Estudio longitudinal de la rizogénesis inducida en copépodos calanoideos sometidos a alopatría transatlántica. Año 1


Como quien no quiere la cosa, se ha cumplido un año de mi emigración. Me acuerdo de los días previos al viaje, llenos de incertidumbres y de despedidas. Finalmente me iba. ¡Quién me lo iba a decir!, ahí estaba yo haciendo justo lo que siempre había temido, algo casi imprevisto apenas unos meses antes, un salto al vacío. A lo largo de los años había visto a mucha gente irse, especialmente en el mundo de la investigación. Gente que me importaba y a la que me fastidiaba perder de vista. Ahora era yo, en primera persona, el que estaba en este otro lado. Era raro verme así. Siempre me ha gustado viajar, pero esta vez era distinto. No sabía (ni sé) si iba a volver. No tenía (ni tengo) forma de saberlo. Lo ideal sería que esa experiencia durase un número limitado de años, y luego poder volver al entorno donde siempre he estado y donde he construido una vida entera, un “hogar” que no apetece dejar de lado: amigos, referentes, recuerdos, experiencias e incluso posesiones materiales (¡mi biblioteca! ¡mi acuario!): un verdadero patrimonio social y afectivo. Se me ocurre, en retrospectiva, que quizá mi mayor temor no tuviese nada que ver con lo laboral. Quizá lo que más inquietud me provocaba esos días era el miedo al desarraigo.

Nunca me había planteado en serio hasta qué punto mi identidad podía estar relacionada con el lugar donde uno ha nacido o ha vivido; anteriormente me hubiese parecido un pensamiento demasiado básico y simplón, pero mirando de frente a la inminencia de mi partida, me surgían unas dudas que no esperaba tener: dudas de identidad. Me surgían porque, como decía antes, he visto a, y sabido de, gente que se iba y que no volvió y no porque no pudieran, sino (por increíble que pudiera parecerle a un “yo” súbitamente provinciano y enraizado) porque no quisieron volver; a pesar de su intención inicial, algo cambió en ellos y decidieron iniciar desde cero la construcción de un nuevo “hogar”. Esto no es en sí sorprendente, ya que como todo viajero sabe, el viaje te cambia: no eres la misma persona cuando sales que cuando regresas, pero en ese momento yo temía cambiar, cambiar hasta tal punto en el que prefiriera empezar una nueva vida en otro lugar, como le había pasado a los otros.

Aunque parecía que el día no iba a llegar nunca, finalmente me monté en el avión y llegué hasta aquí. No voy a negarlo: mis condiciones fueron muy buenas, privilegiadas, con un contrato debajo del brazo en un buen laboratorio, con respaldo económico (¡y moral!) de mi familia y con bastante conocimiento previo de la zona. Me imagino casos tristemente cotidianos en los periódicos en los que el emigrante lo ha hecho en unas condiciones precarias de verdad, incluso arriesgando su vida. Yo tuve la suerte de ir en primera clase (metafóricamente hablando, no os vayáis a creer), pero pese a todo, me tocaba empezar de cero en aquel piso vacío, oscuro y desolado de una noche de octubre que en aquel momento me hizo preguntarme qué cojones se me había perdido a mí en este sitio. Por suerte estos pensamientos eran rápidamente respondidos pensando en el desierto de alternativas y oportunidades que dejaba atrás. Una huída hacia delante, podría decirse. Movilidad exterior, lo llaman algunos caraduras.

El cambio de escenario me enseñó muchas cosas, por ejemplo, a conocerme mejor. Aprendí que era mucho más adaptable de lo que creía. Me sorprendió la naturalidad con la que me tomaba ser “el nuevo”, y cómo superaba situaciones incómodas o desafíos cotidianos con bastante facilidad, casi sin reconocerme: desde solucionar de forma autónoma marrones poco deseables a plantarme voluntariamente en saraos sociales donde sólo hay desconocidos. Nada resultaba tan difícil o tan desagradable al final. Una situación como esta también te brinda la oportunidad de inventarte a ti mismo y de atreverte a hacer las cosas de otra manera y demostrarte de qué eres capaz. Pese a la sensación de estar en un lugar “subóptimo”, de estar fuera del tiesto, desubicado, solo, el desafío resultaba inesperadamente interesante y enriquecedor. El invierno fue largo, pero no tan frío como me temía. Me di cuenta de que iba encontrando gente a la que merecía la pena conocer más y con la que me empezaba a sentir a gusto. Me tomé como un juego el sortear los roces culturales o el tratar de mimetizarme con mi entorno.

Y así pasaron las semanas, y los meses.

Un día, como quien no quiere la cosa, salgo del laboratorio después de una jornada intensa, satisfecho, aún concentrado en algún asunto que se ha quedado a medias. Me doy cuenta de que un día más, he disfrutado trabajando, sin malos rollos, sin sentirme alienado, en un buen ambiente. Me lo he pasado tan bien hoy que estoy deseando volver mañana. Es una sensación que hace… años que no tengo, ya ni siquiera estoy seguro si la tuve alguna vez. De camino a la parada del autobús atravieso la parte del campus que tiene cierto aire inglés. Hace una temperatura estupenda, parece que el invierno se ha decidido a esfumarse por fin, hay gente tumbada en el césped, cantan los “northern cardinals” y los “American robins” mientras un sol radiante se pone sobre detrás del dosel del bosque mixto de Nueva Inglaterra. Lo pienso y me doy cuenta de que no es que me encuentre bien, ¡es que estoy de puta madre! Sí, sigo echando de menos muchas cosas de Madrid, y sí, el futuro sigue siendo muy incierto, pero… ya no parece tan nefasto un escenario de traslado permanente, si por ahí me lleva el destino.

El balance de este primer año parece positivo: conseguí la reunificación familiar trayéndome a Alfie (gran sacrificio por su parte), laboralmente nunca he estado mejor (¡y me han subido el sueldo!), disfruto de una incipiente pero estimulante vida social (al peculiar estilo americano, eso sí), de una buena calidad de vida en general en la ruralidad neoinglesa (que incluye un tiempo de mierda, para qué negarlo) y, en resumen, puedo decir que soy feliz aquí. La idea de volver, poco realista y por desgracia muy difusa como plan serio, sigue estando presente, pero como decía ya no da tanto “miedo” contemplar la posibilidad de no hacerlo. El escenario parece algo distinto, ya no resulta tan extraño, tan “subóptimo” estar aquí, lo que me hace pensar que sí, que yo también estoy cambiando igual que les pasó a otros y que sí, que tu identidad sobrevive a las raíces.

Ahora bien: no querría que este balance hiciera pensar que he cambiado tanto como comulgar con la idea de que la emigración es lo mejor que te puede pasar en la vida, así, por sistema. Aclaro esto porque en algunas ocasiones en las que he sacado a relucir mi condición de refugiado económico (algo que mantengo y reivindico) he tenido que escuchar de ciertas personas, a menudo desde el mundo de la investigación, hablar de la emigración como si fuese bendición divina: todo son bondades y delicias y al que lo ponga en duda se le responde con cierta condescendencia y recriminación hacia su provincianismo y se le aclara que (y este es el argumento que me repatea) “la comunidad científica es universal, así que un científico nunca está fuera de casa”. Incluso como emigrante satisfecho, hasta el momento, con la experiencia, no puedo sino protestar ante simplificaciones de ese estilo que dan por bueno el “vivir para trabajar”, y no a la inversa, que obvian totalmente las consideraciones de ese patrimonio personal que comentaba al principio (empezando por la propia familia y su reubicación por culpa de la puñetera comunidad científica universal) y que dan por hecho que tu trabajo es tan importante que todas las demás consideraciones pueden ser solventadas de un plumazo. Pues no señor: emigrar siempre es algo traumático por lo que conlleva de ruptura, me niego a pensar que hay que tomársela a la ligera; que hay victimismo en recordar que te vas, no porque lo hayas decidido, sino porque tu país no te ofrece ninguna oportunidad; o que los momentos más desagradables que tu familia y tú habéis pasado en un aeropuerto son irrelevancias. Emigrar en busca de un futuro mejor es tan viejo como el ser humano, pero no creo que por ello haya que perderle el respeto a una decisión muy personal y a menudo muy difícil. La mía estuvo muy condicionada por la falta de oportunidades, y en retrospectiva (y viéndome reflejado en compañeros que estaban en una situación similar y se quedaron) creo que hasta el momento puedo decir que fue una decisión acertada y que este año me ha enriquecido mucho. Eso no quiere decir que crea que esa decisión tenga que ser ejemplar, ni que no eche de menos otras cosas.

reroot

Seguiremos informando.

Anuncios

23 thoughts on “Estudio longitudinal de la rizogénesis inducida en copépodos calanoideos sometidos a alopatría transatlántica. Año 1

  1. Numeritos 17 octubre 2013 / 2:47

    Llevo “emigrando” desde que tengo 3 años y mi resumen de la emigración es que nadie emigra por gusto. Aún así es una de las cosas más enriquecedoras que puedes hacer, a las buenas o a las malas.

  2. Dr. Litos (@DrLitos) 17 octubre 2013 / 8:50

    Madre mía, no puedo creer que me siga sorprendiendo leer mis propias ideas materializadas en tus posts, de una forma tan elocuente que jamás hubiese dado con la fórmula para escribirlas yo mismo. No en todas las temáticas ni todos los comentarios, pero en casos como este siento incluso escalofríos. Has conseguido expresar al mismo tiempo la fantástica y muy recomendable experiencia de enraizarte en otro lugar, sin menospreciar e incluso loando de manera muy simple y sincera el valor de nuestro entorno original y lo que supone para nuestra personalidad y lo que somos como personas.

    Estoy cansado, muy cansado de estar estigmatizado, como científico, por no haberme ido fuera. A nadie parece importarle que el quedarme me haya supuesto, profesionalmente, un empujón brutal. Que haya podido seguir trabajando en el campo que me gusta, en un laboratorio tao vez incluso mejor que aquel en el que me formé (que no salga de aquí eh, que aquel también fue muy bueno), ¡en mi propia ciudad! ¡Yendo a trabajar cruzando el centro histórico y sin tener que llevarme arrastrada a mi pareja, para la cual la emigración no suponía ningún tipo de ventaja profesional y además un gran trauma personal! Lo que yo vi en su momento como un golpe de suerte soberbio, es para mis perspectivas profesionales un duro revés y un estigma de por vida. Y cuando intento reivindicar esto, parece que quiera menospreciar al que opta por marcharse; me da especialmente rabia, cuando de ser otras mis circusntancias personales, tengo clarísimo que yo me hubiese ido pues me fui de estancia y fue una experiencia tan buena que me vi fácilmente haciendo unos años de postdoc fuera. ¿Tanto como para quedarme fuera? Eso sólo puede responderse como tú lo has hecho, viviéndolo en propias carnes y experimentando la transformación.

    Tanto que se critica el “a mí me funciona” entre los científicos, y resulta que el que se va fuera y le va de puta madre asume que todos los que se quedan son unos pringados. Ahora resulta que la excelencia consiste en dar vueltas por el mundo independientemente del trabajo que desarrolles durante esos años, en un mundo globalizado como el nuestro en el que colaboramos día a día con grupos al otro lado del océano y tenemos capacidad para, con menos recursos, por supuesto, poenrnos las pilas y estar a un nivel muy aceptable de competencia frente a éstos.

    Pero me ando por las ramas, una vez más; lo importante de tu texto es la reivindicación de que el patrimonio personal que se deja atrás, no se debería menospreciar. “Oh que te da pena dejar el sol y la playa, eh, comodón”… pues oye, hay gente para la que anímicamente vivir en un sitio de 9 meses de nubes le mina el ánimo hasta el punto de somatizarlo (no es mi caso, pero conozco). No creo que eso se deba menospreciar. Si alguien valora más su vida personal que su trabajo, es una decisión de lo más respetable. Pero si además lucha duro y trabaja con gran esfuerzo por compensar el quedarse con abrirse camino en este ámbito científio con uñas y dientes pese a la lacra de la no-movilidad, tampoco creo que sea para castigarle por ello.

    Pero qué sabré yo. En fin, felicitaciones por tu cumpleaño, me ha emocionado el texto hasta el punto de notar lagrimillas de emoción en el punto que describes esa bucólica salida del curro para a continuación rememorar con nostalgia todo lo dejado atrás. Además de un naturalista asombroso y un gran científico, eres un estupendo narrador. Emocionas. Y paro ya, que Alfie se va a poner celoso.

    Un abrazo amigo invertebrado.

    P.D.: cuando he leído en tuiter el titular cortado, te juro que he pensado que ibas a hablar de tu tesis XDDD

  3. mortiziia 17 octubre 2013 / 9:15

    Una preciosa entrada y me alegro mucho de que el balance de este año sea positivo. Aunque no puedo estar de acuerdo con que emigrar sea siempre traumático o que nadie emigre jamás por gusto. Aquí me tienes como ejemplo, para mí lo traumático sería volver (lo es incluso de vacaciones), y para mi señor esposo, con más de 11 años fuera y sin apenas relación alguna con España, ni te cuento. Esto no significa que no entienda el sentimiento generalizado, y desde luego lo reivindico para vosotros como algo muy importante y que se toma a la ligera, se frivoliza con ello desde España. No es el sol y las tapas, cuando uno se va por fuerza y no por gusto (y somos muy pocos los que nos vamos 100% por gusto) corta con una vida a la que ha llegado tras años de construcción: relaciones, referencias, lazos, todas esas cosas que, a diferencia del jamón, no se pueden meter en una maleta. Lo has expresado perfectamente. Lo siento mucho por todas esas personas a las que se les parte el corazón cada vez que tienen que volver al avión después de unos días de vacaciones dejando atrás a su familia, sus rutinas queridas, la vida con la que cortaron y con la que una o dos veces al año siguen manteniendo una aventura. Debe ser horrible, y por desgracia esto es lo que pasa para la mayoría.

    Feliz primer cumpleaños en CT, y además coincide con mi propio cumpleaños, fácil va a ser llevarte la cuenta :^)

  4. Lourdes 17 octubre 2013 / 9:52

    Como dice el amigo invertebrado del comentario anterior, la lucidez del post da escalofríos.
    Son comentarios muy humanos y lógicos y explica exactamente lo que sintió mi hijo cuando se marchó de España.
    Soy madre de un emigrante, también en la mejor de las situaciones posibles, lo más triste fue pensar me tenía que separar de el para que tuviera un futuro porque en España no tenía oportunidades y con 17 años se fue a estudiar fuera.
    Estoy al otro lado de la barrera, del que se queda,ha sido la decisión correcta la que se ha tomado, pero de triunfalismos nada, hay un coste personal muy elevado detrás.
    Dicho esto, mi hijo es feliz y yo encantada de que lo sea.
    ¡Gracias por poner palabras a esta situación!
    Un abrazo
    Lourdes

  5. jmongil 17 octubre 2013 / 11:49

    Indudable que hiciste bien emigrando, especialmente con las condiciones que te ofrecieron.

    Aquí seguimos echándote de menos en la partida dominical.

  6. Radagast 17 octubre 2013 / 12:23

    Esa felicidad que sientes en el trabajo, aunque sólo fuera simplemente el no sentirte alienado (como bien dices), llena gran parte del vacío dejado por el desarraigo. Aunque se te echa mucho de menos (no sabes cuánto), yo estoy muy contento de que disfrutes de tu nueva vida.

    Que sepas que Alcibíades ya tiene un nuevo lugar dentro del elenco PNJotil. Es lo más cercano a ti que podemos tener en la mesa.

  7. Multivac42 17 octubre 2013 / 15:03

    Que bien escribes, cabrito!

    Ya sabes que yo llevo poco tiempo fuera, demasiado poco como para echar raíces en mi nuevo hogar, pero me he sentido muy identificado con tus palabras. Como dice Litos, es algo que ya sentía, pero mejor expresado. Y me ha gustado que reivindiques la emigración como acto valiente, lleno de cosas buenas pero también de momentos duros. Que no es fácil, leñe!! Lo digo porque en mi entorno mucha gente trataba el tema como si fuera casi un lujo, como si nos hubiera tocado la lotería. “Jo, te vas a Canadá, qué suerte, qué envidia!” Y yo no podía evitar pensar para mis adentros “Jodo, pues vete tu tambien”. Y ojo, que yo tambien soy emigrado de lujo como tu, con contrato, con mi pareja a mi lado y conociendo ya el entorno, pero es que el hecho de irse, de dejar la comodidad de tu entorno, amigos, familia… atrás, ya es algo duro, sin necesidad de tener que pasar hambre para hacerlo más meritorio. Al final, en la investigación, como en tantas otras cosas, irse o quedarse debería ser una decisión personal, de cada uno, merecedora de respeto por “los otros”. Porque ni todos los que se quedan son unos comodones que quieren calentar su silla a la espera de que salga plaza, ni todos los que nos vamos somos unos aventureros intrépidos que queremos pasarnos unos años de vacaciones. Cada uno tiene sus razones, y punto.

    Respecto al arraigar, ya te digo que llevo poco tiempo, y hasta que no pase mi primer invierno aquí no puedo tener una visión de conjunto. Pero sí hay algo que estoy apreciando, y mucho: la tranquilidad. Que la gente no esté crispada, cabreada, con el ceño fruncido y cara de pasa (ojo, con motivo), me provoca una sensación agradable. Que las conversaciones sean sobre las truchas que se pescaron el pasado finde o sobre una nueva receta de bizcocho podrá parecer banal, pero me gusta. Y no ver la cara del puto amo cada 5 minutos en las noticias también es un punto, para qué engañarnos. Llevo poco tiempo, pero yo también empiezo a pensar que sí, que podría acostumbrarme a esto.

    El problema, como siempre, es que el hecho de que estemos bien no nos garantiza el futuro. No sé en tu caso, pero en el mio a priori parece claro que mi presencia aqui tiene fecha de caducidad. Un par de años, y luego te buscas la vida. Y en España la cosa está mal, pero en este lado del charco hacerse un hueco en el mundillo de los “dentríficos” tampoco es moco de pavo. Por eso a veces pienso que quizá, después de todo, no vale la pena arraigarse demasiado, pues dentro de unos meses nos “arrancarán” otra vez, dejando las raíces al aire. En cualquier caso, supongo que arraigar es una cosa que no se elige. Simplemente, ocurre. Como aquel día en que te diste cuenta de que estabas de puta madre. Y que dure…

  8. Moriarty 17 octubre 2013 / 17:08

    “El hombre no es el árbol, las raíces no son la tierra”, decía el alter ego de Goytisolo en Reivindicación del conde don Julián. A lo mejor exageraba un poco: digamos que tenemos una cierta capacidad para regenerarlas, y un cierto —y variable— grado de libertad para elegir en qué, además de en dónde, enraizamos. Me uno al coro de congratulations por tu satisfactoria adaptación al nuevo mundo. ¡Que siga así, o mejor todavía!

  9. Biónica Habla que escucho 18 octubre 2013 / 7:38

    La parte humana parece incompatible con el rigor científico. De esto me doy cuenta en los congresos… me desilusiona, pero como ya te conté hace tiempo, en mis planes no está volver a empezar en otro país. El tejido social es lo que nos mantiene en pie, a unos más que a otros, pero para mí es cuestión de supervivencia esencial. Claro que puedo trasladarme, pero… no sería feliz. Hablando con gente en mi misma situación (que conoces ;-)) me dijeron que habían emigrado y había sido probablemente la peor decisión que hicieron en su vida… Claro que yo estoy mezclando cuestiones sociales y de capacidad. Pero es que realmente, la parte humana es tan importante…
    Y como ya te dije en Twitter, me alegra muchísimo leerte este balance positivo. Mucho :-D. Hoy es aquí y mañana… quién sabe, mañana…

    Un abrazo.

  10. pipistrellum 18 octubre 2013 / 16:51

    Me encantan estas historias personales.

    Una de las cosas que te dejan atrapado en un pais extranjero es encontrar pareja y si ademas tienen niños más aun. Creo que muchas veces es algo que uno no prevee pero es bastante probable.
    Si es lo unico que te ata y el resto no te gusta es una faena considerable.

    Por suerte para ti no vas tener esos problemas. Ya has comentado que no te gustan mucho los niños :P

    No se si te molesta desempolve esos enlaces del pasado. Si es asi dimelo ;)
    Pero merece la pena leerlo.

    Aunque no te confies en que cambies de opinio.
    Carta de una actriz a su futuro hijo

    Sabía a ciencia cierta que no quería una familia propia. […] El 20 de febrero de 2009 hubo un cambio radical en mi vida. Tu tío Keith tuvo un accidente de moto y se rompió el cuello, y sus dos hijos pequeños quedaron a mi cargo. No tenía ni idea de qué hacer con los niños, pero me vi obligada a aprender mientras cuidaba de tus primos durante dos años, mientras tu tío Keith se recuperaba. Durante ese tiempo, algo cambió. Sentí que algo poderoso cambiaba en mi cuando uno de mis sobrinos me abrazó, confiándome su vida y dándome su amor incondicional. De repente me di cuenta: “Mierda, quiero una familia propia”.

    Normalmente no me gustan estas cosas, pero me parece un texto muy interesante merece la pena leerlo. Como tu post es muestra de como transcurre la vida y puede servir de experiencia. No para el caso tan concreto de la carta, claro… o si.

    Gracia por estos post y todos los demas.

  11. Pancho 18 octubre 2013 / 20:19

    Primero: Qué buen título tiene esta entrada.
    Último: Qué feroz esa imagen! En cuanto la miro más de 5 segundos seguidos, me estallan las retinas.
    Al medio, qué buena entrada! Y qué placer ver tu placer. Yo hace años, AÑOS! que no experimento la sensación de terminar una jornada de trabajo y desear que llegue la siguiente. Hoy por hoy, es más un sentimiento tipo: UF! Sobreviví otro día.

    Y qué bueno que estás con Alfie, eso es impagable.

    Albricias! Felicitaciones! Y felicidades!

  12. eulez 19 octubre 2013 / 17:33

    El título de la entrada es para despistar, que algunos como yo no leemos las entradas frikis-botánicas ni muertos XD

    Ay, las ideas preconcebidas acerca de lo que “hay que hacer”, lo que “debe ser”, lo “mejor” y lo “adecuado”… La mayor parte de la gente que dice que esto debe ser así o asá lo basa en su propia experiencia. A ellos les fue bien, en su situación particular, y de ahí extrapolan (equivocadamente) a todo el mundo. Dicho esto, sobre la ciencia: ¿Es necesario emigrar? No, no es necesario ¿Es necesario perder todos tus derechos laborales y renunciar a tu vida? No, no es necesario ¿Es necesario ser una especie de misionero de la Ciencia? Que no. Etc, etc. Pero mucha gente, curiosamente plantada en su sillón desde hace décadas, te dirá que es imprescindible.

    Por poner un par de ejemplos: mi co-directora de tesis decía que no se podía tener una pareja que no fuese científica. Que la vida dedicada a la ciencia no lo aguantaba nadie, salvo otro científico. Sí, de gilipollas para arriba. Otro caso: una compañera, buena investigadora y muy inteligente, se fue de postdoc a Munich. Aguantó 4 meses. Ahora da clases en un instituto de secundaria y está tan contenta. Sencillamente, para ella, el golpe fue demasiado duro. ¿Provincianismo? Pues sí, desde cierto punto de vista, sí, pero no sé que tiene de malo. El sistema expulsó a buena una investigadora solamente porque no aguantó la situación de la emigración.

    En fin, y así todo. En realidad, aun en la situación “ideal” de estar en España con un buen contrato o de Titular, dudo de si el asunto merece la pena. Merece la pena porque por ahí fuera es muy complicado encontrar una posición estable, pero por lo demás la situación en el CSIC o en las universidades españolas es lamentable en todos los aspectos. El desánimo es generalizado y surgen problemas por todas partes. En fin, que estoy seguro de que, a pesar de amigos, familias y jamones, se está más a gusto disfrutando del “sol radiante se pone sobre detrás del dosel del bosque mixto de Nueva Inglaterra”. Seguro.

  13. Srta. Rottenmeier 20 octubre 2013 / 9:42

    Muy emocionante tu entrada: gracias por compartirla. Si en tu primer cumpleaños has encontrado la felicidad en algún momento y has recuperado el entusiasmo por tu trabajo, tu decisión sin duda ha sido la correcta: ¡ahora es tan fácil verlo!

    Gracias también a Alfie por su papel en la construcción del nuevo hogar.

    ¡Cumpleaños feliz!

  14. Copépodo 20 octubre 2013 / 17:01

    Numeritos, Lourdes, Jmongil, Radagast, Moriarty, Pancho, Srta Rottenmeier: muchas gracias a todos por vuestros cmentarios y vuestro apoyo. ¡Abrazos!

    Dr. Litos: Lo dicho, que a mí me llevaban los demonios cuando escuchabas esos comentarios tan a la ligera sobre hacer la maleta e irse, y me siguen llevando ahora. Puedes considerarte afortunado por tu situación, hay mucha gente demasiado encantada de conocerse.

    Morti: sí, quería decir que la emigración no es buena por sistema, pero no que tenga que ser tampoco mala por el mimo motivo, aunque lo del “trauma” de la ruptura, sea mayor o menor, sí lo estaba generalizando demasiado: está bien que te puedas ir totalmente porque quieres. Me gusta eso de que hayas criticado el cliché del sol y las tapas, precisamente porque también me parece un reduccionismo habitual un tanto desesperante.

    Multivac: sí, jeje, yo también me acuerdo de esos comentarios de “jo qué suerte que te vas”. Parece que también estás a gusto por allí, a ver si hacemos realidad lo de una quedada en algún lugar del noreste. Comparto esa sensación de calma y de huir del ambiente de depresión nacional (no lo suficiente como para dejar de seguir las noticias, pero sí para estar algo más relajado). Y sí, estos arraigos durarán poco, esa es la otra cara de la moneda: soy consciente de que cuando me vaya, echaré de menos esto, ¡qué cosas!

    Biónica: Quiero pensar que cada vez hay menos tontería con lo de tener que irse sí o sí, lo que pasa es que la coyuntura española es la que es, y no favorece mucho las opciones de evitar el nomadismo. Mucha suerte en cualquier caso, y gracias.

    Pipistrellum: todos cambiamos, y aunque me ha gustado que te acordaras de ese post, creo que ahora me llevo mucho mejor con los críos, especialmente desde que mis amigos han empezado a tenerlos. Aún así, no me veo, no…

    Eulez: ¡Qué dices! ¡El título es una fiel descripción de lo que viene a continuación, juas! Me ha gustado tu primer párrafo: en efecto, hay gente a la que le encanta decirte lo que debes hacer, y no precisamente con el ejemplo (desde la comodidad de una cátedra es sencillísimo hacer planes con tu futuro), podría contar anécdotas acojonantes en ese sentido, pero mejor lo dejo para otro día. Lo de las parejas no-científicas lo he oído mil veces, y no podría estar más en desacuerdo con el mito. He visto cosas que no creeríais (bueno, seguro que sí): directores que opinan sobre las parejas de sus doctorandos, sobre sus embarazos y sobre muchas otras cosas.

  15. James Heiden 21 octubre 2013 / 3:32

    Estimado señor Copépodo:

    Amén a casi todo lo que has dicho. yo también soy un exiliado económico, no es que me muriese de hambre en las Españas, pero sí veía que recién acabado la universidad de lo que me iba a morir era de asco. Curiosamente cuando empecé a leer tu blog años ha ya estabas en EEUU haciendo una investigación si no recuerdo mal. Poco después me fui a Polonia de Erasmus y me decidí a hacer un blog en parte inspirado por ti (que lleva como tres años parados, me aburrí de escribir de Polonia…).

    Por mi parte yo llevo casi dos añitos en EEUU. Trabajo para una universidad en Kansas, ¡y no me puedo quejar! sobre todo porque mi salto no fue al vacío, mi novia es de aquí y esas cosas ayudan claro :) yo soy gallego y mis padres no emigraron pero sí toda su generación anterior o la progenitora. A mi padre lo criaron sus abuelos porque sus padres estaban haciendo las Américas en Venezuela, pero después volvieron. Algunos primos de mi padre en brasil y Argentina, estos últimos se volvieron por el corralito. Los dos hermanos de mi madre se fueron a México, uno triunfó y volvió a España y el otro tuvo una mala vida y allí permanece…mis padres tienen mucho miedo de que me quede aquí para siempre o que acabe mal mi expedición. pero bueno padres, padres son, mi madre aún insiste que lo que tengo que hacer es: ¡volverme a Galicia y a opositar! cosas veredes…

    ¡Un saludo y ánimo!

  16. Copépodo 22 octubre 2013 / 0:34

    Estimado señor Heiden: ¡no hace falta que te presentes a estas alturas! Claro que me acuerdo de tu blog (tristemente en dique seco y sin heredero que yo conozca), y recuerdo comentarios recientes tuyos, incluyendo el de bienvenida a los EEUU (ya me hablaste entonces de que estabas en Manhattan, Kansas). Algunos somos nuevos en esto de emigrar, pero otros lo lleváis haciendo mucho más tiempo. A ver si te animas y escribes algo (avisa)

  17. Rufo 24 octubre 2013 / 12:53

    Pedazo de post, nene. A ver, por mencionar un par de cosas en las que creo que solo se han tocado de pasada. Una, que tu y Alfie compartís origen. No solo el no es americano ni sois de países distintos sino que compartís ciudad y amistades, amistades que (imagino) siguen donde las dejasteis. Segundo: sobre el desarraigo y la movilidad que mentabas en anteriores post, dejas una pregunta en el aire: Sobre esas incipientes amistades, están bien asentadas alli? quiero decir, no pasean, no vuelan a otro lugar del inmenso territorio estadounidense? Tercero, el mismo idioma. Tengo un nivel B2, justo para apañarse, pero a la hora de tramar amistades mas bien profundas, saber expresar ideas complejas, hablar sobre política, religión o filosofía, uno anda tirando a bastante limitado. No se como andará tu caso, pero no me imagino tramando amistades internacionales profundas mas alla que las de fiesteo/colegueo, como tampoco lo hice en el erasmus. En fin, es lo que pienso ahora, quien sabe en unos meses. Y cuarto: pues claro que se esta bien. Nueva Inglaterra tiene que ser preciosa, aquí en UK andamos también con los arboles cambiando de color y algunas mañanas quedo realmente prendado de los colores que presenta la campiña, sabemos que este verdor es algo que no se presenta mas que apenas en el norte de España, y muy alejado de lo que hay en Andalucia. Y a pesar de todo, lo hecho de menos, ese sol, ese cagarme en los muertos del calor en las noches de verano. Mi caso ya lo sabes, es imposible saber donde estaré en dos semanas, las pocas amistades que he tramado han sido de otros españoles, y en general me siento bastante solo. En fin, me gustaría desarrollarme mas pero se me acaba el descanso ;)
    Me alegro de que te veas bien chaval, abrazos!

  18. Guillermo García-Saúco S. 27 octubre 2013 / 20:11

    Querido Copépodo, tú y yo nos parecemos mucho. De repente he sentido una conexión inmediata al leer esta entrada, de cuya publicación no me había enterado aún (cosa rara). Leerte ha sido como repasar uno a uno todos los sentimientos y pensamientos que he estado teniendo desde hace un tiempo.

    Yo también me he ido por razones parecidas, no por trabajo sino directamente por estudios. Supongo que nuestro país no me ofrecía ya ni un futuro digno en lo que a estudiar se refiere, no me sentía cómodo ni en el lugar ni con la forma en que los estudios de los que me he cambiado estaban dispuestos y al final exploté e hice algo que mis padres llevaban tiempo diciéndome. Creo que todo ha sido para mejor.

    Soy más joven que tú (no sé cuánto, supongo que poco, aunque nunca se sabe jaja) y nunca en mi vida he estado tanto tiempo fuera de mi hábitat como el que me espera. Meses y meses en una ciudad, país, latitud, clima, ecosistema, etc. diferentes. Llevo en Vieja Inglaterra unas tres semanas, dentro de nada habré estado aquí un mes, y todavía me quedan dos hasta Navidad, y luego tendré que volver (probablemente durante seis meses directamente). Aun así, creo que de momento me estoy adaptando bastante bien y el hecho de estar en un lugar totalmente nuevo para mí (sólo había estado en el S de Inglaterra antes) me entretiene porque me permite saciar mi extrema curiosidad innata. A pesar de todo, todavía queda algo fuertemente mediterráneo en mí.

    Leerte me da muchas fuerzas y te juro que cuando me sienta un poco “plof”, vendré aquí a leer tus posts. Porque, al fin y al cabo, lo nuestro es convergencia evolutiva ;).

    ¡Un saludo, maestro!

    PS: has conseguido que acabe firmando en tu blog. Me las pagarás… Por cierrrrrrto, menudo título has elegido para el post. Me he cagao al leerlo jaja.

  19. Maria 30 octubre 2013 / 0:21

    Hola!!!

    Llegué aquí porque un amigo me pasó el link con tu entrada sobre “el síndrome del impostor”. Me pareció muy bueno (y me sentí muy identificada), entonces decidí darle una oportunidad a tu blog….

    Sin duda, una decisión acertada: segunda entrada que leo, y vuelves acertar de lleno! Es increíble como me parece tan interesante lo que dices cuando en realidad es algo que vivo en primera persona, tanto como doctoranda como emigrada. Supongo que lo fascinante está en eso, saber que nuestros dilemas “personales” al final son mas comunes de lo que pensamos…

    Seguiré indagando por tu blog en busca de nuevas reflexiones inquietantes :D

    Maria

    PS. Deberia decir que no todo fue tan bonito. Dudé dos veces si seguir leyendote… El título de la entrada me daba bastane yuyu jajaja

  20. Copépodo 9 noviembre 2013 / 15:50

    Perdón por el retraso en contestar

    Rufo: no sé si lo he dicho por aquí, pero obviamente, las amistades incipientes que hagas por aquí comparadas con amistades de décadas de duración en España, no son comparables, lo que no quita que sean prometedoras. Como todo, es cuestión de tiempo, y en según qué sitios costará más o menos. En unos meses me cuentas, pero creo que esa sensación que tienes desaparecerá. También me gustó empezar a hacer amistades locales (siempre es mucho más fácil con otros extranjeros, curiosamente).

    Guillermo: Me alegro de que te haya gustado. Yo sólo puedo hablar por mí, pero me da la sensación de que llevas poco tiempo, seguro que antes de lo que esperas tienes una “tarde de revelación”.

    María: Gracias por pasarte, un saludo

  21. Canarina canariensis 4 diciembre 2013 / 23:15

    Hola Cope!

    Me topé con una entrada tuya por casualidad y el encuentro no ha podido ser más grato, me siento muy identificada en el par de artículos que he leído…sí, también soy científica o proyecto de…espero presentar la tesis en unos meses y como sospecho que te habrá ocurrido, muchas dudas se agolpan en mi cabeza (calidad del trabajo realizado durante este tiempo, capacidad para defender el fruto de estos años con la rigurosidad que debería (“el síndrome del impostor”, es el culpable de que esté por aquí!), el futuro incierto que se avecina, dar prioridad a la vida personal o a la casi nula, por no decir nula, conciliación familiar/amistosa y finalmente el continuar en el mundillo o abandonar). En este estado de barullo emocional, tranquiliza observar que son dudas generales del gremio o, al menos, compartidas; alienta leer tus pensamientos, sentimientos y experiencias vividas (es como ver por una pequeña ventanita situaciones al azar de lo ya vivido o lo que podría venir), perfectamente redactadas e impregnadas con una frescura y sensatez inusual, inspirándome la cercanía de estar leyendo a mi “Pepito grillo” personal en busca del consejo del día.

    Así que gracias, das en el clavo!!

    Felicidades por el blog, por tu primer año en tierras lejanas y por conseguir que, por primera vez, escriba un comentario en la red!!

  22. Copépodo 12 diciembre 2013 / 6:16

    Sólo por el hecho de que te hayas animado a comentar soy yo el que te está agradecido, mucho ánimo con tu camino investigador

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s