaba (Jordania)

(Click en todas las imágenes para ampliar)

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Mis primeros pinitos con el fotosubmarinismo

Para el viaje de Cuba me hice con mi primera cámara digital. Una Olympus SP-550UZ, que tiene entre sus características un zoom óptico muy potente que resulta ideal para hacer fotos, por ejemplo, a todo tipo de fauna a la vez que es lo suficientemente pequeña como para ir en la mochila cómodamente. Estoy satisfecho con la cámara a la vista de los primeros resultados (aunque como suele pasar, nada más volver del viaje me entero de que ya está a la venta el modelo superior). Además, ya puestos a tirar la casa por la ventana, compré también una carcasa estanca (PT-037) que permite usar la cámara trasteando todos sus mandos bajo el agua, para poder sacar fotos en las inmersiones. Aprovecharé la ocasión para hacer un resumen de la experiencia y, lo que es más importante, mostrar los resultados.

Cabezo coralino con gorgonias y esponjas

A quien le aburra el texto puede saltar directamente a las fotos y el video; al margen de los detalles “técnicos” espero que esta entrada guste. Si con esto no os arranco unas palabras no sé qué más puedo hacer :-P

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Descomprimiendo (de vuelta a la realidad)

Criaturas del blogoplancton:

Lo creáis o no, este de la foto soy yo.

Pues sí, lo que son las cosas, uno se va de vacaciones a Andalucía casi a regañadientes, pensando en la oportunidad perdida de conocer Oriente Medio y regresa habiendo disfrutado de unas vacaciones irrepetibles. No me entendáis mal: me encanta viajar por España, y presumo de haber estado en TODAS las provincias del país excepto tres (Melilla, Palencia y Tarragona), pero el toquecito exótico… pues este año no ha podido ser.

Y por si fuera poco, lo del submarinismo: ahora estoy “autorizado” para bucear en aguas abiertas, hasta 18 metros de profundidad, en cualquier parte del mundo ¡Que se prepare el Mar Rojo! Os puedo asegurar que hacer el curso es de las mejores decisiones que he tomado nunca y que me ha abierto las puertas a unas sensaciones maravillosas, como conocer la vida que bulle en la reserva marina del Parque Natural de Cabo de Gata.

Pero vamos, que todo acaba y que toca volver a poner en marcha la cosa esta del blog, así que me voy a poner a ello inmediatamente para recuperar el ritmo pre-veraniego (ya tenía ganas, la verdad).

Y como todos los meses, toca revelar el resultado de la encuesta del mes anterior, y debería proponeros una nueva, pero no estoy muy inspirado, así que lo dejo para octubre. Os recuerdo que en la encuesta sersuar de agosto se os preguntaba por el personaje público español que más cachondos/as os pone de una selección muy exclusiva.

De los 16 votos, 7 han ido a parar a Espinete. Las conclusiones que saco de este hecho es que la perversión zoofílica es muy común entre mis lectores. Si no no se explica que tantos de vosotros prefiráis, antes que a un ser humano,montároslo con un erizo gigante rosa que va desnudo por la calle.

En segundo lugar, con 4 votos (estuvo en cabeza los primeros días de votación) está Ángel Acebes, al que Diario de un copépodo nombra “Político más sexy de España”. En fin, que algunos optan por el sado. A continuación, las dos féminas de la lista, igualadas con 2 votos cada una: La Espe y Maritere. Cerrando la clasificación, Rubalcaba, con un único voto (¿Se atreve a confesar el/la responsable?).

En fin amigos, que esto ya no hay quien lo pare, bienvenidos a septiembre.

El palacio de Poseidón (Paxos, Grecia)

La sección de viajes también estaba un poco abandonada, así que a pesar del frío os propongo una visita virtual a un pequeño paraíso relativamente accesible. Espero que os guste.


Mapa de localización de Paxos y Antipaxos. (Modificado a partir de GoogleMaps)

Corfú es la capital del archipiélago de las Islas Jónicas y uno de los destinos más visitados de Grecia. Sin embargo, un poco más al sur se sitúan las diminutas islas de Paxos y Antipaxos, bastante remotas y vacías para estar en el Mediterráneo. Según la mitología griega, debajo de Paxos se encuentra el palacio que Poseidón (dios del mar) mandó construir para su amada Anfítrite (bella ninfa, hija de Océano). La historia tiene su miga, porque cuando Poseidón intentó cortejarla, Anfítrite huyó espantada de lo feo que era. Poseidón envió a unos delfines para que la convencieran y la trajeran de vuelta, tarea que los simpáticos cetáceos cumplieron con éxito. Ante la idea de su inminente matrimonio, Poseidón, loco de contento, desgarró con su tridente la punta meridional de Corfú dando lugar a la isla de Paxos, futuro emplazamiento de su palacio.

Aún hoy el escudo de Paxos consiste en el tridente de Poseidón flanqueado por dos delfines, y aún hoy es fácil ver a estos animales saltando y haciendo cabriolas cuando se coge uno de los barcos que recorre el trayecto entre Corfú y Gáios, la capital de Paxos. Gáios es un coqueto pueblecito costero que bien merece una visita, ya que está lleno de edificios venecianos del siglo XIX y de estampas muy fotogénicas (izquierda). Además Gáios es el lugar ideal donde alquilar el elemento indispensable para continuar el viaje: una barca, ya que aunque Paxos tiene pequeñas aldeas y olivares en el interior, lo más atractivo para el visitante son sus costas. Aprender a usar el motor de la barca forma parte de la diversión para los marineros de agua dulce (como un servidor), dado que el tamaño de la isla (unos 10 km de largo) permite recorrer las distancias rápidamente.

Y así, recorriendo las accidentadas costas y los acantilados de Paxos con toda libertad, se puede decidir cuándo echar el ancla para visitar los verdaderos encantos de la isla, por ejemplo las pequeñas calas de arena blanca, absolutamente inaccesibles desde tierra firme. Más impresionantes aún son las famosas Cuevas Azules, que salpican toda la costa occidental, ya que sin duda inspiraron el mito del palacio de Poseidón y Anfítrite. En las fotos que os pongo, tomadas desde la barquita, se ven algunas de ellas. Las cuevas se sitúan en zonas rocosas y poco profundas que impresionarán a cualquier aficionado al submarinismo, con botella o en apnea. No es necesario decir que unas gafas de bucear son absolutamente imprescindibles para esta excursión. Entrar en las Cuevas Azules es una experiencia inolvidable (siento no tener fotos del interior, pero a mi cámara no le va lo de mojarse). Muchas son bastante profundas y nadando un poco por su interior se deja de ver la luz del sol produciéndose un efecto espectacular: la luz, de alguna manera, se filtra por el agua y así, aunque el interior de la cueva parece oscuro, el agua del mar resplandece débilmente inundando la estancia de luz turquesa. Algo sólo digno de un palacio mítico, digno del mismísimo dios del mar.

Antipaxos (izquierda), a 4 km escasos del sur de su hermana mayor, también es accesible en barca. Aunque no tiene cuevas sí que hay muchas calas poco profundas de aguas cristalinas y tiene la ventaja de ser aún más remota que Paxos. Está ocupada casi por completo por viñas, de las que se cosecha un vino propio que bien puede servir de recuerdo de este viaje inolvidable.

Espero que os haya gustado. Y por cierto, si me quedo en paro ¿creéis que puedo ganarme la vida escribiendo guías de viaje?