Panoramas botánicos de California


Ya ha pasado más de un año desde mi viaje a California, del cual nunca hubo reseña en el bloj. En parte es porque me pilló flojo de fuerzas ponerme a filtrar todas las fotos a la vuelta como hacía antes: clasificarlas en flickr, georreferenciarlas, identificar todas las especies posibles etc. Lo malo es que lo fui dejando, dejando y al final nunca llegué a hacerlo… hasta ahora. Los posts naturalistas de viajes solían darme antes muchas satisfacciones, pero no sé si es porque llevan mucho trabajo hacerlo (para el poco feedback que dan, ya estoy echando balones fuera), o que en el caso de California conseguí pocas fotos de fauna interesantes, al final nunca me animé a lanzarme. Lo malo, me doy cuenta, es que aquel viaje me lo preparé demasiado rápido y no pude asimilar con calma lo aprendido, algo para lo que los posts en el bloj siempre me vinieron muy bien. Por este motivo me estoy pensando hacer un post o una miniserie de vegetación de California (con el único y egoísta objetivo de recordar y fijar lo observado), y entre que me decido o no, al menos voy a subir algunas de las imágenes que más me están gustando estos días de retorno a flickr.

(click en los panoramas para ampliar)

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVistas de la ladera este de Sierra Nevada (la de California, claro) desde los alrededores de Bridgeport, en el margen de la meseta conocida como The Great Basin, una inmensa cuenca endorreica que ocupa gran parte de Nevada. Aunque esta foto no es representativa, está dominada por Artemisia tridentata y Chrysothamnus nauseosus

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Mis pecados americanos (2 de n): el cactus blossom


A menudo se dice que en Estados Unidos se come mal, de forma poco saludable. Esto hay que aclararlo, porque no es cierto así como suena: aquí se come como tú quieras comer, y nada te impide tener la dieta más saludable del mundo siempre y cuando estés dispuesto a buscar ingredientes de buena calidad y a dedicarle el tiempo necesario a cocinar. Siendo esto una verdad aplicable a casi cualquier lugar del mundo, también hay que decir que lo que sí es cierto es que comer bien en Estados Unidos sale más caro que en España.

Al contrario de lo que podría parecer, uno de los elementos que más estoy disfrutando de la vida en el yanqui es justamente la gastronomía. En gran medida se debe a que Nueva Inglaterra en general, y esta esquina de Connecticut en particular, mantiene una saludable actividad de la agricultura y ganadería minorista que permite disfrutar de materias primas estupendas. Por supuesto, echo de menos muchos productos patrios que aquí son completamente imposibles de encontrar (a no ser que los consigas de importación en alguna tienda española de Hartford o Nueva York, a precios astronómicos): además del jamón ibérico (que no podía faltar en la lista), un buen surtido de quesos a precios razonables, la variedad de pescado a la que te tiene acostumbrado Mercamadrid y algunas de mis frutas favoritas como el melón “de Villaconejos” y los higos.

A cambio, tengo que decir que la leche que tomo aquí es la mejor que he probado nunca, que los yogures y derivados no tienen nada que envidiar a los que se hacen en Grecia, que hay unas frutas y verduras de temporada que son una gozada y que el marisco local me ha dado alguna sorpresa agradable. Estas cosas también hay que decirlas, porque hay mucho provincianismo gastronómico y al final acabamos tomándonos demasiado en serio que los plátanos de Canarias son, objetiva y claramente, superiores a todos los demás, y tampoco es eso.

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Dibujando al nenúfar gigante


Hoy se publica mi primera entrada en Principia, la revista digital de cultura científica en la que participo sobre todo como editor adjunto y en la que nos damos cita muchos de los integrantes de la antigua JOF (además de muchas nuevas y magníficas incorporaciones). Por si aún no os habíais enterado de su existencia, aprovecho la ocasión, claro, para recomendaros que le echéis un vistazo y que, esperamos, estéis de acuerdo en que merece la pena seguirla muy de cerca.

Como decía, sale hoy una contribución mía que espero que os guste y que lleva por título

El nenúfar gigante que cautivó a Inglaterra

Obviamente, dadle al enlace para leerlo, comentar y todo lo demás, pero puesto que me dejé algunas cosas en el tintero quería aprovechar el bloj para añadir un apéndice a ese artículo. En 1851, un par de años después de que se consiguiera que Victoria amazonica floreciese en los invernaderos europeos, William J. Hooker (el entonces director de los Kew Gardens) y Walter H. Fitch (el ilustrador botánico de Kew por aquella época) publicaron una pequeña obra que incluía cuatro deslumbrantes litrografías del nenúfar más grande del mundo, con sus hojas capaces de mantener a flote a un niño y sus inmensas flores que sólo viven 48 horas. Estas ilustraciones fueron las que dieron a conocer esta especie a botánicos, jardineros y curiosos y me apetecía ponerlas por aquí para nuestro disfrute. Espero que además os guste la historia.

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Mis pecados americanos (1 de n): me gusta Nueva York


Tarde o temprano tenía que pasar, por aquello de que nunca te bañas dos veces en el mismo río, y todo eso: tras dos años en el yanqui, ya no soy el mismo que cuando vine, y he cambiado de opinión o adoptado nuevas costumbres. Todas ellas se deben a lo que he aprendido de esta experiencia, y hay bastante de prejuicios superados. Los voy a llamar “pecados” por lo que tienen de traición a mi yo del pasado, pero más por hacer la gracia que otra cosa: en el fondo estoy contento de ver que sigo siendo capaz de aprender cosas nuevas. Además, ¡Que le den a mi yo del pasado! ¿Qué ha hecho por mí? Empecemos:

Manhattan, desde el "Top of the Rock"

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La retorcida ortodoxia de las orquídeas


Terminé el último post con esta imagen de unas flores epífitas creciendo cerca de la ciudad cubana de Baracoa, preguntando al respetable si había algo en ellas que resultara especialmente llamativo. Hoy toca desvelar el misterio.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEstas flores pertenecen, sospecho, a la especie Prosthechea cochleata, llamada también “black orchid” en Belice (donde se le considera la flora nacional) o “pulpitos” en español y quizá sin necesidad de estos datos muchos la hubiéseis reconocido como una orquídea.

No cabe duda que las orquídeas son unas plantas a las que les sobran cualidades para fascinarnos. Aunque su belleza pueda sugerirnos fragilidad o rareza, estamos ante, quizá, la familia de angiospermas con mayor éxito evolutivo (con más de 25.000 especies), y está claro que uno de los motivos de este éxito se debe precisamente a la sofisticación de sus flores.

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La naturaleza de Cuba contada para europeos (3/3): Baracoa y alrededores


Imperdonable la demora que ha ido arrastrando esta serie, y especialmente su último capítulo, pero a todo le acaba llegando su hora. Dejamos pendiente en la entrega anterior hablar de los ecosistemas más húmedos de la isla: las pluvisilvas montanas del este de la isla. De nuevo tengo que recordar que esta serie la estoy haciendo sin mis cuadernos de campo y mis notas, así que irá un poco flojilla en cuanto a contenidos.

Cuba no se encuentra en una latitud típica para la presencia de pluvisilvas, y la mayoría de sus bosques son más bien tropicales con una estación húmeda y una seca. Sin embargo, en algunas zonas montañosas, la lluvia orográfica favorece una precipitación más constante a lo largo del año, y un desarrollo de bosques que sí se corresponden de forma aproximada (aunque con desarrollos mucho más modestos) con los bosques lluviosos ecuatoriales, y son a ellas a las que nos referimos como pluvisilvas montanas.

Como se vio en entregas anteriores, Cuba es más bien una isla bastante llana, en la que destacan sólo algunas formaciones montañosas de cierta importancia: la sierra del Escambray, en el centro de la isla, por supuesto, Sierra Maestra, al este, y más al este aún, las sierras de las Cuchillas del Toa. En el Escambray se encuentra el Parque Nacional de Topes de Collantes, que visité fugazmente.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl Escambray, de pasada

En cuanto a Sierra Maestra, no hubo tiempo para visitarla, pero donde sí pude disfrutar de unos cuantos días fue en la ciudad de Baracoa y las montañas de su entorno, concretamente en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, una de las joyas del patrimonio natural cubano.

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Noveno aniversario de “Diario de un copépodo”

umbral

Tal día como hoy en el año 2005, Diario de un copépodo iniciaba su andadura. Normalmente en el solsticio de invierno aprovecho para hacer un recuento de lo que ha dado de sí el año blogueril y me doy unas palmaditas en la espalda por lo bien que lo he hecho. Sin embargo, si tenemos en cuenta que 2014 ha dado para una escasa veintena de entradas (con diferencia el año más paupérrimo de producción copepodil), la verdad, me da un poco de vergüenza presentarme ante el respetable como si haber llegado hasta aquí fuese una odisea, cuando la vida de esta santa casa puede ser tan discutible como la de los virus o el mismísimo gato de Schrödinger.

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