Año cuatro

O dicho sin abreviar: Estudio longitudinal de la rizogénesis inducida en copépodos calanoideos sometidos a alopatría transatlántica. Año 4

El bloj estaba hecho unos zorros, lleno de polvo y telarañas. La contraseña del WordPress chirrió como una llave oxidada al usarse por primera vez en muchos meses.

Hola, soy yo.

Durante esta ausencia han pasado muchas cosas, y hoy estoy aquí para poneros al día. Por resumir: renuncié a mi contrato postdoctoral, co-envié un co-proyecto de investigación como co-IP, me mudé a través de siete estados, fui al congreso americano de botánica sin haber empezado a preparar mi charla (estas tres últimas cosas durante la misma semana, una de las más horripilantes de mi existencia), aterricé en una ciudad a orillas del Misisipi y me estrené como profesor en Augustana College, un poco como quien se sube a un tren en marcha con una jaula llena de periquitos en una mano y un huevo de Fabergé en la otra. Ha sido una de las temporadas más frenéticas que he pasado, y este es uno de los motivos por los que no he encontrado en el mismo momento tiempo, ánimos y contenido para escribir sobre peripecias personales. Por otro lado, con todo lo que ha pasado, no me iba a marcar un post sobre el Civilization VI como si nada hubiese ocurrido, ¡menudo fallo de raccord imperdonable! Así que a regañadientes, me impuse el cuarto aniversario de mi emigración como fecha en la que ya, sí o sí, debía dejarme de tonterías y volver a escribir. Así que aquí estoy, cuatro años después.

Sigue leyendo

[Libros]: Lab Girl y los Principia

Dos críticas de lecturas recientes, totalmente inconexas:

labgirlEste es uno de los libros de los que todo el mundo está hablando ahora en el mundillo de la divulgación científica angloparlante: Lab Girl, de Hope Jahren. Se trata de un libro de divulgación sobre plantas, y con eso sería suficiente para atraer mi atención. Pero es que además este libro ha venido rodeado de una expectación fuera de lo común: he llegado a leer por ahí que estábamos ante la Oliver Sacks de la botánica (palabras mayores). Lab Girl, decían las críticas, promete mostrar las plantas desde una perspectiva desconocida para el público, contada en primera persona por una científica con una carrera de más de veinte años dedicada a descubrir los secretos del reino vegetal.

A Hope Jahren la conocía por su blog, centrado precisamente en la carrera investigadora en EE.UU. desde la perspectiva de una mujer. La suya es, desde luego, una de mucho éxito y en la actualidad tiene su laboratorio en la Universidad de Hawaii, después de haber dado muchos tumbos por el país. De particular interés pueden ser, por ejemplo, sus posts sobre cómo superó el síndrome del impostor o sus hilarantes 20 consejos para las entrevistas de trabajo académicas, de gran utilidad.

Lo que más me ha gustado del libro ha sido la parte biográfica, que viene a ser el 90% del mismo. Con el mismo estilo directo, lleno de desparpajo, al que nos tenía acostumbrados, narra básicamente la totalidad de su vida como científica, desde que empezó a estudiar hasta que se convirtió en pope de sus cosas. Una narración llena de anécdotas y en la que no se le caen los anillos por hablar de otros temas como la enfermedad mental o la precariedad de la vida científica. En ese sentido, genial y muy recomendable, la fortísima personalidad de Jahren y su forma muy pragmática de ver la vida impregna cada página.

Sin embargo, el libro me ha decepcionado en cuanto a que apenas hay contenido científico sobre plantas (no es un libro centrado en biología vegetal, sino una autobiografía). Tan sólo algunas reflexiones breves sobre cómo es la vida desde el “punto de vista” de un árbol o de una semilla y algunas estadísticas llamativas pero no mucho más. Además, la experiencia de Jahren con la investigación es la de una persona muy machaca con la que personalmente no acabo de comulgar.

Sigue leyendo

Mis episodios mormones


Prólogo

Tengo una fijación obsesiva con los misioneros mormones desde hace muchos años. Y sí, tienen que ser mormones, no me valen testigos de Jehová ni evangelistas. Para los despistados: a los mormones se les distingue de otros tipos de majaderos religiosos por una muy cuidada imagen corporativa: van en parejas, son jóvenes, educadísimos, siempre visten un impoluto modelito de pantalón y camisa blanca inmaculada con corbata y llevan la típica plaquita identificativa (Elder + apellido) que queda rubricada, como si una denominación de origen se tratase, por el nombre formal de su sarao: Iglesia de Jesucristo los santos de los últimos días. También hay chicas, pero son una minoría. La fascinación que me provoca esta religión se debe a varios motivos.

Por una parte está el fenómeno religioso en sí, que explicaré con un poco de detalle a continuación. No creo que el mormonismo sea muy diferente a otras religiones, pero su origen es tan reciente y se puede rastrear tan bien, que es fascinante comprobar el éxito que puede tener en la era moderna una… ejem…  maravillosa y esperpéntica chifladura. Dice muy poco, eso sí, a favor de la masa ovina de gente capaz de creerse cualquier cosa, pero da unos momentos de regocijo que ninguna otra religión puede igualar.

Sigue leyendo

El gazapo botánico de Tarantino


Kill_BillEn este bloj se ha cultivado una afición un tanto maniática en alguna que otra ocasión: la de intentar comprobar si las localizaciones de rodaje de algunas películas se han elegido con criterio botánico. Ya hace tanto tiempo que no hago ninguna crítica de este tipo que merece la pena recordar que hemos hablado de cómo podríamos saber que cierta escena de “No es país para viejos” tenía, forzosamente, que estar rodada en Texas o muy cerca, o que el Ché acabó en Sierra Morena cuando debía estar en Bolivia. También dijimos por qué cierto punto de la provincia de Granada no era mal lugar para alguna escena de “Doctor Zhivago” o por qué la vegetación del interior del palacio de Darío III de Persia en “Alejandro Magno” no es muy convincente.

No siempre se puede afinar una posición geográfica gracias a las plantas que se dejan ver en la cámara, pero cuando se puede me gusta valorar si la elección ha sido buena o no. Son críticas menores, porque uno no aspira a que todo el mundo comparta ciertas obsesiones profesionales, pero me parece entretenido hacerlo aunque para el director esas decisiones sean puro atrezzo. No deja de ser, de todas formas, una manifestación de cuánto ignoramos a las plantas en nuestra vida.

Pero en fin, a lo que iba hoy. El otro día revisitando Kill Bill, me volvió a ocurrir. Un casi imperceptible pantallazo azul en alguna neurona remota del córtex prefrontal. Justo unos momentos después de las escenas de la capilla donde tenía lugar el ensayo de la boda de La Novia (Uma Thurman), ensayo en el que entran Bill y sus chicas y la lían parda. Pues bien, en teoría esta capilla está cerca de la ciudad de El Paso, en Texas, como se dice claramente.

killbill1

Segundos después vemos cómo el chérif se aproxima al lugar recorriendo un paisaje desértico. Hasta aquí nada que objetar.

Sigue leyendo

Plantas con calefacción central


Aprovecho para hacer un breve apunte botánico a raíz de un encuentro que he tenido hoy. Desde finales de invierno florece por aquí el llamado skunk cabbage (Symplocarpus foetidus) o col fétida. Una arácea un poco basta y feota frecuente en zonas encharcadas de los bosques de planifolios que no tiene mucho de especial excepto que se trata de un clásico ejemplo de planta termogénica (capaz de aumentar su temperatura). Esto le pasa a muchas otras aráceas y a plantas como el heléboro. Básicamente en las mitocondrias de las células de la inflorescencia, las ATPasas (las enzimas esas con forma de chupete) desacoplan su actividad de la producción de ATP y pasan a disipar calor. En teoría son capaces de aumentar en unos cuantos grados la temperatura de estos tejidos respecto al exterior. Esto favorece que se disipen sustancias volátiles y un tanto malolientes que atraen a los polinizadores: las moscas (las cuales, además, disfrutan de un refugio cálido).

La cuestión es que a poco que miréis por internet encontraréis fotos muy chulas en las que las inflorescencias (que aparecen antes que las hojas) funden la nieve a su alrededor dejando unos circulitos muy monos. En mi zona, normalmente para cuando florecen los repollos estos ya no hay nieve, pero una nevada tardía que nos cayó el lunes me ha permitido explorar esta posibilidad. Por desgracia los resultados no han sido muy espectaculares, quizá porque las inflorescencias llevan ya fuera unas semanas y quizá ya no están térmicamente tan activas, pero aún así… ahí van las fotos.

IMG_20160406_190240318 IMG_20160406_190306886

IMG_20160406_190320435 IMG_20160406_190403840

IMG_20160406_190648487 IMG_20160406_190417959

Saquear una biblioteca: logro desbloqueado


Es fácil imaginárselo. La sibila abre con dificultad la pesada tapa del arcón de madera. Tarquinio se asoma nervioso para ver su interior: en el fondo descansan tres gruesos rollos de pergamino. No puede decirse que le sorprenda su contenido, más bien se confirman sus peores sospechas. Cerrando los ojos le hace a la vieja una pregunta. “¿Cuánto?”. Tarquinio se teme la respuesta: sin mostrar ninguna emoción la sibila le indica que quiere una cantidad ingente de oro como pago por los tres rollos. Es exactamente la misma cantidad que había pedido la víspera por seis (tres de los cuales había destruido durante la noche). Exactamente el mismo precio que, dos días antes, le pidió por la colección completa de nueve rollos, antes de iniciar la implacable labor destructora. El resto de la historia es de sobra conocida: Tarquinio acaba aceptando y paga por tres libros proféticos el mismo precio astronómico que originalmente le hizo rechazar los nueve. Dejando al margen la valoración de Tarquinio como negociador (no comment), ¿Cómo se le debió de quedar el cuerpo? Por una parte, Roma consiguió gracias a él tres libros de valor incalculable (vaso medio lleno), pero es inevitable pensar que por ese mismo precio podía haber conseguido mucho más, y es fácil imaginar que se lo debió reprochar a sí mismo muy a menudo. Hay libros que sólo se ponen a tiro una vez.

Sigue leyendo

Reflexión cínica: el networking

Estoy hasta las narices de la gente que no responde los correos. Así os lo digo. Hasta los huevos. No voy a llegar yo aquí ahora de superhéroe cibernético: seguro que a mí se me han pasado correos por responder muchas veces, seguro que a veces debería haberme dado vergüenza y seguro que hay gente que podría recordarme alguna vez en la que haya pasado de responderle. Seguro. Mil latigazos que merezco. Pero en general mi percepción es que atiendo los correos razonablemente bien tanto los personales como los profesionales. Muy a menudo incluso los de perfectos desconocidos.

Vale que en muchos aspectos puedo ser la excepción: yo de hecho aún mando (raramente) correos como si fuesen cartas para ponerme al día con alguien. No tan a menudo como me gustaría, porque lleva su tiempo, pero me gusta eso más que andar con el guasap. Pero en fin, yo a la gente no les pido una epístola, pero sí unas mínimas normas de cortesía: responder a lo que se te pregunta (o al menos informar de que el correo se ha recibido y de que no tienes intención de responderlo. No sé, ALGO).

Sigue leyendo