El gazapo botánico de Tarantino


Kill_BillEn este bloj se ha cultivado una afición un tanto maniática en alguna que otra ocasión: la de intentar comprobar si las localizaciones de rodaje de algunas películas se han elegido con criterio botánico. Ya hace tanto tiempo que no hago ninguna crítica de este tipo que merece la pena recordar que hemos hablado de cómo podríamos saber que cierta escena de “No es país para viejos” tenía, forzosamente, que estar rodada en Texas o muy cerca, o que el Ché acabó en Sierra Morena cuando debía estar en Bolivia. También dijimos por qué cierto punto de la provincia de Granada no era mal lugar para alguna escena de “Doctor Zhivago” o por qué la vegetación del interior del palacio de Darío III de Persia en “Alejandro Magno” no es muy convincente.

No siempre se puede afinar una posición geográfica gracias a las plantas que se dejan ver en la cámara, pero cuando se puede me gusta valorar si la elección ha sido buena o no. Son críticas menores, porque uno no aspira a que todo el mundo comparta ciertas obsesiones profesionales, pero me parece entretenido hacerlo aunque para el director esas decisiones sean puro atrezzo. No deja de ser, de todas formas, una manifestación de cuánto ignoramos a las plantas en nuestra vida.

Pero en fin, a lo que iba hoy. El otro día revisitando Kill Bill, me volvió a ocurrir. Un casi imperceptible pantallazo azul en alguna neurona remota del córtex prefrontal. Justo unos momentos después de las escenas de la capilla donde tenía lugar el ensayo de la boda de La Novia (Uma Thurman), ensayo en el que entran Bill y sus chicas y la lían parda. Pues bien, en teoría esta capilla está cerca de la ciudad de El Paso, en Texas, como se dice claramente.

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Segundos después vemos cómo el chérif se aproxima al lugar recorriendo un paisaje desértico. Hasta aquí nada que objetar.

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Mark Watney, héroe de los botánicos

HINC SVNT SPOILERES (pero poquito)

El género de crítica cinematográfica con reseña científica sabionda incorporada es todo un clásico de los blojs de ciencia. Básicamente consiste en pillar por banda una película, generalmente de ciencia-ficción, y criticarla desde el punto de vista de lo rigurosa que resulta. Quizá por aquello de que “la perfección es enemiga de lo suficientemente bueno”, pocas películas se libran de un buen rapapolvo de parte de los blogueros más exigentes. Hasta “2001, Odisea en el espacio”, quintaesencia del perfeccionismo, tiene por ahí algunos gazapos. En mis años mozos, también me dediqué a sacar punta a películas como la del Ché o el Planeta de los simios, siempre intentando arrimar el ascua a la sardina botánica, pero en tiempos más recientes la verdad es que no me ha dado por ahí porque, puaf, qué asco de vida. Hoy voy a retomar esta sana costumbre, pero en plan vago.

THE MARTIAN

Después de ver The Martian, una película que ya desde antes de su estreno se estaba convirtiendo en un filme de culto en una comunidad concreta (como demostraré enseguida), siento que algo hay que escribir en tan señalada ocasión. The Martian tiene tres elementos que la predestinaban a que me gustase: la colonización de Marte, la supervivencia basada en el conocimiento, y un protagonista botánico. Por su parte tenía otro elemento que me hacía orinarme de miedo: Ridley-Prometheus-Scott haciendo de las suyas. Por suerte este último ha quedado neutralizado.

Vamos por partes.

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Elogio de Parque Jurásico


Este fin de semana fui a ver Jurassic World, y pese a que mis expectativas estaban por los suelos, me pareció una basura. Me diréis que era de esperar y que quién me mandaba, y tendríais toda la razón. No vengo a lamentarme por lo ocurrido porque me lo he buscado. Lo que sí vengo a hacer es despacharme sobre algunas divagaciones a las que les he ido dando vueltas en las últimas horas.

¿Por qué no me ha gustado la película? Mucho se ha hablado en los últimos meses de la oportunidad perdida de representar a los dinosaurios desde un punto de vista más acorde con el conocimiento científico actual (con plumas, y toda la pesca), y hay quien se ha quejado de lo sexista que resulta. Siendo ambos ejemplos ciertos, ninguno impide por sí mismo que hubiese sido buena. De entrada yo hubiese pensado que el problema de una película como esta es que es totalmente previsible, pero luego me he dado cuenta de que no: lo que la hace terrible son unos personajes planos, dignos de haber salido de la mente de un chaval de guardería, y una trama, por decir algo, grotesca y ridícula.

Quiero decir: ¿qué debe tener una película de esta franquicia de forma obligatoria? Dinosaurios que, pese a todas las precauciones, escapan del control de los seres humanos, los persiguen y se los comen. Hasta ahí bien. El error creo que viene al pensar que nada más es necesario, e incluso dar por hecho que ni siquiera el espectador quiere ningún elemento extra (como unos personjes creíbles o un guión mínimamente interesante) porque hay un acuerdo tácito sobre qué es lo que se va a ver, y hay que darlo pronto y sin introducciones, no vaya a ser que el público se desoriente y le dé por (Dios no lo quiera) ¡pensar!

De alguna forma los creadores de Jurassic World creyeron que deberían hacer la versión mesozoica de una película porno.

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Rebelde sin motivo

rsc1No sé si os pasa igual a vosotros: hay algunas películas que nunca he visto pero cuyos arquetipos y situaciones tengo interiorizadas por aquello de que en su día se convirtieron en clásicos del séptimo arte y tanto su trama como sus personajes forman parte de la conciencia colectiva, si es que tal cosa existe. Eso no quiere decir que ese preconcepto sea acertado, claro. Una de esas películas icónicas era (sí, era) Rebelde sin causa (Rebel without a cause, 1955).

Si la habéis visto, ya me diréis si vuestra idea preconcebida de la película estaba equivocada, como me pasaba a mí, y si aún pertenecéis al grupo de los que no la han disfrutado, además de animaros a subsanar esa carencia, os pregunto para empezar qué se os viene a la cabeza si se os menciona esta película. En mi caso, yo pensaba que trataba de un verdadero “rebelde sin causa”, es decir, de un chico con actitud rebelde pero que no tiene una justificación para serlo: le gustaría ir contra el sistema, luchar, rebelarse, ir contra lo establecido, pero (¡ay, desgracia!) le falta una causa verdadera y honorable por la que luchar. Previsiblemente, el protagonista acaba rebelándose contra lo que le rodea pero sin justificación razonable, desencadenando problemas a su alrededor y quedando en evidencia como las pataletas de alguien que lo tiene todo y que desperdicia la oportunidad de canalizar su angst postadolescente en algo positivo.

Me interesa saber si creéis que el peliculero soy sólo yo, porque ahora que lo pienso no sé muy bien de dónde me había sacado yo toda esta empanada mental, pero la cuestión es que las escenas fragmentarias de esta película que había visto (como la pelea a navajazos o el “chicken game“) lo que me sugerían era justamente eso: un guaperas de tres al cuarto metiéndose en problemas constantemente, un icono de una rebeldía adolescente improductiva. Mal: todo el mundo sabe que si eres un adolescente, varón y blanco con una vida demasiado benévola y/o privilegiada tu destino cinematográfico debe ser ir a una guerra en la que no se te haya perdido nada, que seguro que se te pasa la tontería.

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Looper


Estando como está el cine, de caro y de malo, ya se me había olvidado la sensación de sentarte en una butaca y quedarte ahí como un pasmarote con la boca abierta y los ojos como platos sin gurgutar durante dos horas. Lo mismo es que ya estoy mayor, o que ver Madrid Days, Prometheus y cacotas similares me ha dejado un poco p’allá, pero ayer tuve la oportunidad de ver Looper y me gustó una burrada. Aprovecho para recomendárosla, y si queréis leer mi crítica en Videodromo (libre de spoilers), pinchad por ahí abajo.

Leer la crítica en Videodromo

Sesión doble: Holmes & Watson, Madrid Days


Ya podéis ver en Videodromo la sesión doble que nos hemos marcado Alfie y yo con Holmes & Watson, Madrid Days, la ultima película de Garci. El contrato de exclusividad que tuve que firmar con sangre me impide escribir aquí una reseña exhaustiva, llena de spoilers como en otras ocasiones, pero en serio: leed la crítica y ved la película (no necesariamente por ese orden).

Pese a lo heterodoxo de la reseña, he incluido también a esta magnífica obra de arte en el Observatorio Invertebrado para el Análisis de la Caspa Cinematográfica, iniciativa que espero retomar con fuerza pronto.

Para rellenar un poco esto, pego aquí el maravilloso tráiler de Madrid Days. El original, el que más se ajusta a su pseudotrama soporífera.

¡La comedia del año! ¡No os la perdáis!

El planeta de los simios: por qué se debe llevar a un biólogo en la tripulación


(Enriquecido en spoilers, aunque si a estas alturas no has visto El planeta de los simios no sé muy bien qué vamos a hacer contigo)

El pasado fin de semana, un extenso grupo de frikazos y gente de mal vivir tuvo la ocasión de disfrutar en pantalla grande de ese clásico del cine que es El planeta de los simios (1968) como parte de la Muestra SyFy. ¿Qué se puede decir de esta película? Cada vez que la veo me gusta más y le saco más enjundia. En conjunto me parece una maravilla y ha envejecido mucho mejor que otros clásicos. Reflexión tonta: es curioso que más de 40 años después de su estreno una de las cosas que más chocan es ver a Charlton Heston fumarse un puraco en la nave espacial, y sin embargo, los trajes espaciales e incluso la nave del comienzo de la película es bastante apañada.

¡Purazo espacial!

Pero a lo que iba. Siendo, como lo es, un peliculón con todas las letras, tiene algún problema de dirección artística. (Este concepto no es que lo suelte yo aquí por hacerme el interesante, sino que me lo enseñó hablando del tema un amigo mío que sabe de estos asuntos y lo empleo para poder llamar a las cosas por su nombre). No es que se trate de problemas muy importantes, pero ya sabéis que en esta santa casa tenemos cierta trayectoria mirando con mucha atención detalles cinematográficos relacionados con las localizaciones (::1:: ::2::), y en ellos me voy a centrar.

Como recordaréis, el plato fuerte de la película se sirve al final. El comandante Taylor, acompañado por Nova, descubre que en realidad, el hostil y salvaje planeta de los simios era la Tierra, unos cuantos de miles de años en el futuro, y que la civilización humana se había desvanecido. El encuentro con la ruina de la Estatua de la Libertad es, merecidamente, uno de los hitos del Séptimo Arte. Yo tuve la suerte de ver esta película siento un niño muy impresionable y con aún poco cine a mis espaldas y este final me puso los pelos de punta. Sospecho una película como esta estrenada a día de hoy no habría tenido el mismo efecto y el espectador medio, acostumbrado a “BrucesWillis” que están muertos desde el principio y tal, se habría olido la tostada mucho antes.

¡Yo os maldigo!

A lo que voy es que, pese a todo, no habría sido necesario esperar tanto para concluir que nos encontrábamos clarísimamente en el planeta Tierra. Incluso un individuo como Charlton Heston lo habría concluido con mucha facilidad si hubiese tenido cierta formación biológica y hubiese prestado un poco de atención a su entorno. Retrocedamos desde el final hacia el comienzo para señalar varios puntos clave en los que se podían haber atado cabos.

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