Batallitas: primera Guerra Médica

Bueno, pues como dije y aprovechando que estamos todos puestísimos con la estrategia militar en la antigüedad me ha dado por hacer posts de batallitas en sandalias que además de ser de gran utilidad a la hora de jugar al Civilization o al Age of Empires en todas sus variantes son moralmente inocuas porque la gente que murió en ellas lleva tantos años criando malvas que nos permite frivolizar libremente para regocijo de todos a los que les interesan estas cosas. Como esto no es un blog de historia tampoco es cuestión de enrollarse mucho, pero al final pongo siempre un poco de bibliografía por si alguien quiere más. Los escenarios de las batallas están tomados de GoogleEarth y son los reales, pero obviad las carreteras asfaltadas, cultivos y aeropuertos.

Lo que pasó antes
Bueno, pues todo el jaleo de estas guerras, cuya sangre todavía nos salpica en el cine y de las que tanto se ha escrito comenzaron con una cosa tan tonta como una subida de impuestos. Allá por el 499 a.C. las polis griegas ya rodeaban por completo el Egeo, sin embargo las que estaban situadas en Asia Menor (Jonia, actual Turquía asiática) no eran completamente independientes puesto que pagaban tributo al Imperio Persa. La cosa no es que fuera mal, pero con la subida de impuestos a Aristágoras de Mileto se le hincharon las narices y decidió fomentar una sublevación masiva que anunció a las demás polis por medio de un esclavo sordomudo con el pelo afeitado al que había tatuado las instrucciones en la cabeza y dejado crecer el pelo después. Para ello decidió pedir ayuda a los griegos europeos de los que sólo aceptaron prestar una modesta flota los atenienses. Una vez realizada la sublevación en la que los griegos masacraron a las tropas de ocupación persa y no contentos con ello, la coalición decidió incendiar y destruir Sardes, la capital de la “provincia” imperial que les correspondía.

maratonmapa.jpg

El rey Darío cuando se enteró no se lo podía creer. “¿Cómor, que han destruido lo qué?” “Han destruido Sardes, mi señor” “¿Y quién ha sido?” “Los jonios y los atenienses, mi señor” a lo que Darío se quedó con cara de pasmo pues no tenía ni idea de quién narices eran esos atenienses “¿Los jonios y quién..?“, así que tras consultar el mapamundi actualizado hizo que un esclavo le repitiera cada vez que se sentaba a la mesa “Señor, acuérdese de los atenienses” y claro, pasados varios años de oír esta cantinela 3 veces al día decidió dar un escarmiento a los griegos y sin olvidarse de los puñeteros atenienses.

En general, lo consiguió con creces y castigó duramente a todas las ciudades sublevadas sin piedad. Una vez hubo recuperado el control de Jonia preparó una expedición a Atenas para castigar su osadía. Los atenienses, cuando se enteraron, básicamente se hicieron caquita. En el año 490 las tropas persas de Artafernes (25.000 hombres entre infantería y caballería) desembarcaron en la llanura de Maratón, a 42 km de Atenas. Los atenienses hicieron un llamamiento a sus vecinos para que les prestaran ayuda, y exceptuando la polis de Platea todos les hicieron un corte de mangas. Los espartanos dijeron que sí que muy bien, pero que la luna no estaba propicia para luchar y que si eso luego ya eso.

Ahora bien, es importante aclarar que los persas no preparaban una invasión a gran escala sino un severo correctivo y que creían contar con la ayuda de algunos atenienses filopersas que, llegado el momento, traicionarían a los suyos y les abrirían las puertas de la ciudad. Mientras esperaron ese momento los atenienses y los plateos acamparon en las colinas adyacentes a Maratón.

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Los contingentes
El persa constaba fundamentalmente de infantería ligera y de caballería. La concepción de la guerra en las planicies asiáticas daba una importancia capital al poder de la caballería, sobre la que recaía la responsabilidad fundamental del ejército que quedaba dotado de gran versatilidad pero de escasa solidez. La caballería tiene una ventaja táctica natural en las llanuras. Como ejército de un vasto imperio estaba integrado fundamentalmente por mercenarios de origen diverso, y a menudo ni siquiera conseguían comunicarse efectivamente entre sí por hablar distintos idiomas.

greek_hoplite.pngAunque los griegos quizá no lo supieran, militarmente eran muy superiores a los persas. En Grecia no había pastos y planicies que propiciaran una caballería, pero por otra parte los soldados eran ciudadanos. Esto tenía como consecuencia que para el ejército, la vida de cada soldado tuviera un gran valor, y por ello se desarrolló toda una panoplia defensiva que caracterizaba al soldado griego clásico de infantería pesada: el hoplita. Su nombre, precisamente, deriva del hoplon (escudo) de más de un metro de diámetro que protegía al soldado individual y a toda la falange, cuya fuerza residía precisamente en formar un compacto e impenetrable muro de escudos de los que salían las lanzas. Mantener la formación era la clave del éxito de la falange griega, el frente de escudos era la frontera entre la vida y la muerte. Las falanges griegas, además, tenían la ventaja de estar siempre bien entrenadas gracias a las constantes guerras entre polis.
Veremos que es una constante en las guerras médicas que los persas intentan llevar el combate a las llanuras mientras que los griegos evitan el campo abierto, donde sus pesadas falanges son poco maniobrables.

La batalla
Tras varias jornadas de espera los persas decidieron forzar la rendición de la ciudad (gracias a los supuestos traidores con los que estaban en contacto). Una parte del ejército (10.000 efectivos, caballería incluida) embarcaron de noche de nuevo con destino al puerto ateniense de Fálero, junto al Pireo, para lo que tenían que rodear todo el Ática por el cabo Sounion. Los griegos, sin embargo, se dieron cuenta de la estratagema y aprovechando que no estaba la caballería decidieron emprender la batalla. Como estaban en inferioridad numérica (10.000 hoplitas frente a 15.000 infantes y arqueros) el estratega de la batalla (Calímaco de Afidna) dispuso sus tropas de una forma distinta a la habitual. En lugar de mantener una profundidad de 8 hoplitas en la falange redujo ese “grosor” a sólo 3 soldados en el centro, manteniendo reforzadas las alas (esta decisión fue crucial, porque permitió que la anchura de la falange fuese suficientemente amplia incluso en inferioridad).

maraton2.jpg

En esta disposición expandida “en H” los griegos tomaron la iniciativa y cargaron contra el persa armándose de valor y entonando el peán (canto de guerra), evidentemente manteniendo la formación en todo momento.

El centro del batallón persa resistió el embate como pudo, sin embargo las reforzadas alas de los griegos rompieron la línea enemiga. Una vez hecho eso ambos laterales giraron simultáneamente hacia el interior en una maniobra de pinza, dejando al enemigo rodeado. Pronto cundió el pánico y los persas se retiraron atemorizados a la costa, donde algunos fueron rescatados por la flota.

maraton3.jpg

Exultantes por el triunfo, los atenienses y plateos marcharon rápidamente a la ciudad (quien quiera agregar aquí la leyenda de Filípides puede hacerlo) que alcanzaron en unas 10 horas, a tiempo de comunicar la victoria antes del completo desembarco de la caballería persa en Fálero, que al saber de la derrota de sus compañeros hicieron la maleta y huyeron a Asia con el rabo entre las piernas.

Herodoto nos cuenta que murieron 6.400 persas y que sin embargo sólo hubo 192 bajas atenienses (número que se convertiría en un fetiche para Atenas) incluyendo al propio Calímaco. Aunque desde un punto de vista analítico la victoria griega estaba cantada por la ausencia de caballería, los atenienses se crecieron muchísimo con esta victoria durante los siguientes 10 años. Los espartanos, por cierto, aparecieron tiempo después de la batalla (cuando el ciclo lunar les fue ya favorable), y aunque no pudieron entablar combate sí que examinaron el campo de la batalla para ver “cómo estaba hechos” los persas.

A pesar de ese triunfalismo no hay que exagerar. El ejército persa salió muy bien parado de su incursión por el Egeo, recuperando y castigando a los territorios rebeldes. Se quedó con las ganas de hacer pupita a Atenas, nada más y nada menos, y ese tipo de tareas pendientes no se olvidan en diez años…

Bibliografía

Herodoto. Historia. Ed. Gredos

Víctor Barreiro Rubín. La Guerra en el mundo antiguo. Ed. Almena 2004

Angus Konstam. Atlas Histórico de la Antigua Grecia. Ed. Edimat 2003

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11 thoughts on “Batallitas: primera Guerra Médica

  1. Fernando 13 abril 2007 / 9:11

    Muy interesante. Nada mejor para un viernes por la mañana que imaginarme en el centro de esa falange griega, con sandalias, hoplon, lancita y una miríada de persas por delante. Así sí… ¡Qué bello es morir!”
    :D

  2. vespinoza 13 abril 2007 / 12:54

    Si no has jugado aun al “Rome total war” (modificado rome total realism) no se a que estás esperando.

    Muy bueno el post

  3. Carlos 13 abril 2007 / 14:47

    Qué guay, las guerras cuerpo a cuerpo de aquella época tenían que ser brutales y vaya estrategias que se montaban los cabroncetes xD

  4. Fernando 13 abril 2007 / 15:48

    Yo prefiero el barbarian invasion (su expansión). Las sandalias molan, pero donde estén unos buenos bigotes (By Goth!).

  5. Rafa 13 abril 2007 / 19:24

    Y yo me pregunto… ¿a mí por qué me molan estas cosas si soy pacifista?

  6. Carlos 14 abril 2007 / 14:31

    Yo digo que es porque, como bien has dicho, los implicados llevan miles de años criando malvas y porque tenían unas tácticas superinteligentes con las que puedes flipar un rato :P

  7. Kike 16 abril 2007 / 19:06

    Interesante artículo histórico. Un dia de estos, una crónica de la segunda cruzada.
    La verdad es que estas batallas de la antiguedad donde 5 ganan a 500 sólo por la táctica siempre me han flipado. Mucho más que vencer “por que eres mejor” me resulta fascinante el hecho de vencer “por que eres más listo”.

  8. Rafa 16 abril 2007 / 20:11

    ¡Ahí está! Es que eso es fundamental. A menudo el cine (no miro a nadie) hace pensar que la guerra antigua era llegar, dar leches y los que más aguantaban eran los que ganaban… y no: muy a menudo se premiaba la estrategia y no sólo la fuerza bruta.

    Seguiré con esta serie puesto que os ha gustado.

  9. hugo errazuriz 13 septiembre 2011 / 2:30

    Muy geniaaaaaaaaaaaaaaaaaal justo lo qe necesitaba para mi trabajo de investigacion
    Hugo Errazuriz 7ºB Viña del Mar (:

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