Mark Watney, héroe de los botánicos

HINC SVNT SPOILERES (pero poquito)

El género de crítica cinematográfica con reseña científica sabionda incorporada es todo un clásico de los blojs de ciencia. Básicamente consiste en pillar por banda una película, generalmente de ciencia-ficción, y criticarla desde el punto de vista de lo rigurosa que resulta. Quizá por aquello de que “la perfección es enemiga de lo suficientemente bueno”, pocas películas se libran de un buen rapapolvo de parte de los blogueros más exigentes. Hasta “2001, Odisea en el espacio”, quintaesencia del perfeccionismo, tiene por ahí algunos gazapos. En mis años mozos, también me dediqué a sacar punta a películas como la del Ché o el Planeta de los simios, siempre intentando arrimar el ascua a la sardina botánica, pero en tiempos más recientes la verdad es que no me ha dado por ahí porque, puaf, qué asco de vida. Hoy voy a retomar esta sana costumbre, pero en plan vago.

THE MARTIAN

Después de ver The Martian, una película que ya desde antes de su estreno se estaba convirtiendo en un filme de culto en una comunidad concreta (como demostraré enseguida), siento que algo hay que escribir en tan señalada ocasión. The Martian tiene tres elementos que la predestinaban a que me gustase: la colonización de Marte, la supervivencia basada en el conocimiento, y un protagonista botánico. Por su parte tenía otro elemento que me hacía orinarme de miedo: Ridley-Prometheus-Scott haciendo de las suyas. Por suerte este último ha quedado neutralizado.

Vamos por partes.

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Farlow Herbarium y charla para el NEBC


Este fin de semana estuve trasteando en Cambridge (el de aquí, no el de allí) porque me invitaron a dar la charla del encuentro mensual del New England Botanical Club. Normalmente no voy contando por aquí mis bolos, pero la singularidad de la ocasión y el interés de varios de vosotros me hizo comprometerme a rendir cuentas así que allá voy.

El NEBC es, creo, la segunda sociedad botánica más antigua de EE.UU., creada en 1896 por William Farlow, el primer catedrático de botánica criptogámica de Estados Unidos. Publican una revista de flora local desde 1899 (Rhodora), muy conocida por los botánicos de la zona, y llevan ininterrumpidamente reuniéndose y montando saraos estos 120 años, siempre con la intención de conocer y promocionar el estudio de las plantas de Nueva Inglaterra y como punto de encuentro de los botánicos de la zona. Como Farlow era profesor en Harvard, desde sus orígenes la sociedad ha estado ligada a esta universidad y a su museo de Historia Natural, y este es uno de los motivos por los que esta charla era especial para mí, ¡que no todos los días se tiene la oportunidad de hablar en un sitio así!

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Libros a granel


Ya os he dado la brasa muchas veces con mi librería de confianza en Boston (la Brattle), lo mucho que me gusta y la de cosas interesantes de segunda mano que se pueden encontrar. También os he dicho que intento no comprar libros en papel mientras tenga vida nómada, aunque esta regla se ha ido relajando (inevitablemente). Seguro que a muchos os gusta, igual que a mí, el hecho en sí de buscar libros a lo loco, en estanterías más bien desordenadas, sin tener ni idea de lo que uno va a encontrar y siguiendo un criterio muy personal y un tanto imprevisible a la hora de separar el grano de la paja: pasar uno tras otro títulos que no nos llaman mucho la atención y sufrir un agradable sobresalto al encontrar algo interesante.

Para pasar el rato de esta manera no hace falta ir a ninguna librería de moda, es más, el encanto de los libros de segunda mano es precisamente ese gustillo de convertirse en arqueólogo, buceando entre montañas de libros polvorientos más que entre las últimas novedades, cuidadosamente ordenadas. Bueno, pues hasta ahora no tenía fichada ninguna librería que me hubiese llamado la atención cerca de casa, pero este fin de semana me he enamorado de un nuevo templo bibliofílico: el granero de los libros de Niantic.

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El Book Barn (peligrosamente situado a 45 minutos de casa) podría pasar como una librería de segunda mano más de no ser un lugar llamativamente excéntrico. En lugar de una tienda concentrada es un conjunto de edificios desperdigados en cuatro lugares distintos de Niantic, un pueblecito costero de Connecticut. El edificio principal tiene pinta de granero, pero a él se suman una ristra de casetas, cabañas, carromatos, kioskos y edificios anexos formando un caos encantador en un jardín imposible con bancos, adornos horteras, cartelones, fuentes y un corral con cabras.

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La catarsis


Dos ancianos se dan la mano por encima de un muro de piedra durante algún tipo de celebración al aire libre.

Photograph, Union and Confederate veterans shaking hands at 1938 Gettysburg Reunion Still Pictures ID number: 111-SC-109197 Rediscovery ID number: 19837 DTCW Exhibtion ID number: 8.2.8 18737_2009_001

Hay más gente alrededor, inmersos en algún tipo de actividad que puede hacernos creer, si no prestamos demasiada atención, que este gesto es una reacción espontánea de saludo y que no encierra nada del otro mundo. Sin embargo sólo tenemos que dedicar unos instantes más a inspeccionar la instantánea para darnos cuenta de que la mayoría de las personas que vemos, en realidad, llevan uniforme. Esta imagen, sacada de los Archivos Nacionales, fue tomada en 1938 en Gettysburg, y quienes se dan la mano son dos veteranos de la guerra civil estadounidense que combatieron en sendos bandos de dicha batalla 75 años antes, en 1863. Esta imagen me ha dejado fascinado. Voy a intentar contar por qué.

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Mis vacaciones en España contadas para americanos

Dear friends,

Muchos de vosotros me habéis preguntado estos días por mis vacaciones en España (Spain). Sé que lo hacéis en un 70% porque es lo que se espera de vosotros. Qué bien mandaos y qué majos sois. Para evitar malentendidos, voy a satisfacer al otro 30% (el de la verdadera curiosidad) con este post al que os remitiré cuando queráis algún detalle en concreto. Y así de paso practicais el español (aunque os ayudaré con las palabras más difíciles).

En resumen: me he tirado tres semanas en España y han sido unas vacaciones que podríamos caracterizar como cojonudas (fucking awesome). Algunos me ponéis cara de huevo cuando os digo que han sido tres semanas, tres, como los tres Dominios o las tres patas del banco. Sí señores, tres semanas sin ningún tipo de remordimiento y sin mirar el correo electrónico del trabajo. Aquí viene la primera revelación: me parece una desgracia que este detalle os resulte llamativo. Para explicar un poco este problemilla del choque cultural os aclaro que a las personas del otro lado del Atlántico se nos ocurren un montón de cosas con las que llenar el tiempo en lugar de trabajar. Sé que en este mismo momento estáis pensando que soy un vago, así que vamos a dejarlo aquí porque si no, no llegamos a nada.

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Bioblitz en la UConn este fin de semana (pasaos, si eso)


squarelogo2Este fin de semana, como gran traca final poco antes de mis (¡merecidérrimas!) vacaciones, tenemos sarao en el campus de Storrs: un  bioblitz. Como quizá sepáis o recordéis, un bioblitz es una suerte de maratón científico-educativo en la que un grupo de taxónomos o naturalistas expertos en distintos grupos de organismos intentan identificar todas las especies que puedan en un área concreta durante 24 horas ininterrumpidas. Esta actividad está abierta al público (niños incluidos) para que vean cómo los biólogos manipulan serpientes, cazan mariposas o identifican algas al microscopio y finaliza con un gran recuento final de todas las especies.

En el mundo sajón son relativamente frecuentes, pero me da la impresión de que al menos en España son bastante desconocidos (con excepciones, claro, como el que se organiza regularmente en Barcelona). Ya conté en su día la impresión tan estupenda que me causó la primera vez, así que no voy a insistir sobre ello más que para decir que alguien que conozco que ha organizado bastantes dice que puede cambiar la vida de una persona. Esto puede parecer exagerado, pero que si ves hablar el empolloncete este de las gafas en el vídeo de abajo lo mismo sí que te crees que estos saraos son fábricas potenciales de crear naturalistas como churros, cosa que no le vendría nada mal al mundo.

Bueno, pues yo hasta ahora había participado en dos biobltzs, bioblisztztz… ¡BIOBLITZES!, en ambos como especialista en musgos, y por lo tanto disfrutando de la parte buena (el campo, la interacción con el público y la comida gratis). Sin embargo, en el bioblitz de este fin de semana me estreno como organizador de saraos, puesto que tanto la iniciativa como el desarrollo partió de un grupo de postdocs del departamento.

Organizar una feria de estas es algo muy distinto a participar de ellas como naturalista, y dos días antes de la fecha señalada ando a la vez expectante y un poco cansado ya de tratar con ciertos “elementos”. Una lección importante que me llevo de esto es que cuando organizas algo, todo el mundo no implicado en dicha organización parece tener clarísimo cómo deben hacerse las cosas, mucho mejor que los implicados. Curiosísimo, ¿verdad?

En fin, que menos mal que para bien o para mal, este fin de semana todo se acaba, así que aprovecho para hacer como hace todo el mundo con los saraos e invitaros a todos a venir si os dejáis caer por Storrs, Connecticut.

En la web están todos los detalles. Hemos conseguido expertos en en porrón de organismos distintos (Desde microhongos a roedores pasando por plantas acuáticas, odonatos, reptiles,… todos los flancos están cubiertos) y hay organizadas muchas actividades interesantes (construye tu propio microscopio, biomonitorización de los ultrasonidos de los murciélagos, etc). Tenemos montado un proyecto en iNaturalist para llevar el seguimiento de las especies (este fue realmente el motivo por el que empecé a reexplorar iNaturalist hace poco), y en general todo parece listo. Si por algún motivo de fuerza mayor (el Océano Atlántico, el Golfo de México o alguna otra contrariedad de igual o mayor calado) no podéis venir, también se puede seguir todo por tuiter.

Y que Darwin nos pille confesados.

Cita en las afueras (redux)

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La sonda New Horizons está a punto de llegar a Plutón. No llega para quedarse, sino que básicamente va a pasar de largo a toda leche a su lado, aprovechando el singular acercamiento para tirarle fotos y hacerle mediciones con toda la parafernalia de cacharrines que las sondas espaciales suelen tener. Es como cuando vas en coche autobús, pongamos, a Tarancón, y a la altura de Perales de Tajuña te das cuenta de que se ve un poco más adelante algo que te interesa (pongamos, un aguilucho cenizo posado en un poste), y como buenamente puedes sacas la cámara a toda prisa y tiras cuatro fotos malas y movidas mientras ves por la ventanilla cómo tu sujeto se queda atrás a toda velocidad. Esto es lo que la NASA llama un flyby, con la diferencia de que tú vas (recordemos) a Tarancón, y de paso le haces un flyby a un aguilucho cenizo, pero la New Horizons debe su viaje y, de hecho, toda su existencia a ese flyby a Plutón, y en lugar de dirigirse a Tarancón va, básicamente, al vacío cósmico (como si siguieras por la Nacional 3 pasado Tarancón bien lejos, como si fueses, ¡yo qué sé! ¡A Buñol!, solo que mucho más lejos todavía). Afortunadamente, un flyby a Plutón lleva más tiempo que uno a un aguilucho cenizo y a la sonda le dará tiempo a tomar algo más que cuatro fotos movidas, y de hecho nos va a mostrar Plutón tan bien que, seguramente, vamos a necesitar pañales en unos días.

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Así ve Plutón New Horizons ahora. Unas imágenes con inminente fecha de caducidad y de las que nos olvidaremos pronto, cuando veamos Plutón en toda su gloria

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