Indiana Jones y la palmera de Teofrasto (idea original para el argumento)

Resumen de contenido: batallitas botánicas, la antigua ciudad de Cnido, la estatua de Afrodita, la historia de su legendaria belleza y cómo se manchó de semen, su desaparición, propuesta de argumento para Indiana Jones IV y reflexiones sobre la belleza humana.

Durante el pasado mes de julio, como algún lector fiel recordará, me encontraba recorriendo el sur de Turquía recolectando material botánico con unos amigos y compañeros de trabajo. En cierto momento del viaje, alcanzamos lo que podría considerarse la punta suroccidental de Anatolia (la península de Datça). Aunque en esta larga extensión de tierra que serpentea por el mar Egeo no era muy probable que aparecieran el grupo de plantas a las que estábamos dando caza, se decidió que nos internaríamos en ella para hacer turismo botánico y encontrar una pequeña joya de la flora mediterránea: la palmera de Teofrasto (Phoenix theophrastii). Como todos sabéis, las palmeras son más bien típicas de las regiones cálidas del globo, más cercanas a los trópicos, y de ahí la curiosidad de que exista una palmera genuinamente mediterránea. Los que saben de esto nos dicen que en las otras regiones de clima mediterráneo que hay en el mundo siempre queda alguna presencia relictual de palmera, testimonio del periodo Terciario, cuando el clima de estas regiones era más cálido y húmedo.

Si os fijáis, la mayoría de las palmeras que son autóctonas de nuestro entorno más próximo son africanas (la datileraPhoenix dactylifera– y la palmera canariaP. canariensis-) por lo que, si excluimos al palmito (Chamaerops humilis) al que apenas podríamos considerar palmera merecedora de tal nombre, el Mediterráneo se queda casi sin presencia de palmera propia. Pero ahí está la palmera de Teofrasto. Como su propio nombre indica esta palmera fue citada por primera vez por el célebre filósofo y botánico griego al que se le dedicó el nombre científico oficial más tarde, y sólo era conocida en una región de todo el mundo: la punta nororiental de Creta (donde tuve oportunidad de verla en el verano del 2005). Pues bien, en 1985 se encontró además en las abruptas costas de la península de Datça y por este motivo nos pusimos en marcha en busca de las palmeras perdidas…

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Ubicación de los núcleos de palmera de Teofrasto en el Egeo suroriental y detalle de la península de Datça (vía GoogleMaps y GoogleEarth). Foto del palmeral de Creta del que habla Teofrasto (tomada en agosto de 2005). Hacer click para agrandar.

Por desgracia nunca llegamos a encontrar ninguna de ellas, cosa que tampoco es de extrañar porque la península es bastante grande y poco accesible (y he de recordar que no estábamos allí de vacaciones), pero ya que estábamos, alcanzamos la mismísima punta de Datça, donde se encuentran las ruinas de la antigua ciudad de Cnido (Κνίδος). Si alguna vez os halláis por esta zona no dudéis en recorrer la pista que va desde el pueblo de Datça a Yaziköy y seguid un poco más hasta las ruinas en cuestión. Se trata de un paisaje evocador por lo solitario y remoto, que carece de pueblos grandes y que está recorrido por una sierra cubierta de pinares y garriga. Las calas solitarias y cuevas están bañadas por un mar azul turquesa que invita al descanso y al placer que sólo sugieren los lugares medianamente remotos.

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Cosas que ver en Cnido (fotos mías -1,2- y de la Wikipedia -3,4-)

Sin embargo, lo que hizo mundialmente famosa a esta remota ciudad fue una estatua de la diosa Afrodita esculpida por Praxíteles en el siglo IV a.C. que, mira tú qué cosas, es conocida como La Venus de Cnido, y que no debe confundirse con la Venus de Milo. Fueron los habitantes de la próxima isla egea de Kos los que solicitaron al genial escultor (que ya era conocido por sus habilidades sacando del frío mármol cuerpos esculturales de efebos desnudos en actitudes descuidadas) una imagen de la diosa Afrodita para, err… “decorar” el templo de turno. Praxíteles lo hizo por duplicado: dos esculturas en mármol de Afrodita dispuesta a tomar su baño ceremonial: una de ellas vestida y otra totalmente desnuda, para que los isleños de Kos decidieran cuál les gustaba más.

knidos-coin-aphrodite.jpgPuede que a muchos de nosotros, urbanitas del siglo XXI, que nos imaginamos a los griegos clásicos como gentecilla desenfadada que va de orgía en orgía, nos sorprenda la ridícula mojigatería de los kosiotas (kosianos, koseños…) que rechazaron la imagen desnuda y se quedaron on la otra, pero eso es lo que pasó al parecer. Así fue como los cnidios consiguieron, de rebote, la magnífica y sensual imagen que haría perdurar el nombre de su ciudad para siempre. Construyeron un templo circular abierto en el que poner la estatua a la vista de todos, para que se la pudiera admirar bien desde todos los ángulos, y cuenta la leyenda que el rey Nicomedio de Bitinia (al que los cnidios le debían mucho dinero) ofreció condonarles la deuda a cambio de la imagen, propuesta a la que los cnidios respondieron con un corte de mangas, y es que se diga en griego o en coreano, tiran más dos tetas que dos trirremes.

venusdecnido.jpgLa estatua en cuestión representaba a la diosa en el momento de desnudarse, tapándose (o quizá señalando) sus vergüenzas, fuente del erotismo y la fertilidad que Afrodita/Venus abanderaba por aquellos tiempos. Los astutos habitantes de Cnido iniciaron una intensa campaña de publicidad (por ejemplo, acuñando monedas con su imagen, como la del párrafo de arriba) y convirtieron su remota y desconocida ciudad en un punto de peregrinaje erótico, suponemos que para la envidia de los koseños, que no lo vieron venir y se quedaron verdes cual hoja de perejil con su pudorosa estatua vestida. Se dice que la mismísima diosa se dignó a visitar Cnido cuando le llegaron los rumores y que tras examinar la estatua se enfureció y se puso a preguntar que cuándo narices Praxíteles la había visto desnuda. La anécdota más divertida es la de un joven (llamémosle Precocio) que, cegado por la belleza de la diosa, se coló en el templo por la noche, se desnudó y tuvo una suerte de “relación íntima” con el mármol sensual y perfecto. Viendo la posición del cuerpo de la estatua en la copia romana de la derecha que cada uno se imagine lo que quiera que aquel intrépido sátiro realizó con la imagen de la diosa del amor, pero la cosa es que la dosis de semen que le dejó en aquella región de la anatomía conocida como (¡oh, coincidencias del destino!) “monte de Venus” manchó el mármol de forma indeleble. Aunque desearía, y no sabéis cuánto, poder dar una mínima verosimilitud a este chascarrillo mucho me temo que la ligera alcalinidad del esperma humano (ncluyendo el de Precocio) es incapaz de manchar el mármol como sí que lo hubiese hecho, qué sé yo, un poco de vinagre.

venus.jpgComo es natural, a una estatua tan legendaria le salieron muchas copias, especialmente del periodo romano. Se conservan reproducciones completas en varios museos franceses e italianos (ver aquí) así como un amplio surtido de cabezas en muchas otras galerías (verbigracia: el Museo del Prado), pero la estatua original, la que estuvo en los sueños masturbatorios de multitud de peregrinos, esa se ha perdido. Se piensa que la copia más fiel es la que se conserva en los museos vaticanos (izquierda), conocida como la Venus de Colonna, aunque sale tapándose sus cosillas. La última persona conocida que la conservó en propiedad fue el emperador bizantino Justiniano I que la tendría muy bien colocadita en su salón del palacio de Constantinopla, digo yo. En el año 532 d.C. estalló una rebelión popular en la ciudad con motivo de un descontento social muy grande: durante unas carreras de caballos en el hipódromo próximo al palacio (hoy un bulevar en el centro de Estambul) a la multitud le dio el punto y saquearon el palacio de Justiniano. La revuelta duró una semana y provocó 30.000 muertos. Nunca más se supo de la Venus de Cnido. En 1969 un arqueólogo pensó que había dado con los restos (hoy en el British Museum) pero todo acabó en una falsa alarma. Y retornando finalmente al título de esta extensa entrada ¿no sería estupendo que Harrison Ford tratara de hallar a la auténtica escultura de Afrodita? quizá le podrían perseguir los nazis por las calles de Estambul (las películas de Indiana Jones nunca se han caracterizado por ser muy respetuosas con la verosimilitud histórica) y, sin lugar a dudas, la única garantía de haber dado con la escultura original de Praxíteles es comprobar la huella perpetua que nuestro audaz Precocio rubricó con gran deleite suyo y, por qué no, de la marmórea diosa del amor, 2.500 años antes en el genuino Monte de Venus. (Estoy pensando suspender la licencia Creative Commons para esta entrada en particular, que nunca se sabe).

Dejando ya un poco las coñas, examinemos con ojo crítico la copia más fidedigna de la que fue la materialización de la belleza femenina en sus tiempos. Prestad mucha atención al tamaño de pechos y caderas y no olvidéis que Praxíteles y su cincel no dejaban ningún detalle al azar. ¿Hay algo que no os cuadra? Ejercicio de agudeza visual: en menos de 15″ decidme para qué género el concepto de “belleza griega” ha cambiado más en los últimos siglos.

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Y ya paro, de verdad, pero si has llegado aquí, estírate y comenta.

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8 thoughts on “Indiana Jones y la palmera de Teofrasto (idea original para el argumento)

  1. Gabi 15 enero 2007 / 13:01

    Sí, llegué hasta aquí… me recuerda tu estilo literario un poco al de Sánchez Dragó: empiezas por un lado pero nunca sabes dónde vas a ir a parar, jajaja. De la palmera de Teofrasto al canon de belleza griega pasando por Indiana Jones o las secreciones de Precocio.
    Muy instructivo el post!

  2. edryas 15 enero 2007 / 14:51

    Bueno, está claro que la curva praxitélica continúa siglo tras siglo.
    El estilo “empiezo y acabo de formas diferentes/me quedo con vosotros” es también muy usado en los Simpsons, ¿verdad?

  3. Rafa 15 enero 2007 / 22:11

    Bueno, lo de hablar de tantos temas no era por mosquear (aunque sí que me recuerda a lo de los Simpsons), pero es que ese lugar me sugería muchas cosas distintas, y decirlo por separado no tenía mucha gracia. Gabi, no sé cómo tomarme lo de Dragó :-S

  4. Alfie 15 enero 2007 / 23:06

    Bueno, ya sabes que como buen cinéfilo y jarto conocedor de la industria yanky, creo que te rechazaría el guión todos los directivos de la Paramount en bloque, no por la calidad, ya sabes, pero te recomendaría que le enviaras una propuesta del argumento a Todd Solondz, el director de “Hapiness” para más señas, no te digo lo que haría, recuerden todos la famosa escena del padre pederasta siendo interrogado por su hijo por la mecánica del onanismo.
    En cuanto a tu encuesta encubierta, creo que es evidente, a las pruebas que dejas me remito.

  5. ricardo 16 enero 2007 / 10:43

    ¿Lo de “precocio” es lo que ha dado lugar a la palabra “precoz”? ¿Es la P. teoprhastii sensible al ataque del pérfido Rhynchophorus ferrugineus que tanto daño ha hecho en el sureste de la península y en alguna de las Islas Canarias? ¿Cómo se puede pasar de una especie de Phoenix a las guarrindongadas de un tipo con nombre eyaculatorio? Por cierto, su estilo es mejor que el del pesado de Sánchez Dragó, diría que se acerca más a un crack del estilo de Eduardo Mendoza (esto es un gran piropo)

  6. Gianna 17 enero 2007 / 15:02

    Lo del prototipo de belleza femenina lo comentamos mi novio y yo cuando vimos “La Venus de Milo” en el Louvre. De hecho él me decía que a la mayoría de los chicos les gusta el canon de belleza clásico, pero según el canon que se estila en las pasarelas, las Venus estarían un poco planas y algo gorditas de tripa. Canon que, por cosas como lo que comentas, o el hecho de que la mujer más deseada del siglo XX siga siendo Marilyn Monroe, es falso.

    Eso sí, es lo que sigue saliendo en la tele.

  7. Rafa 20 enero 2007 / 12:57

    Ricardo: Precocio es un nombre hipotético, ofcors, y no sé si el bichejo ese ha llegado ya al este del Mediterráneo, de ser así sería un problema para la palmera de Teofrasto, que está bastante amenazada. El piropo es excesivo, pero se agradece.

    Gianna: Eres la que más se aproxima a lo que pretendía decir sobre la evolución de la belleza, pero me ha gustado que distintas personas, bien vía cibernética, bien vía tradicional, me han dado diversas conclusiones curiosas.

  8. Marple 20 mayo 2007 / 13:57

    No sé, a mí es que me pones el anuncio ese de Paco Rabanne y qué quieres que te diga…que ya ni saco conclusiones ni nada, se me nubla el discernimiento. Me ha gustado muchísimo la entrada. Algunas cosas que cuentas ya las sabía, pero otras no (lo de la masturbación de Precocio, por ejemplo), y me han parecido de lo más curiosas. Respecto al guión, a mí me parece que tiene futuro. ¡Por Dios, si han hecho una película del Código da Vinci! Métele una historia chorra de amor por medio, algún personaje atormentado y una persecución en coche con gran explosión incluída, y si puedes destruye a lo bestia algún monumento histórico. ¡Éxito asegurado!

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