La inaudita y desgraciada historia del Dromedario de San Baudelio de Berlanga y su viaje transatlántico

Dedicado a A.S.C.

Si uno se pasa por las profundidades de Soria enfilando la SO-152 se encontrará, al noroeste de Caltojar, cerca de Casillas de Berlanga, con una construcción pequeña y bastante inconspicua que, sin embargo, tiene mucho que contar desde estos páramos.

Se trata, naturalmente, de una ermita. Esto no tiene por qué tener nada de raro cuando se recorre Castilla, pero si en vez de pasar de largo nos fijamos un poco más veremos que el acceso es a través de un arco de herradura con cierto aire andalusí. De pensar así no andaríamos muy desencaminados. Estamos ante la ermita de San Baudelio de Berlanga, una de las joyas del prerrománico español. Los especialistas no acaban de ponerse de acuerdo sobre su fecha de construcción, pero gracias a algunos documentos sabemos con seguridad que fue anterior al año 1136, y algunos entendidos la llegan a situar a comienzos del siglo XI, o incluso antes. Se trata de una construcción única y de gran originalidad en muchos aspectos que suelen explicarse por su naturaleza mozárabe. En aquellos tiempos, conviene recordar, estos páramos inhóspitos se los disputaban los reinos cristianos y el Califato de Córdoba. Durante la Reconquista, en ciertos territorios fronterizos castellanos floreció un arte mestizo fruto de los habitantes de Al-Ándalus que fueron “asimilados” por el avance de los feudos cristianos a los que artísticamente tenían mucho que aportar. Esta ermita en cuestión es un excelente ejemplo.

Aunque de aspecto sencillo desde el exterior y en su concepción general (consta de una única nave y un ábside, ambos rectangulares), el interior sorprende al visitante como si le hubiesen transportado mucho más allá de las sierras sorianas:

El bosque de columnas y arcos en miniatura hace evidente la similitud con una mezquita, y en el centro de la estancia…

Una gran columna con forma de palmera puede hacer pensar por un instante en algún oasis lejano de otro continente.

Se piensa que los ermitaños de la época se cobijaban aquí del frío y se dedicaban a esas cosas que suelen hacer los ermitaños: rezar y quizá custodiar alguna reliquia. El patrón del recinto (El Baudi) era un santo de Nimes cuyo culto estaba muy extendido por la época y como nota adicional sabed que sus restos se conservan en gran parte en porciones, cual queso de untar, en la ciudad de Toledo). Quizá algún trozo del cadáver de San Baudelio pasara alguna temporada en las estancias “secretas” de esta ermita.

Sin quitar mérito a la original arquitectura del templo, lo más destacable son, sin duda, sus pinturas al temple. Temas clásicos de la mitología cristiana (milagros de Jesús, la Última Cena, etc) se unen a un gran bestiario de presas de caza y seres exóticos que cubrían las paredes de la estancia creando un espacio único que se ha llegado a llamar “la Capilla Sixtina del románico español”. Una mezcla de lo profano y lo sagrado con grandes dosis de talento artístico del Medievo para crear un verdadero oasis en páramo soriano. Así, aunque hoy en día su aspecto es este:

En sus mejores tiempos debía parecer algo así:

¿Qué ocurrió con estas pinturas? Puede pensarse que el paso de los siglos no trataron bien los muros de San Baudelio y que el abandono de los tiempos es el responsable (La ermita, al parecer, cayó en desuso sirviendo principalmente para guardar ovejas), pero no es el caso. Las pinturas se conservan en excelente estado pero a muchos kilómetros de distancia y fragmentadas, cual friso panatenaico medieval cañí.

Tan sólo cinco años después de que fuesen declaradas Monumento Nacional en 1917, un italiano llamado León Levi se pasó por Casillas de Berlanga y compró 23 de las pinturas únicas y de valor incalculable a los “legítimos dueños” de la ermita por 65.000 pesetas de las de entonces a cuenta del marchante estadounidense Gabriel Dereppe. Las protestas por el expolio del patrimonio artístico inmovilizaron las pinturas varios años, pero hete aquí que en 1925 el Tribunal Supremo español dictó una esperpéntica sentencia y ordenó que las pinturas se fuesen con el viento fresco. Podemos imaginarnos la cara que se le quedó al personal.

Desde entonces los animalitos de San Baudelio están repartidos por distintos museos estadounidenses: el de Cincinnati, el de Arte de Indianapolis, el de Bellas Artes de Boston y el Metropolitan en Nueva York. El gobierno español consiguió recuperar una pequeña parte de las pinturas en 1957 canjeándolas por el ábside románico de la iglesia de San Martín de Fuentidueña (A esto, niños, se le llama “hacer un pan con unas hostias”), así que los visitantes de El Prado que se pierdan en sus sótanos habrán comprobado que hay allí unas pinturas muy anteriores a la media del recinto. Se espera que las pinturas de Madrid se devuelvan a su ermita soriana algún día.

¿Y yo por qué cuento esto? Porque una de las pinturas de San Baudelio tiene un significado muy especial para mí.

(tomado de aquí)

Por su inconfundible silueta aún es posible vislumbrar en la ermita a un magnífico dromedario pese a que la pintura original fue retirada.

Este perfil transmite una emoción especial. Se trata casi de una caricatura, dado lo exagerado de los rasgos, pero sigue siendo indiscutiblemente una forma evocadora y bella. Uno no puede dejar de pensar en qué pintaba un dromedario en una ermita de Soria. ¿El pintor vio alguno en cierta ocasión? ¿Lo retrató por indicaciones de algún viajero? ¿Qué sentirían los cristianos del norte al verlo? ¿Cuántos sorianos a lo largo de los siglos han admirado esta imagen como si de un ser mitológico o fantástico se tratara? ¿Para cuántos de ellos esa fue la única imagen de un dromedario que tuvieron en toda su vida? Las pinturas de este lugar, paganas o religiosas, contribuían sin ninguna duda a crear un espacio místico, reflexivo, pero a la vez fantástico y exótico, un recinto único en el mundo, que se echó a perder para siempre por 65.000 pesetas.

En un momento dado ese icono con tanta personalidad fue asumido por un grupo de amigos viajeros entre los que me encuentro como emblema y como símbolo. Bajo el signo del camélido de San Baudelio, la orden dromedaria ha visitado países como Marruecos, Italia, Grecia, Vietnam, Turquía, Portugal, Cuba, Siria, Jordania o Estados Unidos, amén de innumerables comarcas españolas. Nuestro dromedario figura en camisetas conmemorativas, ex-libris de caucho y aparece como sello oficial en los certificados de participación de los Copépodos de Oro.

Sin embargo, nunca ningún miembro de la orden dromedaria había visto en persona la pintura original de nuestro tótem… hasta el domingo pasado.

El “Metropolitan Museum” de Nueva York tiene una subsede en la esquina noroeste de Manhattan conocida como “The Cloisters” (Los Claustros). Es un sitio relativamente remoto del cual el taxista medio nunca ha oído hablar. Se trata de un pastiche neorrománico edificado por adinerados estadounidenses que ha sido rellenado con joyas de arte medieval de España, Francia, Italia y Alemania pirateadas a lo largo de los años con mayor o menor estilo. Lo mismo te plantan un fuste toscano con un capitel andalusí que te reconstruyen una nave románica con todo tipo de decoraciones europeas. Aquí es donde se halla el ábside de Fuentidueña, canjeado por las pinturas del Prado, y aquí es donde se encuentra nuestro querido Dromedario.

Dromedario de San Baudelio de Berlanga

 

Junto a él, una breve letrero reza así:

A Camel

Fresco transfered to canvas

Spain. Castile León, Soria. ca. 1120-1140

From the church of San Baudelio de Berlanga

The Cloisters Collection, 1961 (61.219)

Qué escueto epitafio para tamaña infamia.

Nuestra peregrinación tuvo un sabor agridulce. Por una parte fue muy emocionante encontrarnos con el verdadero Dromedario de San Baudelio y admirarlo en persona. Por otra es impresionante la cantidad de cosas que esta gente se ha llevado de Europa. Por un momento te puedes imaginar qué siente un egipcio o un griego visitando el British Museum.

En todo caso fue un día memorable para nosotros y se lo brindamos a nuestro principal compañero de fatigas por los desiertos sirios y los arrecifes del Caribe. Ojalá tú peregrines también pronto a los Cloisters de Nueva York, o mejor aún, ojalá tú, como cualquiera de nosotros tenga algún día la oportunidad de admirarlo en una perdida ermita de Soria.

 

Enlaces de interés:

Ermita de San Baudelio en la Wikipedia

Artículo en jdiezarnal.com

Artículo en Enseñ-arte

Artículo en “turismo prerrománico”

 


 

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24 thoughts on “La inaudita y desgraciada historia del Dromedario de San Baudelio de Berlanga y su viaje transatlántico

  1. maquhatulieltl 17 octubre 2008 / 8:14

    Segun he visto al dromedario, me ha recordado a una pintada un par de siglos posterior que vi en una ermita en un pueblecino encaramado en lo alto de una montaña en Leon; en la que salia un elefante deformado, con las patas muy altas y esbeltas, una cola muy larga y una trompa muy estrecha. Por lo que nos dijo la guia, el monje que lo pinto no lo habia visto, si no que conocia la forma de oidas, por gente procedente de Africa o que habian estado alli, asi que este dromedario puede ser algo asi.

  2. eulez 17 octubre 2008 / 8:22

    Aaaaahhh… esta era la historia del camello y todo eso… creo que me lo contasteis pero no me había enterado, al menos no tanto como ahora. Bueno, en resumen ¡felicidades! Una cosa menos que tenéis que hacer.

  3. Alfie 17 octubre 2008 / 14:35

    Los musulmanes van a la Meca una vez en la vida, nosotros los dromedarios tenemos que peregrinar al menos una vez en la vida a los “Cloisters” para ver la viva imagen del dromedario de San Baudelio de Berlanga. Luego cuando lleguemos a Madrid, en el rellano del piso dibujaremos un mural poniendo como llegamos hasta aquí, así que tendremos que pintar un avión y un taxi.

  4. miguel 17 octubre 2008 / 15:10

    Merecido título para tan rocambolesca historia. Muy bien contada, por cierto.

  5. GON 17 octubre 2008 / 15:38

    Me ha gustado mucho la historia. Por lo que leo la vida del dromedario sugiere una mezcla de teoría del caos, efecto mariposa, historia del arte, religión, ambición, cazatesoros, corrupción… es digna de formar parte de la trama de una película o novela…ains que vida más caprichosa esta…quien le iba a decir al autor de la pintura que siglos después su obra sería prinipal estandarte de un grupo de amigos viajeros.

  6. Luis 17 octubre 2008 / 18:06

    Sin palabras,

    Luis

  7. Carlos L. 17 octubre 2008 / 23:24

    Vaya historia Rafa, como te lo curras, además de interesante, está escrita con un cariño y con un buenhacer que hace al lector creer que forma parte de la aventura y que está junto a vosotros delante del camello, deleitándose con sus curiosas formas y con la paz interior que tiene que dar su contemplación. ;)

  8. Ser 18 octubre 2008 / 23:30

    Me ha puesto la carne de gallina esta historia. Pero como esta habrá miles más, todo ese tipo de cosas deberían estar en su lugar de origen y para admirarlas uno debería desplazarse hasta allá…

    Saludos

  9. alfredo 19 octubre 2008 / 19:58

    Se me han puesto los pelos como escarpias, casi me haces llorar, Le has rendido un grandioso homenaje al dromedario, felicidades y gracias por hacerme partícipe de la historia, se me quita un poco la penilla por no haber podido estar con vosotros. LARGA VIDA A LA ORDEN DROMEDARIA

  10. lalo 19 octubre 2008 / 20:09

    como dice el titulo de tu entrada cuan inaudita y desgraciada es la historia del dromedario… la verdad no me extraña, los gringos (omo llamamos por aqui a lo habitantes de EEUU) han sido un verdadero azote para este nuestro mundo.
    nunca lo he corroborado, pero alguna vez escuche la historia de un templo precolombino (azteca o maya, no se) que fue básicamente robado de México piedra por piedra y llevado y luego re-ensamblado del otro lado de la frontera… pero bueno, después de todo eso, felicidades por haber podido observar de primera mano al dichoso camello.

  11. zombi 20 octubre 2008 / 13:05

    ¡Qué bonita reflexión, amigo Copépodo! Efectivamente, seguro que el soriano medio del siglo XII veía en ese dromedario uno de los caballos que transportaban a los terribles jinetes del Apocalipsis de San Juan. O algo aún peor.
    En cuanto a las expropiaciones artísticas, qué decir. Que muchos gobiernos como el británico o el norteamericano dejan a Erik el Belga a la altura de un hampón de los tebeos de Mortadelo y Filemón…

  12. Alfie 20 octubre 2008 / 16:19

    Dios como deseaba escuchar esa frase amigo Sancho.

  13. lalo 20 octubre 2008 / 17:24

    bueno, sin intencion de sonar a rebancha ni nada por el etilo pero España fue imperio, y tubieron buen rato pra pillar, hurtar, sauear, bandalizar ydestruir el patrimobnio artistico de otros pueblos ( y valla que lo hicieron)

  14. Z0MBI 21 octubre 2008 / 17:31

    Entonces, los anglos, amigo Lalo, son como quien roba a un ladrón, que tiene cien años de perdón… así que no les recriminemos nada.
    En lo de que España fue imperio no te falta parte de razón. Y en lo de qué los españoles robaron tampoco. Como hace todo hijo de vecino con el que tiene al lado, si puede. Así de oscuro es el corazón del ser humano…
    Respecto a la leyenda negra de España en lo que se conoció como las Indias Occidentales, si ya hablamos de bajas humanas, mucho me temo que se ha visto mucho más la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio (por seguir aún más con el refranero español, amigo Alfie, hidalgo del cine).
    Saludetes.

  15. Z0MBI 21 octubre 2008 / 17:37

    Y aún diría más respecto a las «expropiaciones de Arte». No creo que se pueda comparar ni juzgar de igual manera actos cometidos hace medio milenio (¡durante el Renacimiento, amigo!) con los llevados a cabo los últimos 150.

  16. lalo 22 octubre 2008 / 1:53

    bueno, yo no estaba justificando a los gringos, francamente como colectividad los detesto como no imaginas… solo acotaba. pues habrá sido el renacimiento… además claro, las circunstancias históricas y geográficas fueron muy distintas, con la salvedad de que en ambos casos el asunto fue considerado totalmente legal…

  17. Copépodo 22 octubre 2008 / 3:43

    Bueno, no deseo entrar en polémicas sobre el tema. La historia está llena de expolios culturales, normalmente cuando la nación que las sufre no estaba en condiciones de defenderse ni de evitarlo, y sí, claro que los españoles tuvieron ocasión de piratear a su gusto. Sin embargo este ejemplo es muy sangrante porque en 1925 España era una nación europea de pleno derecho, con plena consciencia del valor de su patrimonio y con medios para impedirlo (al contrario que, por ejemplo, los griegos o los egipcios a comienzos del siglo XIX). De hecho la ermita se declaró monumento nacional en 1917. Lo escandaloso de este expolio es que se hizo a la vista de todo el mundo, con un monumento reconocido, con participación de españoles y con el beneplácito del Tribunal Supremo.

    Increíble

  18. agu2v 23 octubre 2008 / 8:59

    Gran historia. Y estoy de acuerdo, muerte a los expoliadores. Pero más muerte todavía a quien se deja expoliar conscientemente.

  19. Calima 23 octubre 2008 / 15:00

    Me ha encantado la entrada y sobre todo la pintura del dromedario. No sabía que era vuestro icono. Está muy bien elegido, el extraño dromedario soriano y sus increibles aventuras o de como llega un dromedario que no sabe nadar de Soria a las américas.

  20. Xema 23 octubre 2008 / 20:42

    Otra de esas entradas míticas, que contaremos a nuestros nietos frente al fuego de leña dentro de algunas decadas cuando hayamos vuelto a la edad de piedra. La historia de la Orden del Dromedario San Baudelio de Berlanga.

    Muchas gracias por la historia, y muchas gracias por una carta que me ha llegado hoy de Connecticut.

  21. juan 26 junio 2011 / 3:29

    adore la historia,genial quien la escribio y para compartirla aqui tambien en latinoamerica.

  22. joseralonso 8 marzo 2014 / 7:50

    Me ha gustado mucho leerla y ver que compartimos emociones.
    Abrazo fuerte

  23. molinos 8 marzo 2014 / 19:47

    Buen post, yo conocía las pinturas y toda la iconografía porque lo estudié en la carrera…después de la entrada de Jose Ramón y la tuya definitivamente tendré que ir a ver la ermita.

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