La España de la ardilla y la España del conejo

iberia

“Con el nombre de Iberia los primeros griegos designaron todo el país a partir del Ródano y del istmo que comprenden los golfos galáticos; mientras que los griegos de hoy colocan su límite en el Pyrene y dicen que las designaciones de Iberia e Hispania son sinónimas y a sus partes las han llamado ulterior y citerior.”

Strabonis Geographica (III. 4, 19)

Al geógrafo griego Estrabón le debemos una de las primeras descripciones de la Península Ibérica en el tercer tomo de su “Geografía“. Quizá, al igual que un servidor, incluso sin haber leído nunca esta obra, ya sepáis que en este tercer tomo encontraremos reflejado que en aquellos tiempos virginales, una ardilla podía protagonizar una auténtica odisea. Antes de que nuestras mesetas y montañas fuesen taladas para construir flotas y ciudades, la frondosidad del país era tan extraordinaria que una humilde ardilla podría recorrer tranquilamente el espacio que hay entre el Estrecho de Gibraltar y los Pirineos sin necesidad de pisar nunca el suelo. Pues bien, todo parece indicar que este chascarrillo es, con toda probabilidad, apócrifo, y que Estrabón nunca habló de ninguna ardilla.

Si hay alguien dispuesto a investigar cuál es el verdadero origen de esta metáfora, somos muchos los interesados en saber quién y cuándo la inventó. A golpe de Google rápidamente aparecerá cierto celebérrimo y mediático naturalista como autor, pero no estaría de más que dejásemos de repetir lo que dice todo el mundo y que alguien compruebe personalmente si esto es cierto. De ser así, seguirá sin estar claro si ese es el verdadero origen del comentario o si ya por aquel entonces era vox populi.

La ardilla de Estrabón pasaría rauda por aquí

El origen de la anécdota, en el fondo, nos es indiferente ahora mismo, ya que algunas frases apócrifas son tan útiles y tan informativas que casi deberían ser auténticas por méritos propios, y este es uno de esos casos. En efecto, “la España de la ardilla” sigue en la mente de muchos como concepción y explicación de la naturaleza de nuestra península. Pese a la riqueza de nuestros bosques de encinas, robles, quejigos, pinos y sabinas, la gran mayoría del territorio está deforestado y hoy lo ocupan pueblos, ciudades, extensos monocultivos, barbechos y secarrales. Desplazarse en coche por muchas regiones de nuestra geografía significa no ver un solo árbol durante decenas de kilómetros y por el contrario hartarse de ver matorrales escuálidos, estepas desoladas y territorios desertizándose. Si a esto le añadimos el problema recurrente de los incendios forestales, la pertinaz sequía y las urbanizaciones el panorama puede parecernos muy triste. ¿Cómo podríamos evitar acordarnos de los tiempos de Estrabón e imaginar las mesetas y los páramos llenos de bosques centenarios, tupidos y repletos de ardillas viajeras?

¿Por dónde pasaba la ardilla? (Celtiberia.net)

Pues bien: esta forma de pensar suele derivarse de una visión un tanto idealizada y estática de la vegetación de nuestra península y un papel claramente destructivo del ser humano. Iberia era forestal y tupida en el pasado, cual Arcadia pastoril paradisíaca, totalmente colonizada por la clímax (última y definitiva etapa de la sucesión ecológica). A estas alturas, todos deberíamos saber que esta forma de pensar es, muy probablemente, falsa.

Frente a “la España de la ardilla” tenemos una visión radicalmente distinta: “la España del conejo“.

conejo

Quizá no lo sepáis, pero el conejo (Oryctolagus cuniculus) era, originalmente, un mamífero endémico de la Península Ibérica. Según podemos leer en la bibliografía sobre el tema, el conejo se “escindió” del linaje de las liebres (género Lepus, presente en casi todo el hemisferio norte) hace aproximadamente 8 millones de años. Su pariente más cercano se encuentra en el Himalaya. A partir de unos antepasados corredores, los conejos primitivos evolucionaron en la Iberia de finales del Terciario y comienzos del Cuaternario como si de una gran isla se tratara hacia formas más compactas, que pasaban más tiempo bajo tierra, formando grupos más numerosos. Una innovación en el aprovechamiento del alimento (la cecotrofia) y una estrategia reproductiva muy eficiente hicieron que esta nueva especie ibérica tuviese un éxito tremendo.

La abundancia de los conejos en la Iberia clásica sí que es un detalle muy bien documentado, y podemos reconocer sin trabas que los fenicios estuvieron muy acertados a la hora de llamar a nuestro país “Hispania” (i-spn-ya), la costa de los damanes, ya que eran estos los animales conocidos por ellos que más se parecían a nuestros exclusivos lagomorfos. Fueron los romanos los que, como con tantas otras cosas, se dedicaron a exportar la cunicultura por todo el imperio, y de ahí a lo que pasó en Australia, sólo hay un paso.

conejos

La gran aportación ibérica a la cultura universal: el conejo

El éxito de los conejos tuvo sus consecuencias. Un animalito herbívoro tan abundante necesita comer mucho, y el papel de esta especie en la biomasa de los ecosistemas ibéricos cobró un papel muy relevante, por lo que podemos imaginarnos la presión que ejerce sobre la vegetación y lo estrechamente relacionados que están ambos escalones. De igual manera, estos comodísimos paquetes de calorías con orejas, muy abundantes y de rápida regeneración, pasaron a convertirse en el plato fuerte de la dieta de muchos depredadores. Hasta tal punto resultaba “rentable” comer conejos que un número importante de los depredadores se superespecializaron en la caza del conejo. Aquí tenemos un efecto secundario de la endemicidad ibérica de nuestro lagomorfo, ya que la Península Ibérica está plagada de depredadores que se convirtieron en algún punto de su evolución en expertos cazadores de conejos, verbigracia: el lince ibérico (Lynx pardina) y el águila imperial ibérica (Aquila adalberti).

Lince ibérico y águila imperial ibérica. Dos especies amenazadas especializadas en el conejo.

Decimos que el conejo es una especie clave de los ecosistemas mediterráneos ibéricos, que es como se denominan a las especies que cumplen un papel central en el funcionamiento de los ecosistemas.

No hay que ser muy lince para sospechar que la alteración o eliminación de una especie clave puede provocar un berenjenal de tres pares de narices con consecuencias desastrosas para el equilibrio del ecosistema. Eso es más o menos lo que viene ocurriendo en Hispania a raíz de la epidemia de mixomatosis que diezmó a los conejos salvajes en el siglo pasado y supuso la puntillita final que ha colocado al lince y al águila imperial entre las especies más amenazadas del mundo. Estos depredadores vieron igualmente diezmadas sus poblaciones y han tenido que modificar su dieta sustancialmente. Como el conejo siguen sufriendo esta y otras enfermedades, podemos considerar que la estructura del ecosistema está, básicamente, hecha unos zorros, aunque ese es otro tema.

conejoclave

El conejo como especie clave y el desbarajuste que supuso la mixomatosis

Evolución de la población del lince ibérico. La mixomatosis entró en la Península en 1953

La cosa es que los fenicios dieron en el clavo cuando dijeron que esto era “la costa de los conejos“, pues pocos animales pueden resumir en sí mismos de forma tan acertada las particularidades de nuestros ecosistemas.

El que haya llegado hasta aquí se estará preguntando qué tiene esto que ver con el asunto de la ardilla de Estrabón, a la que habíamos dejado colgada de un pino. Bien, un aspecto fundamental de la biología del conejo que he omitido hasta ahora intencionadamente es que el conejo no vive en el bosque. A este animalillo le gustan los espacios abiertos, el maquis, la garriga, los campos desarbolados. Aquí es cuando empezamos a darnos cuenta de que el edén ibérico del Estrabón apócrifo, plagado de bosques, poco tiene que ver con la “costa de los conejos” de los fenicios. ¿Con cuál nos quedamos? Todo parece indicar que la España del conejo resultaría más representativa.

La representatividad de esta visión de la Península se puede defender con dos argumentos. El primero es que es necesario deshacerse de visiones estáticas del pasado y pensar en la biosfera como una serie de sistemas dinámicos. La superficie ibérica no estaría nunca ininterrumpidamente cubierta por un bosque porque hay una serie de limitantes que actúan para frenar o impedir la sucesión ecológica. Por ejemplo: los incendios. Los incendios forestales son, en los ecosistemas mediterráneos, una perturbación ecológica que ocurre de forma natural y que forman parte de la dinámica del ecosistema. En otras palabras: los incendios forestales naturales son “güenos” para el ecosistema. Los incendios abren claros en el bosque, eliminan el arbolado y permiten el desarrollo del matorral donde viven los conejos. Por supuesto, esto no quiere decir que a día de hoy no haya que defender de los incencios (casi todos ellos provocados) a los pocos bosques que nos quedan. Lo importante es que nos demos cuenta de que el papel del conejo como especie clave sólo es posible si asumimos que la Iberia mediterránea ha estado integrada no sólo por bosques continuos, sino también por un mosaico de matorrales más o menos abiertos.

En segundo lugar, es imposible no tener en mente que la herramienta más eficaz abriendo claros en el bosque es el ser humano. Los conejos encuentran en ambientes rurales antropizados (cultivos, monte bajo, barbechos, etc) un medio adecuado para vida. Y es que no existen los ecosistemas prístinos (y menos aún en el Mediterráneo, tras miles de años de interacción entre el hombre y la naturaleza): a estas alturas es ya impensable entender los ecosistemas españoles sin considerar la larga historia de los usos del terreno. Los paisajes transformados por el hombre, como las dehesas extremeñas o los desarbolados e interminables campos de cereal castellanos no deben entenderse como bosques mutilados o paraísos perdidos, sino como singularidades ibéricas que contribuyen a que la Península sea una de las regiones más ricas en biodiversidad de toda Europa. El desierto de los Monegros o los páramos de la Alcarria tendrán pocos árboles y pueden resultar poco atractivos a muchos ojos, pero su valor es incalculable.

Puede parecer sólo un secarral, pero las llanuras cerealistas son el hogar, por ejemplo, de muchas aves esteparias como la avutarda (Otis tarda). (fuente, fuente)

A la hora de gestionar los espacios naturales para asegurar su conservación a menudo se ha ignorado el papel que el ser humano ha jugado en ellos y tendemos a pensar que la naturaleza, dejada a su antojo, se conservará muy bien por sí sola. Si un ecosistema se abandona a su suerte y se le priva del uso tradicional humano, quizá el resultado obtenido no sea el que se busca. Si un monte que tradicionalmente era pastoreado y talado para conseguir madera decide protegerse y se cierra el acceso al público, quizá con los años el desarrollo de los árboles deje de ser adecuado para que proliferen los conejos y el águila imperial que pretendíamos conservar se queda sin comida.

Es sólo un ejemplo hipotético, pero pretende reflejar una realidad: que cada vez somos más conscientes de que la interacción humana no es necesariamente algo negativo en la conservación del medio ambiente. Si se quiere conservar un espacio por los animales y las plantas que tiene, será importante que los usos tradicionales del terreno también se conserven, pues en ellos puede estar la garantía del equilibrio del ecosistema que se ha mantenido durante milenios, hasta la revolución industrial. Muchas veces el problema es que donde antes había cultivos tradicionales de secano hoy hay campos de maíz transgénico rociado con pesticidas, o que donde antes había un monte que pastorear hoy hay una urbanización de chalés. El abandono del campo y el la pérdida de los usos tradicionales es una amenaza más a la biodiversidad; no hay que olvidarse nunca que la “España buena” es la del conejo, y no la de la ardilla.

¡Oposiciones a pastor ya!

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45 thoughts on “La España de la ardilla y la España del conejo

  1. miguel 11 mayo 2009 / 22:29

    Otro genial post. Sí señor.

  2. Xist 11 mayo 2009 / 22:56

    plas plas plas

  3. lalo 12 mayo 2009 / 4:28

    eres un genio… la verdad es que acabas de aclararme sin quererlo una duda que tenía de la clase de Recursos naturales: “¿porque las reservas de la biosfera incluyen comunidades y asentamientos humanos?”
    sigue así

  4. eulez 12 mayo 2009 / 8:39

    Pero entonces ¿la ardilla podía recorrer la península por árboles o no? Dices que la península no era lo qe dicen, pero no dejas claro si de verdad existían esos frondosos bosques o no ¿no hay pruebas de algún tipo que digan como era la vegetación en la época de los griegos?

  5. ricardo 12 mayo 2009 / 9:32

    LA verdad me ha dejado impresionado la relación entre mixomatosis y población de linces. Aún siendo evidente, no se me había ocurrido.

  6. Copépodo 12 mayo 2009 / 9:38

    Que no hombre, que ni genial ni nada, que de verdad que esto es como el abecedario de la ecología, yo lo digo porque hay cosas que son poco intuitivas porque el mito de la ardilla ha calado mucho, pero esto que cuento no es ninguna novedad.

    Rano Verde: gracias por el enlace. Yo me metí en Google buscando la cita de Estrabón y me enteré de que era apócrifa, pero me sigo preguntando cuál será el origen del mito. ¿Fue de verdad el propio Rodríguez de la Fuente?

    Eulez: bosques había, y muchos más que ahora, claro, pero todo parece indicar que el manto continuo, autopista de ardillas, nunca existió y que los matorrales y zonas desarboladas tenían que tener un protagonismo significativo antes y después de la llegada del hombre.

    Reconstruir la vegetación del pasado es el objetivo de la paleofitogeografía, que utiliza varios métodos para ello. Aquí doy unas cuantas pinceladas de temas que se podrían comentar largo y tendido, pero en resumen, que de lo de la ardilla, nada.

    Ricardo: la pena es no haber encontrado un gráfico con la población de conejos.

  7. jmongil 12 mayo 2009 / 10:20

    En 1988, en el parque Yellowstone (sí, el del oso Yogui) hubo un incendio provocado por un rayo. Sólo se protegió a las poblaciones de las llamas. Duró una eternidad y arrasó un tercio del parque.
    Pero la naturaleza es así. Los incendios también forman parte del equilibrio ecológico. De no haberlos, los niveles de oxígeno en el planeta podrían ser excesivos.

  8. Radagast 12 mayo 2009 / 10:31

    Tío, me has alegrado el día. Esto emrecuerda cuando estaba en la carrera (en Ecología y en Conservación de Fauna y Flora) y nos machacaban con el conejo por aquí y el conejo por allá.

    De todas maneras, hago un apunte a tu genial entrada. No sólo la larga serie de enfermedades conejiles diezma la población de esta especie y, con ello, la estructura trófica de todo el ecosistema ibérico. El abandono de los pastizales y de la ganadería extensiva hace que desaparezca la típca estructura de mosaico en los lugares alejados de los núcleos urbanos, sitios idóneos para la conservación de la fauna.
    Pásate por el Parque de Las Batuecas-Sierra de Francia. Pasea por allí y te encontrarás con una paz y un silencio increíbles. Demasiado silencio.

  9. Copépodo 12 mayo 2009 / 14:29

    Jmongil: Sí, lo de Yellowstone es también conocido como una de las iniciativas más… “audaces” de conservación de un parque nacional. Allí hay un pino (Pinus ponderosa) que, al igual que muchas plantas mediterráneas es pirófilo y germina muy bien después de los incendios. Aquí hay un articulillo de resumen sobre esos fuegos y el resultado de su gestión.

    ¡Ojo! Estas directrices de conservación pueden ser válidas para algunos ecosistemas, pero no para todos. Esto es un asunto complejo en el que intervienen muchas variables. Entre otras cosas, la extensión de los parques nacionales estadounidenses es bestial si la comparamos incluso con los más grandes de los españoles.

    Lo de los incendios como reguladores del nivel de oxígeno no me convence mucho. Lo que suele decirse es que si la concentración de oxígeno en la troposfera fuese mayor de un valor “x”, habría incendios espontáneos, pero nunca había oído que fuesen significativos controlando ese 21% actual.

    Radagast: pues sí, muy bien puntualizado. Habría muchísimo de qué hablar, pero me apetecía destacar eso precisamente, que a veces el abandono del campo y la pérdida de los usos tradicionales trae muchos problemas, lo cual resulta contraintuitivo para los urbanitas.

  10. rpardo 12 mayo 2009 / 20:54

    Pues a mí me contaron lo de la ardilla tropecientas veces cuando era pequeñito y estudiaba con los hermanos de la salle (a.k.a ‘los baberos’) jeje… era una frase que nos repetían sin cesar en clase de historia o de geografía…

  11. Rufo 12 mayo 2009 / 23:49

    Vaya, que me puedo imaginar sobre la reforestacion planeada, por ejemplo, por Volkswagen con sus planes de huella de carbono 0… Muy interesante, Rafa :)

  12. kresala 13 mayo 2009 / 21:39

    plas, plas, plas,
    me ha gustado mucho, en lo de los conejos, seguro que también tiene que ver la mala gestión de los cotos de caza, yo he visto ejemplos en Toledo de cómo se toman las decisiones de gestión y da hasta miedo. Así, las poblaciones no se recuperan ni con un milagro.

  13. Arguez 14 mayo 2009 / 13:34

    En primer lugar gracias por usar mi foto (la de abajico del todo xD), yo siempre he pensado que lo de la españa de la ardilla es trola, tiene pinta de ser la españa del conejo.

    Sobre lo de intervenir o no intervenir, si intervenimos estamos jodidos y estamos jodidos si no intervenimos, al final supongo que lo que le molesta a la naturaleza es que seamos bruscos, ella es voluble a su forma, pero también asustadiza si somos muy rápidos.

  14. Pecas Patty 14 mayo 2009 / 19:19

    La anécdota de la ardilla es mucho más antigua que Rodríguez de la Fuente. a mí me la contaban las monjas en el colegio cuando no había tele en mi casa. Cuando yo nací no había llegado aun la tele a este país, tardó unos años.

  15. Copépodo 14 mayo 2009 / 20:54

    Arguez, gracias a ti por subirla bajo licencia CC. Me encantó en cuanto la vi. ¿Intervenir sí o no? Sin duda, sí, pero desde el conocimiento científico y buscando la conservación del medio y de los usos tradicionales.

    Pecas: ¡Exacto! Eso es lo que quería que me confirmárais. No me imagino a FRF inventándose eso, la anécdota debe ser anterior pero, si no fue Estrabón ¿quién lo dijo la primera vez?

  16. agu2v 15 mayo 2009 / 16:32

    Bravo, bravo. MUY bueno tu post

  17. miguel 16 mayo 2009 / 10:01

    Señor Copépodo, lo genial es la forma de contarlo. Y lo es, sin duda.

  18. Joselez 23 mayo 2009 / 16:45

    Hola, copépodo y demás gentecilla. Da gusto pasarse de vez en cuando por estos blojs. Y como hace tiempo que no comento nada, quería comentar algo sobre este asunto.

    Estoy de acuerdo en que la ardilla susodicha no cruzaba España de punta a punta… pero sí que había, en tiempos romanos, muchos bosques en Hispania, el bosque mediterráneo campaba a sus anchas por latitudes mediterráneas, y el bosque atlántico por latitudes más septentrionales y hacia este océano.
    Es verdad que lo llamaron tierra de conejos por la abundancia de estos, pero eso no significa que media España fuera un secarral, puesto que el conejo si puede vivir en un bosque mediterráneo, al igual que en el matorral mediterráneo.
    Si alguien de aquí ha estado en una mancha de matorral mediterráneo bien conservado (en Sierra Morena, p.ej.), con jaras y madroños más altos que tú y una maleza impenetrable, sabrá que estas fragosidades no tienen nada que envidiar a los altos y estratificados bosques atlánticos. Eso sí, son diferentes. Mientras que estos últimos no tienen prácticamente sotobosque, un bosque mediterráneo bien conservado, o una garriga alta son una masa impenetrable de matorrales (coscoja, lentisco, durillo, labiérnago, etc., con mucha más biodiversidad. Eso sí, no suele haber ardillas, que disfrutan de bosques de gimnospermas sobre todo.

    Y es que también los hay con muchos espacios abiertos, pero cuando se dan condiciones adversas para el establecimiento o mantenimiento del bosque, como tu has dicho: incendios recurrentes, mano del Hombre (sobre todo), pero también suelos incipientes, salinos, insuficientes precipitaciones… Este último caso es el del Sureste peninsular, donde unas precipitaciones casi llegando a un tipo de clima árido no permiten bosques cerrados, sino matorrales, tomillares y comunidades de este tipo, más algún ejemplar arbóreo suelto. Además de esto, solamente vemos algunos pinares -sobre todo de repoblación- de pino carrsco, que es casi lo único que aguanta aquí esta sequía (como habrás visto si has estado por Calblanque, Copép.).

    Por supuesto en el resto de la España mediterránea, que sabemos que por definición tiene la estación más cálida coincidente con la época más seca, ha hecho mucho que haya especies pirófilas o pirófitas, pero la mayoría de cultivos se producen en lugares con antiguos bosques, que producen unos horizontes B preciosos con muchos nutrientes. Si puede ser que en zonas actualmente estépicas o esteparias, que como tu comentas están muy bien, y tienen especies de aves muy escasas a nivel europeo, coincida el hecho de los cultivos ancestrales con malos suelos, mayor sequía (al retirarse el bosque ya no hay un efecto de atracción de humedad), etc., esto ya no lo tengo tan claro.

    En fin, me he extendido demasiado pero quería dar mi visión. El mosaico de la vegetación actual española nos da los mayores índices de biodiversidad del continente, pero antiguamente la España del conejo tan poco era tan secarral como parece transmitir esta entrada, sino que a lo largo de los siglos han pasado muchas cosas, pero lo que nos da la clave de cómo eran los ecosistemas antiguos es el clima, muy parecido al actual, y la historia del manejo de los bosques por el hombre y los incendios.

    Vuelvo a reiterar mi admiración por este “bloj”. Chapeau, querido copépodo, sigue deleitándonos con estas ventanas de conocimiento, y enhorabuena al que haya llegado hasta aquí. Siento haberme enrrollado tanto.

  19. Copépodo 24 mayo 2009 / 12:22

    Joselez, no veo que discrepes de lo que yo dije:

    “la Iberia mediterránea ha estado integrada no sólo por bosques continuos, sino también por un mosaico de matorrales más o menos abiertos.”

    “La superficie ibérica no estaría nunca ininterrumpidamente cubierta por un bosque”

    “bosques había, y muchos más que ahora, claro, pero todo parece indicar que el manto continuo, autopista de ardillas, nunca existió”

    De todas formas esas descripciones que das de “maleza impenetrable” nos parece muy boscosa a los ibéricos porque no estamos acostumbrados a ver el bosque mediterráneo en su desarrollo óptimo. En la sierra de la Arrábida, en el centro de Portugal, por ejemplo, hay bosques con coscojas y aladiernos de más de 15 metros que no tienen nada que ver con los raquíticos carrascales mesetarios donde sí que pueden triunfar los conejos porque, de hecho, es un mosaico de bosque y matorral.

  20. joselez 27 mayo 2009 / 16:48

    Ahí me has dao, copep. Eres un artista. Se ve que te había leído el post muy rápido. Muy de acuerdo en lo que dices, y perdón por la extensión del comentario anterior. Por cierto, hace tiempo que me apetece ver esas coscojas de la Arrábida.

  21. Sukh 25 marzo 2011 / 5:18

    Tio, vas a marcadores pero ya.

  22. Triz 25 marzo 2011 / 8:16

    Y yo que creo que estais olvidando del norte peninsular donde son los bosques lo más habitual….
    Yo, lo de la ardilla siempre lo he escuchado como dicho en referencia a que sería capaz de cruzarla de este a oeste sin pisar suelo….pero no de sur a norte….
    De todas formas, es bueno vivir en un trozo de mundo con tanta diversidad de ecosistemas desde siempre….

  23. Ceprio 25 marzo 2011 / 9:02

    Magnífico. Me quito el sombrero ante usted y esta entrada. Y enhorabuena por la portada en menéame, sé de buena tinta que es algo que siempre te hace mucha ilusión ;)

  24. Ceprio 25 marzo 2011 / 9:09

    Por cierto que era una entrada digna del biocarnaval… O igual no, no sé. Pero a mí me ha gustado.

  25. Raul 25 marzo 2011 / 9:36

    Pero esto no es verdad, los conejos viven en bosque, ¿alguien ha visto un lince correr detrás de un conejo en castilla y león o castila la mancha, al descubierto? Además no hace falta remontarse tanto para haber visto árboles y ardillas. Mejor sería tener más ardillas y conejos en bosques que un interior desértico sin siquiera un lagarto.

  26. Heresiarca 25 marzo 2011 / 11:22

    Acabo de descubrir el blog vía meneame y me ha encantado, prometo que me pasaré asiduamente. Se agradece es esfuerzo, un saludo.

  27. bom 25 marzo 2011 / 11:37

    Tambien hay otro dicho popular que dice “que puedes ir desde Cadiz hasta Girona sin dejar de pisar tierras de la Duquesa de Alba” …ese tambien mola mucho,la verdad… :S

  28. Lucia 25 marzo 2011 / 11:47

    “la Iberia mediterránea ha estado integrada no sólo por bosques continuos, sino también por un mosaico de matorrales más o menos abiertos.”

    Pues discrepo totalmente, solo hay que fijarse para darse cuenta que la mayor parte del territorio Iberico en el pasado estaba cubierto , en su mayoria, por arbolado.
    El conejo no abunda en determinados tipos de bosques, pero esta perfectamente adaptado al bosque mediterraneo (alcornoques,quejigos,encinas,Melojos,Sabinas,Enebros,Coscojas,y el abundante sotobosque que acompaña a estas especies).

    Por cierto te equivocas cuando dices que el bosque mediterraneo es un bosque abierto, lo es por la intervencion antropica.
    Incluso despues de un incendio, la regeneracion de las especies anteriormente citadas es muy fuerte, y crea un monte bajo muy denso.

  29. Copépodo 25 marzo 2011 / 12:55

    Queridos visitantes llegados de Menéame en tan alta ocasión de joderme la estadística de no haber llegado nunca a portada:

    Os agradezco que vuestras mercedes tengan la consideración de dignarse a comentar en la entrada original, pero os ruego que antes de demostrar lo rápido que leéis diagonalmente y os pongáis a demostrar lo mucho que sabéis, retornéis al inicio y os lo toméis con más calma reparando, por ejemplo, en frases como estas:

    “la Iberia mediterránea ha estado integrada no sólo por bosques continuos, sino también por un mosaico de matorrales más o menos abiertos.”

    “La superficie ibérica no estaría nunca ininterrumpidamente cubierta por un bosque”

    “bosques había, y muchos más que ahora, claro, pero todo parece indicar que el manto continuo, autopista de ardillas, nunca existió”

    Que el conejo no es animal forestal no es un capricho mío, como no lo es el contenido de esta entrada, que es un texto de divulgación de cosas que se conocen pero quizá no entre gran parte de la población. Los conejos gustan de vivir en zonas más o menos cubiertas por arbustos o árboles, pero necesitan estar cerca de zonas abiertas o pastos ya que su dieta se compone en un 60% de gramíneas y en casi un 20% de compuestas (Fuente: Los Bosques Ibéricos), y bajo el dosel de un bosque, de un bosque de verdad (un robledal, un hayedo, etc), de un bosque con dosel por el que una ardilla pueda cruzar, no se cumplen esas condiciones. Como os digo, esto no me lo estoy inventando yo, leed sobre la ecología del conejo en cualquier fuente, así que id con vuestras particulares teorías sobre los conejos a otro.

    Esta entrada no dice que nunca hubo bosques en la Península. Lo que pretende es favorecer una visión crítica con el mito del manto forestal continuo que el estudio moderno de la vegetación descarta y llamar la atención sobre el valor ecológico que tienen los matorrales y las zonas desarboladas, que si bien están muy favorecidas por el hombre, debieron existir siempre en mayor o menor medida como atestigua la importancia del conejo en los ecosistemas ibéricos.

    ¡A ver si aprendemos a leer!

    Triz: El norte peninsular es una pequeña parte de la Península y aunque tuvieses razón no sería suficiente como para que la ardilla realizara su proeza apócrifa, que es de sur a norte o de norte a sur.

    Raúl: como he dicho, no se trata tanto de que haya o no árboles donde hay conejos como de la necesidad que tienen estos de pastos, incompatibles con la idea de un bosque genuino y continuo por donde crucen las ardillas. ¿Cuántos encinares hay en España en los que las copas formen un manto contínuo? La mayoría de los encinares ibéricos son muy, muy abiertos, más de “conejo” que de “ardilla”, y los linces, lo mismo. Yo no he dicho nunca que tenga que haber linces en Los Monegros.

    Lucía: si leyeras más atentamente te darías cuenta de que no discrepas tanto como crees. Dices “Pues discrepo totalmente, solo hay que fijarse para darse cuenta que la mayor parte del territorio Iberico en el pasado estaba cubierto , en su mayoria, por arbolado.” que es perfectamente compatible con lo que digo yo en la entrada: ““La superficie ibérica no estaría nunca ininterrumpidamente cubierta por un bosque” “bosques había, y muchos más que ahora, claro, pero todo parece indicar que el manto continuo, autopista de ardillas, nunca existió”

    Hablas de sabinares, enebrales, encinares y coscojares… ¿En cuántos de estos bosques laas copas se tocan formando un dosel y una ardilla puede ir de rama en rama sin tocar el suelo? Estos ejemplos que me pones abundan en España como bosques abiertos, en los que el sol llega al suelo y hay matorral bajo y pastos donde triunfan los conejos, estás describiendo exactamente lo que yo decía en su momento. Un inglés ni siquiera llamaría bosques a muchos de ellos. Tú misma te delatas al final al hablar del “monte bajo” que sruge tras un incendio: totalmente de acuerdo, pero es que un monte bajo no es un bosque del mito de Estrabón. Y sobre la acción antrópica, en serio, vuelve a leer la entrada, porque también aparece.

    Gracias a todos por comentar

  30. wowowo 25 marzo 2011 / 15:01

    lo de verdad importante seria favorecer una regresion hasta los sistemas y usos tradicionales, donde el hombre era parte mas de la naturaleza, no un “agente perturbador”. Desde luego el hombre esta demasiado demonizado, porque al hombre le gusta sentirse responsable de todo (tanto para bien como para mal, al hombre le gsta considerarse un dios o un demonio).

  31. wowowo 25 marzo 2011 / 15:12

    Lucía, estas muy equivocada en algunas cosas que comentas. Parece que conoces bien “por donde van los tiros” pero terminas de encajar mal las ideas. Un bosque no es lo que surge tras un incendio, el monte bajo no es un bosque (que, como informacion adicional, monte bajo es sencillamente un monte que surge a raiz del rebrote de lo que ya había, es decir, de las plantas que son capaces de seguir vivas de algun modo y tras una perturbacion -llamese incendio, tala, derrubio, inundacion..- rebrotar ellas mismas).

    El conejo esta adaptado al matorral, no al bosque. Asi por ejemplo un pinar, un encinar, un hayedo, un quejigar… ejemplos de bosques climax (maximo ecologico en su lugar) no pueden albergar conejos. Los conejos se crían en el matorral y en las etapas de vegetación que preceden a estos bosques climax (por ejemplo, un encinar en estado de matorral). En un bosque denso (mediterraneo o no) es dificil encontrar alimento para animales como el conejo.

    Yo jamas me creere eso de que en el pasado una ardilla podia ir desde Gibraltar a los Pirineos sin pisar tierra.La peninsula es una tierra de contrastes, el sureste iberico es semidesertico y lo fue antes de cualquier responsabilidad del hombre. Existen humedales, lagos, salinas, yesares, zonas altas de montaña.. toda una diversidad de condiciones que impiden que se den bosques de manera constante en el territorio. Hay paises con una climatologia, un regimen de perturbaciones, un suelo, orografia o lo que sea, mas estables donde por hectareas y hectareas todo es bosque, no es nuestro caso.

    Hay muchisimos ejemplos del bosque mediterraneo como bosque abierto. De hecho el bosque tipico mediterraneo que se puede considerar como “denso” (y de nuevo te digo no confundamos matorral con bosque) es el de especies tolerantes a la sombra. Para Aristoteles Hispania era el reino de la luz, y de luz son la mayoria de los bosques mediterraneos. Imagina cualquier pinar totalmente natural de pino carrasco, o un encinar, o un alcornocal, bosques de luz, donde la competencia por la luz impide que bajo los arboles mas grandes puedan seguir creciendo otros mas pequeños que los sustituirán en el futuro. La demanda de estos arboles de luz es muy grande, y la competencia por la misma tambien lo es

    Por cierto en todo momento estoy hablando de bosques mediteraneos en la peninsula iberica, por supuesto hay, incluso en la propia zona mediterranea, bosques que para nada responden a estas caracteristicas.

  32. Lucia 25 marzo 2011 / 17:15

    Claro que leemos, eso si opiniones podemos dar todos.

    Los bosques de alcornoque,quejigos,encinas y otras especies que han llegado hasta nuestros dias estan muy alterados por la accion del hombre un ejemplo las dehesas , que forman gran parte del paisaje de la peninsula iberica.

    El bosque mediterraneo no alterado forma un dosel continuo como cualquier otro bosque, por supuesto que siempre puede haber discontinuidades en la vegetacion, por multiples causas incendios,caracteristicas del terreno, accidentes geograficos,ect

    Por lo tanto en mi opinion, y siento que no te guste, la afirmacion de que una ardilla podia cruzar la peninsula sin pisar el suelo , en esencia es totalmente valida y demostrable.

    Evidentemente eso no se puede tomar al pie de la letra, pues nuestro pais es muy montañoso y en las cumbres de caliza de las montañas no crecen los bosque,saludos.

  33. Lucia 25 marzo 2011 / 17:34

    wowowo tu si que estas muy equivocado, un bosque maduro en su climax, siempre esta acompañado de sotobosque y matorral, en mayor o en menor medida (hayedos).

    Es una falacia decir que no hay conejos en los bosques, yo hace poco les he visto criar , en una masa continua de encina,quejigo,pinus nigra y pino silvestre.

    Por supuesto que la Peninsula tiene un clima muy duro, pero la erosion y desertificacion es responsabilidad exclusiva nuestra, ademas tenemos la especies mas resistentes que pueden medrar en las peores condiciones, (Sabinas,enebros,encinas,coscojas,pino carrasco, ect)
    saludos

  34. joselito 26 marzo 2011 / 0:00

    Buena entrada.
    En realidad Lucía y copépodo están diciendo cosas parecidas, sólo que uno ve la botella medio llena y el otro medio vacia. La estructura en mosaico es algo natural en el bosque mediterráneo, debido a los incendios, pero también a pequeñas variaciones en la estructura del suelo, microclimas, etc en la más clara representación de lo que Hutchinson definió como a un nicho multidimensional.
    Respecto lo del conejo como especie clave, es discutible dependiendo de lo que consideremos especie clave. Para muchos ecólogos se considera especie clave aquella que su ausencia o presencia afecta a la red trófica mediante una cascada trófica. Según esto un herbívoro nunca podría serlo. El ejemplo clásico es la nutria y los bosques de kelp (nutria – erizo – algas). Trasladado al bosque mediterraneo sería algo así. La falta de un depredador de conejos produce que los conejos se reproduzcan ¡como conejos! , se comen todas las hierbas y queda todo hecho un secarral. La especie clave sería el predador y no el conejo, lo que pasa que en sitios con mucha diversidad cuando falta el lince está el aguila, o el zorro o… De la misma forma que en los bosques de kelp de más al sur donde los depredadores de erizos son de varias especies, no se da el caso de especie clave del ecosistema. Aunque lo cierto es que yo no estoy de acuerdo con esto y apoyo la moción de conejo especie clave, porque cambia todo el ecosistema aunque no haya más de dos “pisos” tróficos involucrados.

  35. Copépodo 26 marzo 2011 / 15:31

    Lucía, no es cuestión de que me guste o no tu opinión, se trata de la arrogancia y suficiencia con la que dices discrepar cuando en el fondo no es así y te limitas sólo a matizar lo que yo he dicho y no a ir al fondo del asunto (visión crítica con el mito del manto forestal continuo que el estudio moderno de la vegetación descarta y llamar la atención sobre el valor ecológico que tienen los matorrales y las zonas desarboladas). Si para ti un jaral es un bosque, quizá todo sea una diferencia semántica. Hasta dónde quieras llegar con una fábula apócrifa que es sólo la anécdota es cosa tuya, aunque me encantaría ver cómo se las apaña una ardilla en un sabinar o un coscojar. O por los bosques prístinos de encinas que cubrían los yesares y las cuencas endorreicas del centro de la Península.

    Sobre la demostrabilidad de tu punto de vista no voy a entrar, pero serás consciente de que la visión fitosociológica del estudio de la vegetación (que, sospecho, es con el que comulgas) no se caracteriza precisamente por estar atinando con su reconstrucción de los paisajes del pasado.

    Joselito: tienes razón en que el ejemplo se pone siempre con predadores, aunque tengo entendido que no hay una definición cerrada de qué es una especie clave. Teniendo en cuenta los efectos desastrosos que tuvieron las plagas para el equilibrio de todo el ecosistema, como bien dices, no creo que sea difícil que estemos de acuerdo en que, la llamemos como la llamemos, es una especie estratégicamente muy importante.

    Gracias por comentar

  36. Lucia 26 marzo 2011 / 22:19

    Si crees que soy arrogante deberias revisar las contestaciones que das en tus comentarios.

    Claro que las zonas desarboladas y el matorral tienen valor ecologico, en la mayoria de los casos incomparables con las de un bosque maduro, de esos que quedan tan pocos.

    Subestimas el poder de transformacion de la naturaleza, que han ejercido las sociedades industriales modernas y desarrolladas, la presion de una poblacion en continuo crecimiento, la depredacion de los recursos naturales, agricultura, ect

    No te tomes la pie de la letra el mito de la ardilla, no deja de ser una idealizacion.

  37. Copépodo 26 marzo 2011 / 23:32

    Esta sí que es buena. Mira Lucía, el tono de mi respuesta a los comentarios depende de cómo vienen estos, y reconozco que me solivianta un poco que la gente se ponga a discutir lo que digo sin haberse molestado en leerlo. Una persona que me responde textualmente lo siguiente:

    [“la Iberia mediterránea ha estado integrada no sólo por bosques continuos, sino también por un mosaico de matorrales más o menos abiertos.”]

    Pues discrepo totalmente, solo hay que fijarse para darse cuenta que la mayor parte del territorio Iberico en el pasado estaba cubierto , en su mayoria, por arbolado.

    No ha hecho un buen ejercicio de comprensión lectora, y te lo vuelvo a decir si hace falta.

    Y yo no subestimo nada la acción humana en el paisaje, en la entrada que tan mal has leído se dice claramente que hubo muchos más bosques en el pasado, pero que obviamente, si el conejo es una pieza clave de los ecosistemas mediterráneos ibéricos y éste depende directamente de áreas matorralizadas y abiertas para comer, evidentemente incluso antes de la llegada del ser humano, las zonas sin cubierta forestal continua tenían importancia significativa que no se puede negar.

    Ya te he citado una fuente sobre la necesidad de que los conejos dispongan de áreas abiertas para pastar, te cito otra (Guía de los Mamíferos de España), extraído del espacio dedicado al conejo y al lince:

    Sobre el conejo: “El hábitat óptimo en España coincide con el clima mediterráneo (…); terreno ondulado de suelo excavable y una combinación de monte (20%), matorral (30%), pastizal (35%) y terreno desnudo (15%)” “Así pues el matorral mediterráneo y las dehesas le conviene mucho, pero también se acomoda a los páramos fríos, la campiña atlántica y los tojares gallegos”

    Sobre el lince: “Especialista del monte mediterráneo tranquilo que combina densa cobertura vegetal y calveros con hierba para los conejos”

    Lo que digo no es nada nuevo, y por otra parte es totalmente razonable. Si estás de acuerdo con lo que digo, entonces no estás discrepando.

  38. pvaldes 21 noviembre 2011 / 3:49

    > La anécdota de la ardilla es mucho más antigua que Rodríguez de la Fuente. a mí me la contaban las monjas en el colegio cuando no había tele en mi casa. Cuando yo nací no había llegado aun la tele a este país, tardó unos años.

    ¿No esperarías que las buenas monjitas te hablaran de conejos a tan tierna infancia verdad? Luego ya llegó la tele… y sálvame y aparecieron las historias de conejos saltarines que se recorrían toda España saltando sobre… ehhmm, vamos a dejarlo aquí

    A mí la que me parece genial es la de que en España una ardilla podría ir desde Gibraltar a Barcelona saltando sobre las cabezas de los parados … oportunista ciertamente, pero genial

  39. Copépodo 22 noviembre 2011 / 23:02

    El origen de ese mito me llama mucho la atención. Es de esperar que no se lo inventara el propio Félix, pero su verdadero autor sigue sin aparecer. Muchas gracias por los comentarios.

  40. Shiriez 30 marzo 2015 / 6:57

    ¿Sabrá alguien de dónde salió y qué significa la frase popular:
    “¡Ni los conejos de España!”?
    Claro que ya ha caído un poco en desuso, pero cuando era mozo (hace ya unos cuantos años) se oía cada rato.
    Agradezco de antemano a quien aporte su comentario esclarecedor.

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