Otro que vuelve

Hace casi exactamente ocho años que publicaba la entrada “Otro que se va“, en la que anunciaba el comienzo de mi aventura estadounidense. Ocho años, ¡Qué barbaridad! Cuando leo ahora ese post veo con bastante claridad que intentaba ocultar que estaba cagado de miedo y que mantenía cierto resentimiento por una situación que hubiese preferido que no hubiese llegado a darse. Si en aquel momento me hubiesen dicho que la cosa no iba a ser solo para uno o dos años, y que incluso consideraría muy seriamente quedarme para siempre en una ciudad de provincias a orillas del Misisipi… bueno, no sé cómo me lo hubiese tomado. No creo que hubiese cogido aquel avión. Y sin embargo hoy lo que me da vértigo y curiosidad es imaginar cómo sería mi vida en 2020 si hubiese decidido tomar en 2012 una decisión (posiblemente racional y sensata) de buscarme la vida fuera del mundo académico. Seguro que ni me reconocería a mí mismo si pudiese verme. Así que hablemos de identidades y de cambios.

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Año cuatro

O dicho sin abreviar: Estudio longitudinal de la rizogénesis inducida en copépodos calanoideos sometidos a alopatría transatlántica. Año 4

El bloj estaba hecho unos zorros, lleno de polvo y telarañas. La contraseña del WordPress chirrió como una llave oxidada al usarse por primera vez en muchos meses.

Hola, soy yo.

Durante esta ausencia han pasado muchas cosas, y hoy estoy aquí para poneros al día. Por resumir: renuncié a mi contrato postdoctoral, co-envié un co-proyecto de investigación como co-IP, me mudé a través de siete estados, fui al congreso americano de botánica sin haber empezado a preparar mi charla (estas tres últimas cosas durante la misma semana, una de las más horripilantes de mi existencia), aterricé en una ciudad a orillas del Misisipi y me estrené como profesor en Augustana College, un poco como quien se sube a un tren en marcha con una jaula llena de periquitos en una mano y un huevo de Fabergé en la otra. Ha sido una de las temporadas más frenéticas que he pasado, y este es uno de los motivos por los que no he encontrado en el mismo momento tiempo, ánimos y contenido para escribir sobre peripecias personales. Por otro lado, con todo lo que ha pasado, no me iba a marcar un post sobre el Civilization VI como si nada hubiese ocurrido, ¡menudo fallo de raccord imperdonable! Así que a regañadientes, me impuse el cuarto aniversario de mi emigración como fecha en la que ya, sí o sí, debía dejarme de tonterías y volver a escribir. Así que aquí estoy, cuatro años después.

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Diez años de “Diario de un copépodo”


Pues aquí seguimos, diez años después. Quién iba a decírmelo. Los últimos doce meses siempre he tenido pendiente pensar en algo especial que decir o que hacer para el último post del año. Una extensa recopilación de mis entradas favoritas, un post invitado de Chiquito de la Calzada, una ópera-rock en tres actos… no sé, algo. Pero el resultado es que ya hace diez años que tuve aquella tarde tonta y me decidí a abrirme un bloj de esos sin saber muy bien qué iba a contar. Y no, no se me ha ocurrido nada para conmemorar tan, por otra parte irrelevante, fecha.

Llegado el momento del aniversario, aprovecho para hacer balance y, típicamente, quejarme de la decadencia en la que ha entrado el bloj. Pero esta vez ni eso. Al principio tenía sentido porque publicaba religiosamente varias entradas a la semana, pero ya son bastantes los años en los que ya no hay regularidad alguna y toca asumir que la irregularidad y escasez son ya parte esencial de esta santa casa. No valen falsos propósitos de enmienda: no voy a escribir más a menudo, y me da igual.

Reconozco que mantener el bloj se hace un poco pesado. No porque me quite mucho tiempo, sino por la sensación de tener siempre algo pendiente, de saber que debería darle vidilla de vez en cuando. No es por los lectores (lo siento), es por mí mismo. Ha sido tentador, sobre todo en este último año, pensar en cerrarlo con tan señalado aniversario para poder centrarme en otros proyectos. Muy tentador, de verdad. Pero a la vez sé que no puedo hacerlo porque me gusta tenerlo abierto.

Releo ahora entradas de hace años y me resultan interesantes ventanas al pasado. Algunas me avergüenzan, otras me sorprenden, otras ni siquiera recordaba haberlas escrito. Una década es un tiempo suficiente como para asumir que la decisión fortuita de empezar a escribir (sin ningún tipo de experiencia ni vocación previa) fue un suceso muy relevante en mi vida. Este bloj me ha cambiado, me ha dado mil oportunidades de conocerme mejor, de aprender, de forzarme a enfrentarme con mis contradicciones, de discutir con desconocidos, de sentirme incómodamente expuesto, de saber que he podido influir en otros y, sobre todo, de conocer a docenas de personas (virtualmente y en carne y hueso) que han aportado mucho a mi vida. No, no voy a privarme a mí mismo de algo así. Abrir el bloj fue una gran idea cuyas consecuencias no podía ni imaginarme. Es imposible pensar en lo que me ha pasado durante este periodo sin recordar que el bloj no sólo ha estado presente, sino que ha catalizado muchas experiencias imprescindibles.

Así que, sin más ceremonia, confirmo que estoy muy satisfecho de haber cumplido una década más o menos continuada y que me siento listo para seguir hasta que el cuerpo aguante. Gracias a todos por seguir ahí.

 

Noveno aniversario de “Diario de un copépodo”

umbral

Tal día como hoy en el año 2005, Diario de un copépodo iniciaba su andadura. Normalmente en el solsticio de invierno aprovecho para hacer un recuento de lo que ha dado de sí el año blogueril y me doy unas palmaditas en la espalda por lo bien que lo he hecho. Sin embargo, si tenemos en cuenta que 2014 ha dado para una escasa veintena de entradas (con diferencia el año más paupérrimo de producción copepodil), la verdad, me da un poco de vergüenza presentarme ante el respetable como si haber llegado hasta aquí fuese una odisea, cuando la vida de esta santa casa puede ser tan discutible como la de los virus o el mismísimo gato de Schrödinger.

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Octavo aniversario de Diario de un copépodo

fireworks

¿Quién lo iba a decir? Parece que fue ayer cuando tuve aquella tarde tonta de 2005 y decidí abrirme un bloj de esos, y ya han pasado ocho años, nada menos. Tradicionalmente en esta efeméride suelo hacer una pequeña entrada introspectiva para repasar lo que han supuesto los últimos 365 días, y ya puestos, lo voy a hacer hoy también, hala.

Por primera vez en varios años, lo cierto es que estoy bastante satisfecho con mi experiencia bloguera reciente, y veo más y más lejana la idea de cerrar el chiringuito, por el simple motivo de que sigo pasándomelo muy bien escribiendo. En aniversarios anteriores estaba demasiado preocupado porque ya no escribía con tanta frecuencia como antaño y cosas por el estilo, pero en esta ocasión me ha dado por hacer una lectura crítica de los posts de la supuesta edad dorada de esta santa casa y, la verdad es que me he sorprendido y me he dado cuenta de que tenía aquella época de (de 3-4 posts semanales) bastante idealizada. Las entradas con cierta enjundia no eran mayoría, y por el contrario abundaban anotaciones breves y un poco tontas compartiendo un chascarrillo, vídeo de youtube o viñeta de actualidad (vamos, lo que todo hijo de vecino hace hoy en día en otras redes sociales que en aquel entonces no existían o no eran tan populares como ahora. Si pusiese en el bloj toda las tonterías que digo o comparto en Tuiter, desde luego que saldrían 3 y 4 posts semanales). Eso por no hablar de entradas antiguas que me producen auténtico sonrojo, ora por su candidez, ora por cualquier otro defecto. Sin embargo esa era una de las dimensiones que desde el principio me parecían también interesantes del asunto bloguero: dejar un rastro de ti mismo y de tu evolución personal, y ocho años ya empieza a ser un intervalo suficiente para darme cuenta de que he cambiado bastante en distintos aspectos, y supongo que eso está bien.

Puede que no escriba tanto como antes, pero estoy razonablemente satisfecho con la experiencia y el esfuerzo de 2013, y aunque escasas, este año han visto la luz muchas entradas que me han dejado buen sabor de boca, empezando por la serie de Naturaleza de Etiopía contada para europeos ::1:: ::2:: ::3:: ::4:: ::5:: (¡Con un año y pico de retraso, pero lo conseguí!), y recordando otros rollos taxonómicos como Desmintiendo mitos y leyendas de la taxonomía o Los osos polares que se volvieron pardos a base de polvos. Hubo tiempo además para hablar sobre alimentación y uso de recursos en Soy científico y prefiero los “alimentos naturales”, con comentarios muy interesantes de algunos lectores. Entre las mejores experiencias naturalistas que he tenido este año se incluye el Bioblitz del 31 de mayo, del que tenéis una crónica aquí y también la observación de la explosión de cigarras periódicas del noreste de EEUU que acudieron a su cita después de 17 años (Cigarreando). En verano hice un viaje a California que, espero, se vea reflejado en algún momento en su propia serie de entradas (posiblemente centradas en flora y vegetación), aunque antes de ello también me pasé por Luisiana, donde conocí por fin un ecosistema mítico: los bosques inundados de Taxodium (ver Degustación de la flora del delta del Misisipi). Por supuesto, hubo muchas entradas relacionadas con la vida yanqui, y estuvo muy bien compartirlas con los lectores. Por ejemplo, el post sobre la nevada más extraordinaria, quizá, de mi vida: 70 cm en una noche (La nevada, sin más), el nacionalismo universitario o el regreso a la autoescuela. Añadiremos además alguna de las empanadas mentales que más he disfrutado escribiendo en este bloj: El amante de Jesús y las dramáticas consecuencias del homoerotismo bíblico

Y la actualización de los datos generales: 1.906.198 visitas (700 promedio en 2013), 856 entradas, 11.332 comentarios.

Gracias a todos por hacer esto posible (no tiene mucho sentido escribir si no te lee nadie), ¡comentad malditos! (y todo eso), y seguiremos por aquí como hasta ahora, y por tiempo indefinido.