¡Tengo trabajo estable! (en Estados Unidos)


Llevo como dos meses que no aparezco por aquí y ha sido por causa justificada (véase el título). Como he llevado bastante discretamente este “proyecto”, va siendo hora de poner al personal al día, especialmente a los amigos, así que este post va a ser largo y personal, no necesariamente del interés de quienes no me conozcan. (Avisados quedáis, no hay nada que leer aquí para los no cotillas).

Al grano: he aceptado una oferta de trabajo como profesor en Augustana College (Rock Island, Illinois, USA).

Vamos, lo que en el sistema universitario gringo viene a ser una plaza estable (assistant professor), y, pasado el habitual periodo probatorio inicial (tenure track), fija. Haber llegado a este punto supone mi mayor satisfacción profesional hasta la fecha, resultado de muchos años de esfuerzos y sacrificios en general y de cinco meses en particular de trabajo en el proceso de selección (y notable buena fortuna y apoyo de mucha gente). Es difícil condensar todo lo que esto significa para mí, así que paso de condensarlo: lo cuento y ya está.

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Farlow Herbarium y charla para el NEBC


Este fin de semana estuve trasteando en Cambridge (el de aquí, no el de allí) porque me invitaron a dar la charla del encuentro mensual del New England Botanical Club. Normalmente no voy contando por aquí mis bolos, pero la singularidad de la ocasión y el interés de varios de vosotros me hizo comprometerme a rendir cuentas así que allá voy.

El NEBC es, creo, la segunda sociedad botánica más antigua de EE.UU., creada en 1896 por William Farlow, el primer catedrático de botánica criptogámica de Estados Unidos. Publican una revista de flora local desde 1899 (Rhodora), muy conocida por los botánicos de la zona, y llevan ininterrumpidamente reuniéndose y montando saraos estos 120 años, siempre con la intención de conocer y promocionar el estudio de las plantas de Nueva Inglaterra y como punto de encuentro de los botánicos de la zona. Como Farlow era profesor en Harvard, desde sus orígenes la sociedad ha estado ligada a esta universidad y a su museo de Historia Natural, y este es uno de los motivos por los que esta charla era especial para mí, ¡que no todos los días se tiene la oportunidad de hablar en un sitio así!

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Mis vacaciones en España contadas para americanos

Dear friends,

Muchos de vosotros me habéis preguntado estos días por mis vacaciones en España (Spain). Sé que lo hacéis en un 70% porque es lo que se espera de vosotros. Qué bien mandaos y qué majos sois. Para evitar malentendidos, voy a satisfacer al otro 30% (el de la verdadera curiosidad) con este post al que os remitiré cuando queráis algún detalle en concreto. Y así de paso practicais el español (aunque os ayudaré con las palabras más difíciles).

En resumen: me he tirado tres semanas en España y han sido unas vacaciones que podríamos caracterizar como cojonudas (fucking awesome). Algunos me ponéis cara de huevo cuando os digo que han sido tres semanas, tres, como los tres Dominios o las tres patas del banco. Sí señores, tres semanas sin ningún tipo de remordimiento y sin mirar el correo electrónico del trabajo. Aquí viene la primera revelación: me parece una desgracia que este detalle os resulte llamativo. Para explicar un poco este problemilla del choque cultural os aclaro que a las personas del otro lado del Atlántico se nos ocurren un montón de cosas con las que llenar el tiempo en lugar de trabajar. Sé que en este mismo momento estáis pensando que soy un vago, así que vamos a dejarlo aquí porque si no, no llegamos a nada.

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Bioblitz en la UConn este fin de semana (pasaos, si eso)


squarelogo2Este fin de semana, como gran traca final poco antes de mis (¡merecidérrimas!) vacaciones, tenemos sarao en el campus de Storrs: un  bioblitz. Como quizá sepáis o recordéis, un bioblitz es una suerte de maratón científico-educativo en la que un grupo de taxónomos o naturalistas expertos en distintos grupos de organismos intentan identificar todas las especies que puedan en un área concreta durante 24 horas ininterrumpidas. Esta actividad está abierta al público (niños incluidos) para que vean cómo los biólogos manipulan serpientes, cazan mariposas o identifican algas al microscopio y finaliza con un gran recuento final de todas las especies.

En el mundo sajón son relativamente frecuentes, pero me da la impresión de que al menos en España son bastante desconocidos (con excepciones, claro, como el que se organiza regularmente en Barcelona). Ya conté en su día la impresión tan estupenda que me causó la primera vez, así que no voy a insistir sobre ello más que para decir que alguien que conozco que ha organizado bastantes dice que puede cambiar la vida de una persona. Esto puede parecer exagerado, pero que si ves hablar el empolloncete este de las gafas en el vídeo de abajo lo mismo sí que te crees que estos saraos son fábricas potenciales de crear naturalistas como churros, cosa que no le vendría nada mal al mundo.

Bueno, pues yo hasta ahora había participado en dos biobltzs, bioblisztztz… ¡BIOBLITZES!, en ambos como especialista en musgos, y por lo tanto disfrutando de la parte buena (el campo, la interacción con el público y la comida gratis). Sin embargo, en el bioblitz de este fin de semana me estreno como organizador de saraos, puesto que tanto la iniciativa como el desarrollo partió de un grupo de postdocs del departamento.

Organizar una feria de estas es algo muy distinto a participar de ellas como naturalista, y dos días antes de la fecha señalada ando a la vez expectante y un poco cansado ya de tratar con ciertos “elementos”. Una lección importante que me llevo de esto es que cuando organizas algo, todo el mundo no implicado en dicha organización parece tener clarísimo cómo deben hacerse las cosas, mucho mejor que los implicados. Curiosísimo, ¿verdad?

En fin, que menos mal que para bien o para mal, este fin de semana todo se acaba, así que aprovecho para hacer como hace todo el mundo con los saraos e invitaros a todos a venir si os dejáis caer por Storrs, Connecticut.

En la web están todos los detalles. Hemos conseguido expertos en en porrón de organismos distintos (Desde microhongos a roedores pasando por plantas acuáticas, odonatos, reptiles,… todos los flancos están cubiertos) y hay organizadas muchas actividades interesantes (construye tu propio microscopio, biomonitorización de los ultrasonidos de los murciélagos, etc). Tenemos montado un proyecto en iNaturalist para llevar el seguimiento de las especies (este fue realmente el motivo por el que empecé a reexplorar iNaturalist hace poco), y en general todo parece listo. Si por algún motivo de fuerza mayor (el Océano Atlántico, el Golfo de México o alguna otra contrariedad de igual o mayor calado) no podéis venir, también se puede seguir todo por tuiter.

Y que Darwin nos pille confesados.

Divagación sobre el libro electrónico en general y el kindle en particular


En el que se cuentan a destiempo las virtudes y los vicios de un ingenio adquirido hace dos años como si fuera cosa novedosa y merecedora de interés a pesar de tratarse de una cuestión conocida por todos y de debate obsoleto

Lo he dicho varias veces, pero me voy a repetir: echo de menos mis libros. “Sufro” pensando que están metidos en cajas en un garaje en lugar de junto a mí, como les corresponde. Me acuerdo de ellos a menudo, y en muchas ocasiones he echado en falta alguno en concreto que hubiese necesitado consultar. Otras muchas veces simplemente echo de menos tenerlos ahí. Me he dado cuenta de que antes, cuando estaba en casa sin nada en concreto que hacer, matando el tiempo, a veces simplemente me plantaba frente a una estantería y me ponía a navegar por los lomos, a veces incluso acariciándolos con la mano además de con la mirada, o incluso accediendo al segundo (y a veces hasta el tercer) nivel de profundidad de las baldas más pobladas, como quien pasa revista a un batallón, cediendo de vez en cuando al impulso de elegir a uno de ellos sólo por el gusto de releer algún capítulo suelto, alguna frase, comprobar alguna ilustración, algún dato, o lo que fuese. A veces la inspección duraba sólo unos segundos, y otras veces me quedaba con ganas de más, y el libro en cuestión pasaba a la mesilla de noche o al escritorio para una relectura parcial o total. La mayor parte de las veces el gesto se repetía unas cuantas veces hasta dejarme satisfecho o hasta que tuviese que ponerme con otra cosa.

Nunca vi como una actividad productiva estos ataques de vagabundeo literario, sino más bien un resultado de mi indecisión, pero ahora que llevo, literalmente, años sin poder hacerlo me doy cuenta de cómo esos momentos a la deriva tenían un efecto sedante e inspirador. Esta es una de las cosas que estoy aprendiendo con su ausencia: es cierto que una biblioteca es un conjunto de libros (o sea, de textos), pero para mí existe un valor añadido en el hecho de que se trata de una acumulación de objetos físicos.

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Mis pecados americanos (2 de n): el cactus blossom


A menudo se dice que en Estados Unidos se come mal, de forma poco saludable. Esto hay que aclararlo, porque no es cierto así como suena: aquí se come como tú quieras comer, y nada te impide tener la dieta más saludable del mundo siempre y cuando estés dispuesto a buscar ingredientes de buena calidad y a dedicarle el tiempo necesario a cocinar. Siendo esto una verdad aplicable a casi cualquier lugar del mundo, también hay que decir que lo que sí es cierto es que comer bien en Estados Unidos sale más caro que en España.

Al contrario de lo que podría parecer, uno de los elementos que más estoy disfrutando de la vida en el yanqui es justamente la gastronomía. En gran medida se debe a que Nueva Inglaterra en general, y esta esquina de Connecticut en particular, mantiene una saludable actividad de la agricultura y ganadería minorista que permite disfrutar de materias primas estupendas. Por supuesto, echo de menos muchos productos patrios que aquí son completamente imposibles de encontrar (a no ser que los consigas de importación en alguna tienda española de Hartford o Nueva York, a precios astronómicos): además del jamón ibérico (que no podía faltar en la lista), un buen surtido de quesos a precios razonables, la variedad de pescado a la que te tiene acostumbrado Mercamadrid y algunas de mis frutas favoritas como el melón “de Villaconejos” y los higos.

A cambio, tengo que decir que la leche que tomo aquí es la mejor que he probado nunca, que los yogures y derivados no tienen nada que envidiar a los que se hacen en Grecia, que hay unas frutas y verduras de temporada que son una gozada y que el marisco local me ha dado alguna sorpresa agradable. Estas cosas también hay que decirlas, porque hay mucho provincianismo gastronómico y al final acabamos tomándonos demasiado en serio que los plátanos de Canarias son, objetiva y claramente, superiores a todos los demás, y tampoco es eso.

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Mis pecados americanos (1 de n): me gusta Nueva York


Tarde o temprano tenía que pasar, por aquello de que nunca te bañas dos veces en el mismo río, y todo eso: tras dos años en el yanqui, ya no soy el mismo que cuando vine, y he cambiado de opinión o adoptado nuevas costumbres. Todas ellas se deben a lo que he aprendido de esta experiencia, y hay bastante de prejuicios superados. Los voy a llamar “pecados” por lo que tienen de traición a mi yo del pasado, pero más por hacer la gracia que otra cosa: en el fondo estoy contento de ver que sigo siendo capaz de aprender cosas nuevas. Además, ¡Que le den a mi yo del pasado! ¿Qué ha hecho por mí? Empecemos:

Manhattan, desde el "Top of the Rock"

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